Vaya. Yo y mis locuras. Ahora me ha dado por encontrar un indudable parecido (indudable para una mente ociosa como la mía, que no para de hacer absurdas asociaciones de ideas) entre la maravillosa y un tanto desaprovechada Kelly Reilly y la gran dobladora de obras maestras de Kubrick Verónica Forqué (perdón, la adoro, pero es que su interpretación en "El resplandor" es uno de sus hitos como cómica y me siento obligado a recordársela). Será que comparten una cierta mirada felina o esa forma de sonreír que destaca sus incisivos superiores. Será el cabello pelirrojo. Será que no me he graduado la vista desde hace un tiempo. Sea como sea, lo que sí es una locura es que Verónica casi no haya rodado ninguna película desde hace años.
viernes, 11 de julio de 2014
martes, 8 de julio de 2014
Noticia de un secuestro o Érase una vez en Medellín
Corría el año 1971, cuando el industrial Diego Echevarría Misas fue secuestrado. Persona amante de la cultura europea, resultaba quizás algo excéntrica, pues en 1943 compró un castillo en la ciudad de Medellín, la cual todavía no era injustamente conocida por su famoso cártel. La historia de ambos hechos, con algunas notables modificaciones, es el meollo de la última novela de Jorge Franco, galardonada con el Premio Alfaguara 2014.
Podría tratarse ésta de una mera transposición de sucesos, pero su autor ha decidido convertirla en algo más, añadiendo capas y significados a la narración:
Uno de ellos, el más evidente, que remite ligeramente al realismo mágico, pero de forma muy particular, nos es transmitido a modo de cuento: Don Diego y su esposa tienen una hija, Isolda, especie de princesa del castillo, alejada del mundo y de sus peligros. La niña, en su soledad, se construye un mundo propio en el bosque cercano a su residencia. Un mundo poblado por unos seres mitológicos que la defienden de cualquier amenaza y son sus únicos amigos, que se contrapone a ese otro de afuera del que la familia acabará siendo víctima. Es una hermosa manera de tratar la cuestión de la sobreprotección de los hijos.
Otra lectura, más actual, más social, incluso moral, se nos transmite mediante el choque entre esos dos ambientes contrapuestos resultante de incrustar en una ciudad variopinta, cierto, pero llena de gentes con pocos recursos un castillo a imitación del de La Rochefoucauld. No es difícil que dicha imagen nos recuerde las urbanizaciones con helipuerto que lindan con chabolas de algunas zonas de Brasil (supongo que ese fenómeno ocurre también en otros países) o las protestas contra el derroche en medio de la pobreza anteriores al último mundial de fútbol. Parece casi imposible que dicha situación no provoque enfrentamientos.
Por otro lado, encuentro que las comparaciones de algunos miembros del jurado que otorgó el premio han sido más bien exageradas: Aluden a directores como Tarantino y los hermanos Coen, con cuyo cine hallo tan solo una similitud, la torpeza de los secuestradores. Creo que más bien cabría hablar de un parecido, en la parte realista de la novela, con la forma de escribir los diálogos propia de Vargas Llosa. Del de hace algunas décadas.
Amena, ágil, ligeramente compleja en su estructura y con algunos pasajes francamente bellos, "El mundo de afuera" nos acerca de manera original una historia real con aroma colombiano y, a la vez, muy europeo. Resulta profunda, pero, a diferencia de otras obras, no lo hace mediante la introspección, sino a través de la misma acción.
P. S.: Tras el trágico final del secuestro del filántropo Diego Echevarría, el mismo año 1971, su hogar pasó a convertirse en el Museo El Castillo, que ilustra esta entrada. Casi 20 años después, Julián Echevarría Lince, sobrino nieto suyo fue secuestrado y asesinado. Para un español todo esto resulta novedoso, pero para los colombianos la familia Echevarría es parte de la historia de su país.
Podría tratarse ésta de una mera transposición de sucesos, pero su autor ha decidido convertirla en algo más, añadiendo capas y significados a la narración:
Uno de ellos, el más evidente, que remite ligeramente al realismo mágico, pero de forma muy particular, nos es transmitido a modo de cuento: Don Diego y su esposa tienen una hija, Isolda, especie de princesa del castillo, alejada del mundo y de sus peligros. La niña, en su soledad, se construye un mundo propio en el bosque cercano a su residencia. Un mundo poblado por unos seres mitológicos que la defienden de cualquier amenaza y son sus únicos amigos, que se contrapone a ese otro de afuera del que la familia acabará siendo víctima. Es una hermosa manera de tratar la cuestión de la sobreprotección de los hijos.
Otra lectura, más actual, más social, incluso moral, se nos transmite mediante el choque entre esos dos ambientes contrapuestos resultante de incrustar en una ciudad variopinta, cierto, pero llena de gentes con pocos recursos un castillo a imitación del de La Rochefoucauld. No es difícil que dicha imagen nos recuerde las urbanizaciones con helipuerto que lindan con chabolas de algunas zonas de Brasil (supongo que ese fenómeno ocurre también en otros países) o las protestas contra el derroche en medio de la pobreza anteriores al último mundial de fútbol. Parece casi imposible que dicha situación no provoque enfrentamientos.
Por otro lado, encuentro que las comparaciones de algunos miembros del jurado que otorgó el premio han sido más bien exageradas: Aluden a directores como Tarantino y los hermanos Coen, con cuyo cine hallo tan solo una similitud, la torpeza de los secuestradores. Creo que más bien cabría hablar de un parecido, en la parte realista de la novela, con la forma de escribir los diálogos propia de Vargas Llosa. Del de hace algunas décadas.
Amena, ágil, ligeramente compleja en su estructura y con algunos pasajes francamente bellos, "El mundo de afuera" nos acerca de manera original una historia real con aroma colombiano y, a la vez, muy europeo. Resulta profunda, pero, a diferencia de otras obras, no lo hace mediante la introspección, sino a través de la misma acción.
P. S.: Tras el trágico final del secuestro del filántropo Diego Echevarría, el mismo año 1971, su hogar pasó a convertirse en el Museo El Castillo, que ilustra esta entrada. Casi 20 años después, Julián Echevarría Lince, sobrino nieto suyo fue secuestrado y asesinado. Para un español todo esto resulta novedoso, pero para los colombianos la familia Echevarría es parte de la historia de su país.
sábado, 28 de junio de 2014
El pasado revisitado
No es rara ni carece de lógica la concepción de la infancia como una forma de Paraíso perdido. Pero lejos de una representación idílica de ella, la coherencia de esta idea la encontramos en que nos indica que es precisamente durante los primeros años de vida, a medida que vamos descubriendo el mundo, cuando se quiebra la inocencia. De eso nos habla John Banville, último Premio Príncipes de Asturias de las Letras, en su novela más laureada, "El mar", por la cual recibió el Booker de 2005. Y, entre otras cuestiones, de algo aún más difícil de admitir, quizás: Su protagonista, Max Morden, que en su vejez ha perdido a su esposa recientemente, nos recuerda que "una ilusión muy corriente, [...] todo el mundo la tiene" es la de poseer "la convicción, inmune a todas las consideraciones racionales, de que en algún momento futuro y sin especificar, el permanente ensayo que es" la "vida, con sus numerosas malinterpretaciones, sus deslices y pifias, terminará, y la obra propiamente dicha, para la que" nos hemos "estado preparando siempre y con tanto ahínco, comenzará por fin". Que acabemos sintiendo esa frustración vital es el peligro, supongo, que se corre cuando se nos convence desde un comienzo, aunque bienintencionadamente, de que hemos de sentirnos realizados (a través de nuestro trabajo, junto a otra persona, siendo padres,...), de que somos seres incompletos y que hemos de esforzarnos para hallar la felicidad. Cuando la felicidad, al menos para la mayoría, está al alcance de la mano y ya desde antiguo se nos explicó en qué consiste: Carpe diem. O lo que es lo mismo: No comernos la cabeza con metas lejanas, difiriendo, palabra de moda, a un tiempo futuro la consecución de los sueños y fiándolo todo a ésta; vivir el presente disfrutando de cada cosa que hacemos. Tomar la manzana del árbol sin miedo (ni "su compañero inseparable, la culpa") y degustarla sacándole hasta la última gota del jugo. Retornar a la "brutal inmediatez de la infancia".
Parte de esa forma de entender la vida puede consistir, ¿por qué no?, en leer esta novela impecable, sublime, llena de símbolos, de personajes memorables, de ideas sugerentes, que se nos transmiten con una sensibilidad poco común, en la que la memoria se convierte en refugio y único consuelo ante el abismo de un ahora desolador.
Lo sé, apenas he explicado nada de la historia que nos relata Banville, pero es que esta reseña es una mera invitación a descubrirla.
P. S.: No puedo resistirme a citar una frase atea, de esas que tanto aprecio, que el escritor irlandés nos regala: "Dado el mundo que Dios creó, sería una impiedad contra él creer en su existencia".
Otro detalle: Se ha destacado en muchos medios la espléndida traducción de Damián Alou. Pero, ¿quién revisó el texto antes de imprimirlo? ¿Por qué Anagrama nos tortura con una edición llena de erratas? Estos son unos pocos ejemplos de ellas: "La cabeza y el hombro izquierdos inclinados" (la coherencia de esta frase no llevaba brújula y se perdió), "con mucho mayor inmediatez" (esto sí es una cuestión de identidad transgenérica y no la transexualidad) o "se dio media vuelta y de dirigió al borde del agua" (cierto que hay quien pronuncia "de dirigió", pero no hay que imitarlos. Suena a burla), entre otras perlas.
Parte de esa forma de entender la vida puede consistir, ¿por qué no?, en leer esta novela impecable, sublime, llena de símbolos, de personajes memorables, de ideas sugerentes, que se nos transmiten con una sensibilidad poco común, en la que la memoria se convierte en refugio y único consuelo ante el abismo de un ahora desolador.
Lo sé, apenas he explicado nada de la historia que nos relata Banville, pero es que esta reseña es una mera invitación a descubrirla.
P. S.: No puedo resistirme a citar una frase atea, de esas que tanto aprecio, que el escritor irlandés nos regala: "Dado el mundo que Dios creó, sería una impiedad contra él creer en su existencia".
Otro detalle: Se ha destacado en muchos medios la espléndida traducción de Damián Alou. Pero, ¿quién revisó el texto antes de imprimirlo? ¿Por qué Anagrama nos tortura con una edición llena de erratas? Estos son unos pocos ejemplos de ellas: "La cabeza y el hombro izquierdos inclinados" (la coherencia de esta frase no llevaba brújula y se perdió), "con mucho mayor inmediatez" (esto sí es una cuestión de identidad transgenérica y no la transexualidad) o "se dio media vuelta y de dirigió al borde del agua" (cierto que hay quien pronuncia "de dirigió", pero no hay que imitarlos. Suena a burla), entre otras perlas.
miércoles, 18 de junio de 2014
El amargo don de la belleza
Hubo un tiempo en que las mujeres eran educadas para ser esposas. Algunos intelectuales, conscientes del drama que suponía para ellas ser reducidas a la condición de mero adorno y contraer matrimonios de conveniencia, decidieron mostrar dicha realidad y denunciarla a través de sus obras. Es el caso de la escritora Edith Wharton, que en una de sus novelas más conocidas, el clásico de 1905 "La casa de la alegría", nos cuenta la historia de una de esas damnificadas por la educación machista: Lily Bart, la cual "era de modo tan manifiesto víctima de la civilización que la había procreado que incluso los eslabones de su pulsera parecían esposas destinadas a encadenarla a su destino". Conocemos a Lily en lo más alto de su gloria social: Es guapa, popular entre la flor y nata neoyorquina, domina el fino arte de la diplomacia y no le faltan pretendientes. Ilumina cualquier estancia o ambiente con su presencia. Huérfana acogida por una tía, lleva una vida por encima de sus posibilidades, pues considera que es la única manera de conseguir atraer a un marido rico. Pero va pasando el tiempo y no se decide por ninguno de esos aburridos, lascivos, demasiado mayores o no tan adinerados caballeros que le hacen la corte. Y ya tiene 29 años. Lo cual equivale a que le quedan muy pocos para decantarse por uno: la juventud y sus encantos se le van agotando.
En su desventurada trayectoria vital, es traicionada por quienes creía sus amigas; rechazada, las pocas veces que se declara a algún hombre; desplazada de su selecto grupo, pero también aconsejada y ayudada por unas pocas personas piadosas.
Superficial, con ligeros destellos de humanidad, propensa a gastar más de la cuenta, contenida en la expresión de sus afectos, por otro lado bastante escasos, y con dificultades para identificar aquello que realmente le interesa y la haría feliz, Lily parece decidida a tropezar con todas las piedras que se va encontrando en el camino. Incluso da la impresión de ir colocándolas ella misma para poder caer, cada vez con menos fuerzas para recuperarse. Está llena de defectos y esa imperfección es lo que nos la vuelve cercana y hace que sintamos empatía hacia ella.
Edith Wharton define y resume perfectamente el carácter frívolo teñido de tragedia de su protagonista con la siguiente frase: "Nunca he sido llorona. Descubrí muy pronto que las lágrimas me enrojecen la nariz y saberlo me ha ayudado a superar varios episodios dolorosos". Heroína clásica, Lily pertenece a esa dramática estirpe compuesta por personajes como Margarita Gautier o Madame Bovary. Damas a las que la fortuna resuelve darles las espalda. Pero no sin que antes hayan conocido lo que es el amor. Lo cual, en este caso, ocurre casi a modo de epifanía.
Si queréis disfrutar de una novela inscrita con letras de oro en la historia de la literatura estadounidense, de la autora de "La edad de la inocencia", no dudéis, "La casa de la alegría" es una excelente opción.
miércoles, 11 de junio de 2014
Memorial del engaño
No os dejéis engañar. Pese a su título, la última obra de Ian McEwan, "Operación Dulce", no es una novela de espionaje: El MI5* es tan solo el marco en que se mueve su torpe protagonista, Serena Frome. Lo mismo que los años 70 o la Guerra Fría (aunque, ciertamente, su autor llevaba tiempo queriendo situar una de sus tramas en esa época en la que comenzó su carrera). Se trata, en realidad, de una historia de amor, de un ensayo sobre la literatura y de un ejercicio formal.
Desde la primera página, McEwan juega con la tradición literaria: "No me alargaré mucho hablando de mi infancia y adolescencia", nos dice la espía en ciernes, al contrario de lo que harían algunos héroes dickensianos. Y es que Serena es justo lo opuesto a ellos: Hija de un obispo anglicano, nace en un hogar modélico y recibe una educación quizás por encima de lo que sus aptitudes merecerían. Sus dos únicas cualidades son que se le dan las matemáticas y que le gusta leer, aunque, como le llega a decir uno de sus amantes, es "un jodido colador". Esta última característica es la que hace que la acepten en el MI5 y que forme parte de la "Operación Dulce", consistente en la búsqueda de jóvenes autores con ideas de derechas para financiarlos y de esa manera combatir la propaganda comunista (lo que llamarían "guerra de ideas", que por supuesto existió y existe).
Pero no es eso lo más interesante de la novela, sino la cuestión formal (y todos sabemos que esa es una cuestión de fondo) en la literatura: La conclusión, no podría ser otra, es que el verdadero compromiso de un escritor es el que mantiene con su propia concepción sobre lo que es y lo que debe ser el objeto de su trabajo. Igualmente legítimas son la práctica de una literatura de mero entretenimiento, como la experimentación vanguardista, como usarla en función de la defensa de cuestiones sociales o los ejercicios estilísticos con la sola intención de mostrar la belleza en estado puro (auque, claro, no hay que llegar al extremo de la protagonista, que afirma la superioridad de Jacqueline Susann y "El valle de las muñecas" sobre Jane Austen).
El juego formal llega al punto de que Ian McEwan usa su biografía para componer el personaje del que acaba enamorándose Serena: Uno de los autores captados a través de la Operación Dulce, Tom Haley. Hace referencias a relatos propios, usa a amigos como Martin Amis e Ian Hamilton en algunas anécdotas en las que participa Tom, troca el premio Somerset Maugham, que ganó por "Niños en el tiempo", en el Jane Austen que recibe su personaje, que ha estudiado, como él mismo, en una universidad no Oxbrigde (lo cual es todo un símbolo: Serena se licenció en Matemáticas por la Universidad de Cambridge, con lo que se contraponen la clase media y las elites, o una persona sin conciencia social y un autor comprometido).
Y, finalmente, es una divertida e ingeniosa historia de amor, no exenta de dolor ("traté de vomitar en vano. Para expulsar tu sabor de mis entrañas", dice uno de los personajes, evidenciando la fisicidad del enamoramiento cuando se convierte en parte de uno mismo), en la que nada es lo que parece, de las que no se olvidan. Como con cualquier buena novela de espías, su desenlace no se ve venir y no debe ser desvelado.
* Supongo que no es necesario aclararlo, pero cabe la posibilidad de que alguno de quienes me leen no lo sepa y no tenga ganas de consultarlo. Así que le ahorro el esfuerzo: El MI5 (Military Intelligence Section 5) es el nombre con el que es conocido comúnmente el servicio de inteligencia británico destinado a la seguridad interior y la denominación oficial que recibió entre septiembre de 1916 y 1929.
P. S.: Se me olvidaba. Ian McEwan dedica este libro a su amigo, ya fallecido, Chistopher Hitchens. Lo cual destaco, como ateo practicante, por haber sido éste todo un ídolo de masas para quienes compartimos con él nuestra creencia en la no existencia de ningún dios. Vamos, que es nuestro Justin Bieber, pero con un poco más de nivel.
Desde la primera página, McEwan juega con la tradición literaria: "No me alargaré mucho hablando de mi infancia y adolescencia", nos dice la espía en ciernes, al contrario de lo que harían algunos héroes dickensianos. Y es que Serena es justo lo opuesto a ellos: Hija de un obispo anglicano, nace en un hogar modélico y recibe una educación quizás por encima de lo que sus aptitudes merecerían. Sus dos únicas cualidades son que se le dan las matemáticas y que le gusta leer, aunque, como le llega a decir uno de sus amantes, es "un jodido colador". Esta última característica es la que hace que la acepten en el MI5 y que forme parte de la "Operación Dulce", consistente en la búsqueda de jóvenes autores con ideas de derechas para financiarlos y de esa manera combatir la propaganda comunista (lo que llamarían "guerra de ideas", que por supuesto existió y existe).
Pero no es eso lo más interesante de la novela, sino la cuestión formal (y todos sabemos que esa es una cuestión de fondo) en la literatura: La conclusión, no podría ser otra, es que el verdadero compromiso de un escritor es el que mantiene con su propia concepción sobre lo que es y lo que debe ser el objeto de su trabajo. Igualmente legítimas son la práctica de una literatura de mero entretenimiento, como la experimentación vanguardista, como usarla en función de la defensa de cuestiones sociales o los ejercicios estilísticos con la sola intención de mostrar la belleza en estado puro (auque, claro, no hay que llegar al extremo de la protagonista, que afirma la superioridad de Jacqueline Susann y "El valle de las muñecas" sobre Jane Austen).
El juego formal llega al punto de que Ian McEwan usa su biografía para componer el personaje del que acaba enamorándose Serena: Uno de los autores captados a través de la Operación Dulce, Tom Haley. Hace referencias a relatos propios, usa a amigos como Martin Amis e Ian Hamilton en algunas anécdotas en las que participa Tom, troca el premio Somerset Maugham, que ganó por "Niños en el tiempo", en el Jane Austen que recibe su personaje, que ha estudiado, como él mismo, en una universidad no Oxbrigde (lo cual es todo un símbolo: Serena se licenció en Matemáticas por la Universidad de Cambridge, con lo que se contraponen la clase media y las elites, o una persona sin conciencia social y un autor comprometido).
Y, finalmente, es una divertida e ingeniosa historia de amor, no exenta de dolor ("traté de vomitar en vano. Para expulsar tu sabor de mis entrañas", dice uno de los personajes, evidenciando la fisicidad del enamoramiento cuando se convierte en parte de uno mismo), en la que nada es lo que parece, de las que no se olvidan. Como con cualquier buena novela de espías, su desenlace no se ve venir y no debe ser desvelado.
* Supongo que no es necesario aclararlo, pero cabe la posibilidad de que alguno de quienes me leen no lo sepa y no tenga ganas de consultarlo. Así que le ahorro el esfuerzo: El MI5 (Military Intelligence Section 5) es el nombre con el que es conocido comúnmente el servicio de inteligencia británico destinado a la seguridad interior y la denominación oficial que recibió entre septiembre de 1916 y 1929.
P. S.: Se me olvidaba. Ian McEwan dedica este libro a su amigo, ya fallecido, Chistopher Hitchens. Lo cual destaco, como ateo practicante, por haber sido éste todo un ídolo de masas para quienes compartimos con él nuestra creencia en la no existencia de ningún dios. Vamos, que es nuestro Justin Bieber, pero con un poco más de nivel.
sábado, 31 de mayo de 2014
La verdad no sospechada
Andrea, la joven protagonista de "Nada", el clásico de Carmen Laforet, llega llena de ilusiones a Barcelona, esa ciudad que, aun durante la posguerra, promete convertir en realidad los sueños de quienes la eligen como destino. Desde la estación de trenes hasta la que será su casa, la de los parientes que la acogen en la calle de Aribau, a un tiro de piedra de la universidad en la que va a estudiar, sus ojos van asistiendo al bello espectáculo arquitectónico que ofrece la ciudad condal, mientras ella va preguntándose por las historias que se ocultan tras los visillos. Lo que no puede esperar es lo que se encontrará en su propia vivienda: Un hogar poblado de rencores y de miseria, en el que la violencia resulta un elemento cotidiano; en el que intentan controlarla y la tratan como a una más, o sea, con insultos y demás humillaciones. Sin llegar del todo a conocer las razones últimas de la locura que encierra esa casa, sí va descubriendo algunos de sus secretos, pues, como ella misma se dice "unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, otros para mirar la vida. Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora". Lo cual no obsta para que esos hechos que presencia la hagan evolucionar y convertirse en la mujer que narra en un tiempo futuro dichas experiencias. "Nada" es la historia de muchas ambiciones frustradas, pero también sirve como fresco de esa Barcelona de posguerra cuya fisonomía había cambiado rápidamente. Se nos habla de la burguesía, que tan importante papel ha jugado en el mundo cultural de la ciudad; de los artistas bohemios catalanes, algo así como el germen de la gauche divine; por supuesto, de las clases menos favorecidas, y de la relación existente entre dichos grupos, en gran medida marcada por la envidia.
La capacidad evocadora de Carmen Laforet parece no tener límites y solo por sus descripciones merece la pena la lectura de esta novela ("Barcelona se había quedado infinitamente vacía", dice Andrea con motivo de las vacaciones estivales, y con la simple inclusión de un adverbio nos hace sentir el peso trascendente del vacío que la envuelve). Pero no es esa la única virtud de "Nada". Solo que, por lo mismo que no he desvelado ningún detalle de las diversas tramas que cuenta, dejaré que seáis vosotros quienes descubráis los encantos que encierra entre sus páginas. Setenta años después de haber inaugurado el Premio Nadal, su lectura sigue atrapando como si acabara de ser escrita. O más, si la comparamos con algunas de las últimas novelas que han ganado.
miércoles, 21 de mayo de 2014
Me casé con un comunista
Resulta difícil escribir sobre "Memorial del engaño", la última novela de Jorge Volpi, sin estropear al lector parte de su encanto. Precisamente porque desde un principio aclaramos la verdadera autoría de una obra que se presenta como el relato autobiográfico de un falso estafador, J. Volpi, responsable de un desfalco de 15 mil millones de dólares, actualmente prófugo de la ley. Tanto en la portada, como en el interior del libro (cuyo prólogo firma tan sólo con sus iniciales, A. W., un editor ficticio) se mantiene el artificio. Pero considero lícito hablar de ello, pues el mismo Jorge Volpi ya lo ha hecho previamente durante la promoción.
Se trata ésta de una historia en dos tiempos: La que narra cómo su protagonista llega a lo más alto en el mundo de las finanzas y acaba por crear una estafa piramidal (en primera persona, a modo de confesión cínica); y la que desvela los datos sobre su padre que se desprenden de una investigación llevada a cabo junto a la que se convertirá en la esposa del narrador (el padre de éste falleció sin que llegara a conocerlo y su madre nunca quiso ser clara sobre las razones que lo llevaron a abandonarlos a ambos a principios de los 50). En la primera trama se nos explican de manera didáctica las razones de la actual crisis (principalmente, la desregularización del mercado de valores y la creación de derivados financieros que nadie pudiera comprender), mientras que en la segunda se nos habla, también con profusión de información, sobre el espionaje ruso en tiempos de la Guerra Fría y la posibilidad de que el padre del protagonista fuera un idealista espía situado en las altas esferas del gobierno estadounidense: Capitalismo y Comunismo, dos sistemas enfrentados destinados al fracaso por olvidarse en la práctica del individuo. O como diría Claudio Magris: "Utopía y desencanto". Todo ello envuelto en una estructura operística muy al gusto de un personaje que en ningún momento trata de expiar sus culpas.
¿Cuál es, en mi opinión, el problema de la novela? Que, salvo al comienzo, no me ha enganchado; que resulta relativamente predecible; que ya se nos ha explicado en otras ocasiones con datos similares las razones de la crisis; que el cinismo del protagonista acaba resultando impostado y que la estructura de la novela ni siquiera acaba de estar suficientemente justificada (para ello le falta pasión y le sobra desapego hacia casi todo por parte de este lobo de Wall Street sin excesos).
Por ello, sólo puedo decir que, aunque interesante y entretenida, la encuentro fallida y más digna de haber sido expuesta en forma de ensayo.
P. S.: No acepto críticas sobre el modelo de la foto. Es un autorretrato. Sin gafas pierdo mucho.
Para compensar (o para acabar de cargarme esta reseña), adjunto un poema anti-crisis. Pensé que viene a cuento. Dada su calidad, no hace falta aclarar que es mío:
Construiremos un castillo,
una fortaleza;
dispondremos cocodrilos
para quienes traten de asaltarnos.
Nos apoyaremos unos a otros
y soportaremos que nos llamen demagogos;
que nos nombren por un color,
el de la sangre,
o por una situación física,
la del corazón,
como si fuera realmente eso lo que nos define.
Y no nos dejaremos vencer,
pues es justo,
pues es nuestro
lo que defendemos.
Porque la playa sigue estando debajo de los adoquines
que nos gobiernan.
Se trata ésta de una historia en dos tiempos: La que narra cómo su protagonista llega a lo más alto en el mundo de las finanzas y acaba por crear una estafa piramidal (en primera persona, a modo de confesión cínica); y la que desvela los datos sobre su padre que se desprenden de una investigación llevada a cabo junto a la que se convertirá en la esposa del narrador (el padre de éste falleció sin que llegara a conocerlo y su madre nunca quiso ser clara sobre las razones que lo llevaron a abandonarlos a ambos a principios de los 50). En la primera trama se nos explican de manera didáctica las razones de la actual crisis (principalmente, la desregularización del mercado de valores y la creación de derivados financieros que nadie pudiera comprender), mientras que en la segunda se nos habla, también con profusión de información, sobre el espionaje ruso en tiempos de la Guerra Fría y la posibilidad de que el padre del protagonista fuera un idealista espía situado en las altas esferas del gobierno estadounidense: Capitalismo y Comunismo, dos sistemas enfrentados destinados al fracaso por olvidarse en la práctica del individuo. O como diría Claudio Magris: "Utopía y desencanto". Todo ello envuelto en una estructura operística muy al gusto de un personaje que en ningún momento trata de expiar sus culpas.
¿Cuál es, en mi opinión, el problema de la novela? Que, salvo al comienzo, no me ha enganchado; que resulta relativamente predecible; que ya se nos ha explicado en otras ocasiones con datos similares las razones de la crisis; que el cinismo del protagonista acaba resultando impostado y que la estructura de la novela ni siquiera acaba de estar suficientemente justificada (para ello le falta pasión y le sobra desapego hacia casi todo por parte de este lobo de Wall Street sin excesos).
Por ello, sólo puedo decir que, aunque interesante y entretenida, la encuentro fallida y más digna de haber sido expuesta en forma de ensayo.
P. S.: No acepto críticas sobre el modelo de la foto. Es un autorretrato. Sin gafas pierdo mucho.
Para compensar (o para acabar de cargarme esta reseña), adjunto un poema anti-crisis. Pensé que viene a cuento. Dada su calidad, no hace falta aclarar que es mío:
"No puedo imaginar el esfuerzo tremendo
de luchar por una idea",
escribí en mis horas dichosas,
allá por mi juventud.
Mas llega a mí, con el tiempo, una fuerza
que me impele a levantar el puño
como gesto y como ariete
de esta causa:
La defensa de lo conseguido,
de aquello que era de todos
y entre todos hemos de proteger.
de luchar por una idea",
escribí en mis horas dichosas,
allá por mi juventud.
Mas llega a mí, con el tiempo, una fuerza
que me impele a levantar el puño
como gesto y como ariete
de esta causa:
La defensa de lo conseguido,
de aquello que era de todos
y entre todos hemos de proteger.
Construiremos un castillo,
una fortaleza;
dispondremos cocodrilos
para quienes traten de asaltarnos.
Nos apoyaremos unos a otros
y soportaremos que nos llamen demagogos;
que nos nombren por un color,
el de la sangre,
o por una situación física,
la del corazón,
como si fuera realmente eso lo que nos define.
Y no nos dejaremos vencer,
pues es justo,
pues es nuestro
lo que defendemos.
Porque la playa sigue estando debajo de los adoquines
que nos gobiernan.
P. S.: Lo sé. Sólo me ha faltado titularlo "El poder de la gente" y dedicárselo a la familia Bardem y a Almudena Grandes, pero es que no quería arriesgarme a que el ministro del interior mandase a los GEOs a mi casa. Espero que, por el momento, se conforme con investigar a los desdichados tuiteros (esa "mafia de las redes sociales", según un tío mío de derechas que me levanta dolor de cabeza cada vez que abre la boca).
martes, 6 de mayo de 2014
Intimidad
Dice Paulette Petras que conocer el contenido de las estanterías ajenas es una forma de conocer sus vidas. Así que aquí os muestro parte de la mía (con alguna salvedad: la película "Marea roja" es de mi hermano):
P. S.: El cartel de "Vacanze romane" me lo regaló uno de mis dos mejores amigos. ¡¡¡Lo trajo de Roma!!! (El llavero con forma de caballo también me lo regaló él. ¡¡¡Lo trajo de Dinamarca!!! Vaya, eso sí es un amigo).
Ah, lo sé, me pasé con los filtros a la hora de editar las fotos, pero ya es tarde para corregirlo. Además, tampoco quedaron tan mal. Como he dicho anteriormente, es difícil conseguir que las fotografías de objetos no resulten planas.
martes, 29 de abril de 2014
Ensayo sobre la identidad
Imaginemos que somos un profesor de Historia con una existencia anodina, divorciado, con una pareja a la que no sabemos si queremos, porque, en realidad, no tenemos claro nada sobre nuestra vida, que además se ha convertido en un marasmo del que no conseguimos salir. Imaginemos que un día, al vernos cabizbajo, un compañero de trabajo nos recomienda distracción, que veamos una película que nos aparte de nuestras cuitas. ¿Cuál, por ejemplo?, le preguntaremos. Nos recomendará una que al parecer no es buena, pero que cumplirá su función de entretenernos. Supuestamente. La película, al fin, nos deja tal como estábamos. No comprendemos cómo ha podido creer nuestro compañero que así se iba a solucionar el problema que tenemos. Pero, no, no puede ser. De repente reparamos en que uno de los actores, uno secundario, casi un figurante, es idéntico a nosotros. Y en ese preciso instante una obsesión se apodera de nuestro cerebro (aclaremos, para quienes no hayan leído nunca la definición que hemos creado sobre la marcha, que las obsesiones son esa fuerza que nos arrastra a hacer realidad nuestro destino, a pesar de los buenos consejos del sentido común): Hemos de encontrar a ese ser que es exacto a nosotros. Hemos de confrontarlo.
Ése es el punto de partida de "El hombre duplicado", de José Saramago. Novela que ya tiene unos años y que ha sido magníficamente adaptada al cine recientemente con el título de "Enemy". Tan magníficamente que el visionado de la película resulta una experiencia complementaria y enriquecedora de la lectura del libro.
Como es habitual en las obras de Saramago, su autor nos habla en condicional respecto a situaciones kafkianas: ¿Y si surgiera una enfermedad que dejara ciega a la Humanidad?, ¿y si la muerte decidiera dejar de trabajar?, ¿y si las personas se abstuviesen de votar?,... A esas premisas convertidas en parábolas, se añade, en este caso, según interpreto, una que trata de denunciar la deshumanización de la sociedad moderna, masificada en megalópolis, globalizadora, que nos vuelve a todos iguales, individuos sin identidad, o cuya identidad es intercambiable, hormigas que se mueven de un lado a otro, en medio de un marasmo que apenas comprendemos.
Por supuesto nos encontramos nuevamente con las constantes a la hora de narrar de su autor: Oral y discursivo, sin signos de interrogación o exclamación, con los diálogos integrados en la acción tan solo mediante la separación de una coma, el uso de las variaciones sobre una misma cuestión y la repetición casi machacona de los nombres de los personajes (que yo recuerde, esto último únicamente no ocurría en "Todos los nombres", cuyo protagonista permanecía en el anonimato a lo largo de todo el libro).
Quizás sea por la universalidad del tema sobre el que trata la novela, por la profundidad alcanzada en su desarrollo o por el genio de Saramago, siempre comprometido con el arte y con el individuo, pero el caso es que mientras leía "El hombre duplicado" sentía que me encontraba ante un texto de esos que pasan a la Historia de la Literatura, en el que la palabra pesa como una piedra que su autor ha colocado para que perdure en el tiempo.
Ése es el punto de partida de "El hombre duplicado", de José Saramago. Novela que ya tiene unos años y que ha sido magníficamente adaptada al cine recientemente con el título de "Enemy". Tan magníficamente que el visionado de la película resulta una experiencia complementaria y enriquecedora de la lectura del libro.
Como es habitual en las obras de Saramago, su autor nos habla en condicional respecto a situaciones kafkianas: ¿Y si surgiera una enfermedad que dejara ciega a la Humanidad?, ¿y si la muerte decidiera dejar de trabajar?, ¿y si las personas se abstuviesen de votar?,... A esas premisas convertidas en parábolas, se añade, en este caso, según interpreto, una que trata de denunciar la deshumanización de la sociedad moderna, masificada en megalópolis, globalizadora, que nos vuelve a todos iguales, individuos sin identidad, o cuya identidad es intercambiable, hormigas que se mueven de un lado a otro, en medio de un marasmo que apenas comprendemos.
Por supuesto nos encontramos nuevamente con las constantes a la hora de narrar de su autor: Oral y discursivo, sin signos de interrogación o exclamación, con los diálogos integrados en la acción tan solo mediante la separación de una coma, el uso de las variaciones sobre una misma cuestión y la repetición casi machacona de los nombres de los personajes (que yo recuerde, esto último únicamente no ocurría en "Todos los nombres", cuyo protagonista permanecía en el anonimato a lo largo de todo el libro).
Quizás sea por la universalidad del tema sobre el que trata la novela, por la profundidad alcanzada en su desarrollo o por el genio de Saramago, siempre comprometido con el arte y con el individuo, pero el caso es que mientras leía "El hombre duplicado" sentía que me encontraba ante un texto de esos que pasan a la Historia de la Literatura, en el que la palabra pesa como una piedra que su autor ha colocado para que perdure en el tiempo.
martes, 22 de abril de 2014
Coleccionando simetrías V: El Doppelgänger
No diré que el caso del Doppelgänger (respeto la mayúscula propia de los sustantivos en alemán) haya sido suficientemente tratado en la Literatura. Pero sí algo. Es digna de mención la famosa frase de Strindberg: "El que ve a su doble es que va a morir". Inquietante, ¿verdad?
Se dice que de todos existe una copia en algún lugar del planeta. Incluso, que si no existe en la actualidad, ha existido en el pasado o existirá en el futuro. Si ello fuera así, ésta supondría probablemente la forma de simetría más preocupante que cabe imaginar: ¿Qué podría estar haciendo nuestro doble en nuestro nombre y qué consecuencias resultarían de sus actos?
Digo esto a modo de introducción de las últimas citas sobre casualidades o coincidencias que he añadido a mi colección:
"Suponiendo que haya una persona que es una copia tuya, o tú una copia suya, y por lo visto la hay, no tienes ninguna obligación de ir a buscarla, ese tipo existe y tú no lo sabías, existes tú y él no lo sabe, nunca os visteis, nunca os cruzasteis en la calle, lo mejor que puedes hacer es, Y si me lo encuentro un día de éstos, si me cruzo con él en la calle, interrumpió Tertuliano Máximo Afonso, Vuelves la cara hacia otro lado, ni te he visto ni te conozco, Y si él se dirige a mí, Con que tenga un ápice de sensatez hará lo mismo".
"Es difícil considerar extraña a una persona que es igual que yo".
"Tertuliano Máximo Afonso no consigue escapar a la idea de que tantas casualidades y coincidencias juntas pueden muy bien corresponder a un plan por el momento inescrutable, pero cuyo desarrollo y desenlace ciertamente ya se encuentran determinados en las tablas en que el dicho Destino [...] apuntó, en el principio de los tiempos, la fecha en que caerá el primer cabello de la cabeza y la fecha en que se apagará la última sonrisa de la boca".
La cita con la que pongo fin a esta entrada parece dirigida a mí:
"Sigo pensando que tienes que acabar con esta maldita historia de sosias, gemelos y duplicados".
Al igual que la réplica se asemeja a lo que yo podría contestar:
"Tal vez, pero no lo consigo, es más fuerte que yo".
Todas estas frases forman parte de "El hombre duplicado", de José Saramago.
P. S.: Hablando de dobles, ¿qué otra cosa son las manos y los pies, sino reflejos semiespeculares? He ahí la razón de que publique una foto como la presente para ilustrar este texto. La hice yo, por supuesto.
P. S.: Hablando de dobles, ¿qué otra cosa son las manos y los pies, sino reflejos semiespeculares? He ahí la razón de que publique una foto como la presente para ilustrar este texto. La hice yo, por supuesto.
domingo, 20 de abril de 2014
Regalando vida
Cada dos por tres, al reseñar algún libro, os digo que se trata de un obsequio que he recibido. Ya casi tengo complejo de pedigüeño (seguro que mis amigos leen en mi mirada una necesidad insaciable y desmedida y tratan de satisfacer este vicio solitario que padezco: la bibliofagia) . Pero no os dejéis llevar por las apariencias. Aquí tenéis una prueba que las refuta: La foto que publico muestra dos novelas que regalé en noviembre. Porque sí, lo confieso, yo también regalo libros.
Aaliya, la protagonista de "La mujer de papel", de Rabih Alameddine, dice: "la literatura me da vida". Cuando regalo un libro, si no vida, al menos espero estar transmitiendo la misma ilusión que yo siento cuando recibo uno.
P. S.: ¡Qué difícil es fotografiar libros sin que el resultado sea plano! Espero haberlo conseguido. (Por un lado, un chico con la boca tapada. Por otro, un sermón. Me gusta el contraste entre ambas imágenes).
lunes, 14 de abril de 2014
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
Hay actrices con miradas poderosas, magnéticas, cuya fuerza hace que cada fotograma de las películas en las que aparecen cobre significado. Es algo que les ocurre a Najwa Nimri, a Laura Morante, a Paulina García,... En "Miel", nos reencontramos con una de esas actrices de mirada inolvidable: Jasmine Trinca, a la que ya vimos en "La habitación del hijo", "La mejor juventud", "Manual de amor", "Romanzo criminale", "El caimán" y "Casa de tolerancia", por nombrar sus mejores filmes. Su rostro, algo andrógino, resulta duro e inocente a la vez, características necesarias para componer su personaje, el de una antigua estudiante de medicina (sólo cursó dos años, lo justo para haber adquirido ciertos conocimientos), que ayuda a morir a enfermos terminales o en un estado que convierte sus vidas en algo que ya no consideran vida. La suya es una labor clandestina, de ahí que use un pseudónimo: Miel. Y es que Irene, pues ese es su nombre real, trata de endulzar los últimos momentos de sus clientes. (Resulta tan convincente, que yo mismo no dudaría en contratarla si me viera en el trance por el que ellos pasan).
Miel nunca se ha planteado éticamente lo que hace, hasta que se encuentra con alguien que rompe las reglas que ella se ha marcado. Lo cual supone un punto de inflexión y el comienzo de una relación inusitada que la hará evolucionar interiormente.
Valeria Golino dirige una película de tono intimista, cercano, sensorial, en la que destacan el uso balsámico de la música y una fotografía discreta, pero muy cuidada (la imagen que ilustra esta entrada está editada, pero deja patente la capacidad de la directora a la hora de conseguir encuadres de una plasticidad orgánica, por momentos lindante con lo pictórico). Una película que nos hace pensar, que nos plantea la torpeza inherente a cualquier dogma sobre la eutanasia y, en realidad, respecto a cualquier cuestión controvertida, puesto que, precisamente, el dogmatismo y el pensamiento son conceptos antagónicos.
Tanto en Italia, como en España, "Miel" ha pasado más bien inadvertida. No lo merecía.
P. S.: Ya sé que sobra aclararlo, pero lo haré: El título de esta entrada, por supuesto, es el mismo que el del famoso poema de Pavese. Para aquellos que no lo conozcan (probablemente, nadie), lo adjunto a continuación:
Miel nunca se ha planteado éticamente lo que hace, hasta que se encuentra con alguien que rompe las reglas que ella se ha marcado. Lo cual supone un punto de inflexión y el comienzo de una relación inusitada que la hará evolucionar interiormente.
Valeria Golino dirige una película de tono intimista, cercano, sensorial, en la que destacan el uso balsámico de la música y una fotografía discreta, pero muy cuidada (la imagen que ilustra esta entrada está editada, pero deja patente la capacidad de la directora a la hora de conseguir encuadres de una plasticidad orgánica, por momentos lindante con lo pictórico). Una película que nos hace pensar, que nos plantea la torpeza inherente a cualquier dogma sobre la eutanasia y, en realidad, respecto a cualquier cuestión controvertida, puesto que, precisamente, el dogmatismo y el pensamiento son conceptos antagónicos.
Tanto en Italia, como en España, "Miel" ha pasado más bien inadvertida. No lo merecía.
P. S.: Ya sé que sobra aclararlo, pero lo haré: El título de esta entrada, por supuesto, es el mismo que el del famoso poema de Pavese. Para aquellos que no lo conozcan (probablemente, nadie), lo adjunto a continuación:
"Verrà la morte e avrà i tuoi occhi-
questa morte che ci accompagna
dal mattino alla sera, insonne,
sorda, come un vecchio rimorso
o un vizio assurdo. I tuoi occhi
saranno una vana parola
un grido taciuto, un silenzio.
Così li vedi ogni mattina
quando su te sola ti pieghi
nello specchio. O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla.
Per tutti la morte ha uno sguardo.
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Scenderemo nel gorgo muti."
questa morte che ci accompagna
dal mattino alla sera, insonne,
sorda, come un vecchio rimorso
o un vizio assurdo. I tuoi occhi
saranno una vana parola
un grido taciuto, un silenzio.
Così li vedi ogni mattina
quando su te sola ti pieghi
nello specchio. O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla.
Per tutti la morte ha uno sguardo.
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Scenderemo nel gorgo muti."
O sea,
"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un remordimiento
viejo o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito apagado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas hacia ti
en el espejo. Oh ansiada esperanza
ese día, también nosotros,
sabremos que eres la vida y la nada.
Para todos, la muerte tiene una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como en el fondo del espejo
ver resurgir un rostro muerto,
como escuchar un labio mudo.
Callados bajaremos al vacío."
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un remordimiento
viejo o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito apagado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas hacia ti
en el espejo. Oh ansiada esperanza
ese día, también nosotros,
sabremos que eres la vida y la nada.
Para todos, la muerte tiene una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como en el fondo del espejo
ver resurgir un rostro muerto,
como escuchar un labio mudo.
Callados bajaremos al vacío."
En italiano suena mejor. Es mejor. Pero yo soy de los que necesitan las versiones bilingües.
miércoles, 9 de abril de 2014
Kolkata o la insoportable levedad del ser
Hace una semana o así, me pasé por mi librería de confianza con la sana intención de surtirme de libros para algún día poder nadar entre ellos (Francisco Umbral tiraba a su piscina los que le parecían infumables. En cambio, yo sueño con llenar una con lo mejorcito de la literatura y hacerme unos largos). El caso es que llamó mi atención una faja: La de "La hondonada", de Jhumpa Lahiri, que rezaba lo siguiente: "Novela finalista de los premios Booker y National Book Award" (sic). El caso es que, cegado por el brillo de esas palabras, no pude evitar adquirirlo.
Os resumo la historia (espero que mejor de lo que lo hace la editorial Salamandra en la contraportada, pues, supongo que con la finalidad de no desvelar demasiado sobre el argumento, nos deja con la impresión de que éste va a ir por unos derroteros distintos a los que realmente toma): Calcuta, años 50. Dos hermanos inseparables, Subhash, el mayor, y Udayan, el pequeño, residen en un barrio humilde, a un tiro de piedra de un club de golf en el que nunca podrían permitirse entrar. Pasan los años y Subhash se va a estudiar a EEUU, mientras que Udayan se compromete políticamente con un partido maoísta de inspiración naxalita (la autora dedica algunas páginas a explicar en qué consistió dicho movimiento terrorista) y acaba siendo asesinado por la policía tras participar en un atentado. A partir de ahí comienza realmente la novela y acaban los tópicos.
El título del libro hace referencia a una hondonada, cercana a la casa de los hermanos, que se encuentra entre dos lagunas, en la que Udayan se oculta para evitar que lo encuentre la policía tras el atentado. Pero en realidad nos habla del vacío que provoca su muerte, ése que nadie podrá llenar jamás y que convierte a su hermano mayor en un recordatorio constante de su pérdida. La existencia del resto de los personajes girará a partir de entonces en torno a esa especie de agujero negro que lo vuelve todo silencio. Pues ésa es la opción que adoptan: No enfrentarse a la situación, no afrontar el problema, callar y sufrir. La mejor postura si uno no tiene intención de construir un futuro. El problema de quienes se deciden por el silencio es que se arruinan la vida y se la arruinan a quienes intentan mantenerse a su lado y ayudarles. En el día a día, esta solución me provoca rechazo, pero la considero enriquecedora a la hora de desarrollar una historia. Por poco habitual en la literatura, porque supone transitar por terrenos alejados del sentimentalismo, porque insinúa el dolor sin mostrarlo de manera lacrimógena. Por esa razón, Lahiri parece una escritora un tanto árida, hasta que notas cómo van calando los personajes en tu interior. Percibes el ambiente en que se mueven y ese presente continuo de pesar en el que parecen instalados, que los paraliza, manteniéndolos en suspenso. Y sientes la pausa, el vacío en el que viven: La hondonada.
P. S.: Petición para quienes dirigen la editorial Salamandra: Por favor, contratad a alguien que revise los textos. Tantas erratas transmiten la impresión de un trabajo poco riguroso.
viernes, 28 de marzo de 2014
"Mientras arrojaban los libros a la hoguera"
Stefan
Zweig nos describe en sus memorias un mundo seguro
anterior a las dos grandres guerras: "Todo lo radical y violento
parecía imposible en aquella era de la razón". Con esas sencillas palabras resume la época en que nació. Lamentablemente, como a tantos otros, le tocó asistir al desmoronamiento de ese mundo, demolido hasta los cimientos por los totalitarismos que asolaron
Europa. Con el tiempo, se ha ido transmitiendo la idea de que el Holocausto tuvo que ver con el desconocimiento del pueblo alemán, pues parece
imposible que si sus miembros hubieran sabido lo que
ocurría en los campos de exterminio, hubieran podido apoyar al
Tercer Reich. Anna Funder nos habla, en su magnífica novela histórica "Todo lo que soy", de aquellos
intelectuales pacifistas que denunciaron lo que estaba
ocurriendo y no lograron impedirlo, en gran medida, por la
connivencia de los gobiernos extranjeros que luego tuvieron que
combatir el nacionalsocialismo con las armas y, por supuesto, del pueblo alemán, responsable nada inocente de la ascención al poder de Hitler y los suyos.
"Tras
el incendio del Reichstag y la persecución posterior, habían
partido al exilio cincuenta y cinco mil alemanes, de los que unos dos
mil eran escritores y artistas [...]. La masa de judíos llegó más
tarde", narra Anna dando voz a Ruth Wesemann, activista y
escritora de la que fue amiga durante 17 años, hasta el
fallecimiento de la segunda. Ruth, su prima Dora Fabian (mucho más
conocida que ella), el poeta y dramaturgo Ernst Toller y otros muchos
exiliados forzosos formaron parte de ese grupo de ciudadanos alemanes
que vieron venir lo que se avecinaba y trataron de evitarlo. Los que
centran este relato huyeron primero a Gran Bretaña, donde no se les
permitía publicar con sus nombres ningún escrito político, so pena
de ser deportados. Si esa espada de Damocles no fuera suficiente,
sufrían el acoso de la Gestapo o eran sencillamente secuestrados o
asesinados por ella.
"Todo
lo que soy" es un tributo a esas personas que arriesgaron o
dieron su vida luchando por la Paz. Pero también lo es a la amistad,
al valor de la experiencia, de la cultura y de la libertad. Al valor,
sin más. A la integridad y a la dignidad del ser humano.
Anna
Funder está dotada de una sensibilidad exquisita que la convierte en
profunda sin resultar pedante o cursi. No sé si sus personajes
destilan tanta sabiduría porque fueron personas de carne y hueso,
porque vivieron intensamente o porque formaron parte de la elite
cultural alemana, pero lo cierto es que es ésa la impresión que
consigue transmitir su autora.
A
ello, añadamos la posibilidad de dar una lectura actual al relato:
"Para mí era insólito que el gobierno mintiera al pueblo
[...]. Si no podíamos confiar en las autoridades, ¿en quién
podíamos confiar? La respuesta era: en nosotros", dice Ruth Wesemann. Cierto. Frente a gobernantes mentirosos, los ciudadanos hemos de confiar en nosotros mismos, en nuestra capacidad para defender nuestros derechos y libertades de los ataques de aquellos que tratan de arrebatárnoslos mientras se dibuja en sus rostros una sonrisa llena de cinismo.
Aparte:
P. S.: Por si alguien no pilla lo de la sonrisa cínica, os doy una pista. Es muy sutil, pero confío en que sepáis interpretarla.
Nota para mi mismo: ¡Cómo te pasas, Jose! ¿A quién se le ocurre insinuar que a estos tres les importamos todos una higa? Vale que dan grima, incluso miedo. Vale que no sirven ni para darle gusto a un caldo, pero, si alguna vez consigues ser banquero, te sacarán de cualquier apuro.
P. S.: Lo sé, siendo este un blog cultural, falta Wert, nuestro inefable ministro del ramo, que tan denodadamente ha luchado para hundirnos en la ignorancia, pero es que mi médico me tiene prohibido ver, publicar o tan siquiera intuir imágenes suyas.
Aparte:
P. S.: Por si alguien no pilla lo de la sonrisa cínica, os doy una pista. Es muy sutil, pero confío en que sepáis interpretarla.
Nota para mi mismo: ¡Cómo te pasas, Jose! ¿A quién se le ocurre insinuar que a estos tres les importamos todos una higa? Vale que dan grima, incluso miedo. Vale que no sirven ni para darle gusto a un caldo, pero, si alguna vez consigues ser banquero, te sacarán de cualquier apuro.
P. S.: Lo sé, siendo este un blog cultural, falta Wert, nuestro inefable ministro del ramo, que tan denodadamente ha luchado para hundirnos en la ignorancia, pero es que mi médico me tiene prohibido ver, publicar o tan siquiera intuir imágenes suyas.
domingo, 23 de marzo de 2014
Coleccionando simetrías IV: Cita dentro de una cita
Los Reyes Magos me trajeron libros, como todos los años (lo sé, es un poco tarde para dedicar una entrada a esto). La cuestión es que, a pesar de no haber acabado de leerlo, en uno de ellos hallé una de esas referencias a las coincidencias que aprecio tanto. La novela es muy buena, cosa que quizás sea innecesario aclarar, teniendo en cuenta cuál es su autor. Ya le dedicaré una reseña más adelante. Por el momento, habréis de conformaros con esta especie de pequeña matrioska: yo, citando a Vila-Matas, que a su vez cita a Justo Navarro:
"Me acordé, leyendo ese libro, de algo que le oí decir un día a Justo Navarro y que a veces he hecho pasar por mío: Hay coincidencias y casualidades con las que te mueres de risa y hay coincidencias y casualidades con las que te mueres".
EL MAL DE MONTANO
Enrique Vila-Matas.
P. S.: Siempre he creído que existía una cierta similitud entre el tavaresco blog Paulette Petras, c´est moi y esta sección del mío. Aunque, claro, ése contiene cápsulas de ingenio de su autora y aquí tan sólo se recogen las que han escrito otros, no yo. Pues bien, las dudas que pudiera conservar se han disipado mediante una nueva simetría: Reviso su última entrada, publicada el día 15 de este mes. Se titula "Vila-(me) Matas suavemente".
Ante eso, únicamente cabe decir: Paulette, tú sí que me Vila-Matas.
Ante eso, únicamente cabe decir: Paulette, tú sí que me Vila-Matas.
domingo, 2 de marzo de 2014
Antes del amanecer
Un año más, llega la gala de los Oscar. Y, por primera vez en este blog, habrá predicciones, apuestas o como prefiráis llamarlas. Dudo de mis dotes adivinatorias. Más cuando veo que se están premiando películas que, en mi opinión, no han sido las mejores de la temporada (lo de la Academia de Cine Francesa no tiene nombre). Como sé que a muchos os gustan esos detalles, añado entre paréntesis cuál querría que ganase:
Oscars 2014 Mejor película
12 años de
esclavitud (Ex-aequo: ¿Cómo elegir entre "Nebraska" y
"Her", mis dos favoritas?).
Oscars 2014 Mejor director
Alfonso Cuarón por Gravity. (Por suerte, aquí no cabe ninguna duda para mí: Alexander Payne ha conseguido crear un clásico llamado "Nebraska").
Oscars 2014 Mejor actor protagonista
Matthew McConaughey por Dallas Buyers Club. (Otros lo merecen tanto como él, pero ninguno más. Lleva unos pocos años demostrando que puede actuar, aunque me pregunto si seguirá eligiendo tan bien sus papeles en el futuro).
Oscars 2014 Mejor actriz protagonista
Cate Blanchett por Blue Jasmine. (En esta categoría, me basta con que no gane Sandrita. El resto de interpretaciones también son muy buenas).
Oscars 2014 Mejor actor de reparto
Jared Leto por Dallas Buyers. (Michael Fassbender es mi preferido. De hecho, creo que la interpretación de Jared es más bien del montón).
Oscars 2014 Mejor actriz de reparto
Jennifer Lawrence por La Gran estafa americana. (Sé que muchos no la aprecian demasiado, pero esta opción sería también mi favorita, si no fuera porque Juen Squibb está que se sale en "Nebraska" y se ha convertido en la elegida por mi corazón cinéfilo).
Oscars 2014 Mejor Película de Animación
Frozen. (Tachadme de infantil, pero mi preferida es "Ernest y Celestine", esa joyita de la cinematografía belga con guión del prestigioso escritor francés, nacido en Casablanca, Daniel Pennac).
Oscars 2014 Mejor Guión Original
Spike Jonze por Her
Oscars 2014 Mejor Guión Adaptado
John Ridley por Doce años de esclavitud. (Opto por la falta de pirotecnia de "Antes de anochecer" de Richard Linklater. Aunque lo de que los guiones de las secuelas sean considerados adaptaciones siempre me ha parecido que tiene poca base).
Oscars 2014 Mejor Fotografía
Gravity. (Me quedo con la de Nebraska. Ése blanco y negro me recuerda mucho a "The last picture show").
Oscars 2014 Mejores Efectos Especiales
Tim Webber, Chris Lawrence, Dave Shirk y Neil Corbould por Gravity. (La verdad, esta categoría me importa poco como para tener algún favorito).
Oscars 2014 Mejor diseño de vestuario
El Gran Gatsby. (Tampoco tengo favoritos, pero el vestuario de "La gran estafa americana" me pareció un personaje más y los kimonos de "The grandmaster" eran preciosos, por eso los destaco).
Oscars 2014 Mejor Banda Sonora Original
William Butler y Owen Pallett por Her (es mi favorita).
Oscars 2014 Mejor montaje
Alfonso Cuarón and Mark Sanger por Gravity. (Prefiero el de "La gran estafa americana", pero sé que puedo ser tachado de cutre y hortera).
Oscars 2014 Mejor documental
The Act of Killing
Oscars 2014 Mejor cortometraje documental
The Lady in Number 6: Music Saved My Life
Oscars 2014 Mejor película de habla no inglesa
The Great Beauty de Italia (es mi favorita al cuadrado).
Oscars 2014 Mejor maquillaje
Jackass Presents: Bad Grandpa. (Una broma: Si se tratara del mejor trabajo de peluquería, tendrían que dárselo a Bradley Cooper por su permanente en "La gran estafa americana").
Oscars 2014 Mejor canción
Ordinary Love de Mandela: Un largo camino hacia la Libertad. (Prefiero "The moon Song" de la película "Her", aunque ésta no esté mal).
Oscars 2014 Mejor diseño de producción
Gravity (yo optaría por "Her").
Oscars 2014 Mejor cortometraje de animación
Get a Horse! de Lauren MacMullan y Dorothy McKim
Oscars 2014 Mejor cortometraje de ficción
The Voorman Problem de Mark Gill y Baldwin Li
Oscars 2014 Mejor edición de sonido
Glenn Freemantle por Gravity
Oscars 2014 Mejor mezcla de sonido
Skip Lievsay, Niv Adiri, Christopher Benstead y Chris Munro por Gravity
Y ahora, a reírse de mí cuando se sepa el resultado. (Ah, el título de esta entrada hace alusión a las madrugadas en vela que tenemos que sufrir en España para ver en directo la entrega de premios).
viernes, 14 de febrero de 2014
Un año de amor
Os
confieso uno de mis prejuicios literarios: A pesar de gustarme las
biografias, las autobiografías y las memorias, siempre que comienzo la
lectura de una, temo la falta de interés que pueden producir en mí
los años de infancia y adolescencia de la persona sobre la que
versa. Por eso agradezco que, en el caso de "Un año ajetreado",
de Anne Wiazemsky, ésta haya decidido saltarse esos estadios de su
vida para pasar directamente a relatarnos el primer año de su relación con el cineasta
francés Jean-Luc Godard.
Para
quienes no sepan de quién se trata, Anne es nieta del Nobel de
Literatura François Mauriac e hija de los príncipes Wiazemsky. No
diría que vivió entre algodones durante los primeros años de su
vida, pues perdió a su padre muy joven, pero sí que gozó de muchos
privilegios. No todos nos movemos de mansión en mansión, ni somos
amigos desde la infancia de Antoine Gallimard. Supongo que gracias a
ese ambiente culturalmente elitista, protagonizó "Au hasard,
Balthazar", de Robert Bresson, a la edad de 19 años. Tras su
estreno, Godard, cautivado por su imagen en la pantalla, trató de
conocerla. Pero fue una carta que Anne envió a la redacción de
Cahiers du Cinéma lo que facilitó el encuentro que dio comienzo a su
historia de amor.
Anne,
casi carente de experiencia en ese terreno, no dejaba de ser una
niña. Y así se sentía. Jean-Luc, que casi le doblaba la edad,
impetuoso, excesivo y caprichoso, se comportaba en cierto modo como
si también fuera un niño. En estas memorias noveladas, se nos
describen los miedos, la inmadurez, la ilusión y el descubrimiento
del sexo con amor típicos de la etapa sobre la que habla. Y se hace de manera tan vívida que parecemos
estar descubriendo esas sensaciones con su autora.
Otro
de los atractivos de esta obra es conocer íntimamente a personas a
las que admiramos: Ese abuelo católico y cacascarrabias que era
François Mauriac; una perfecta anfitriona llamada Jeanne Moreau; un
cómplice amigo de toda la vida, Antoine Gallimard; un Godard que se
convierte en un dictador excéntrico cuando dirige; y la presencia de
Truffaut, Rivette,... No es de extrañar que Anne llegue a decir que
en su "amor por Jean-Luc intervenía el amor a su profesión, a
sus películas y a sus amigos: me enamoraba tanto él como su
universo".
Godard,
contradictorio, se muestra tierno y severo, es comunista y conduce un
Alfa-Romeo. Resulta algo impúdica, en ocasiones, la manera en que
Wiazemsky lo describe. Y completamente incomprensible su reacción en
un momento dado: Jean-Luc "presa de otro ataque de rabia, me
soltó una patada brutal", nos dice. Para, a continuación,
seguir como si tal cosa, con bromas y risas.
No sé
si éste es el libro perfecto para recomendar en San Valentín, pero
igualmente lo hago. Cualquier día es bueno para disfrutar de una
lectura fresca, amena e interesante como la suya, en la que, un poco a la manera de la Sagan, se da los buenos días, no a la tristeza, sino a la vida.
Sobre el amor
Decía Stendhal que "el amor es una maravillosa flor, pero es necesario tener el valor de ir a buscarla al borde de un horrible precipicio". Yo me he acercado a ese precipicio para traeros esa flor y evitaros el riesgo de caer a él. Espero que la disfrutéis.
También decía Pascal que "el amor es una palabra tan pequeña que hace sufrir tanto". Yo pienso que no es cierto, que lo que realmente hace sufrir es la falta de éste. Así que disfrutad del amor. Hoy y todos los días.
¡Feliz San Valentín!
P. S.: Los pingüinos, más que heterosexuales, son un estereotipo, lo sé. Pero resultan tan tiernos.
viernes, 7 de febrero de 2014
La Chona cumple años y entona un canto a Galicia, hey
Mi gata, que prometió no volver a asomar el hocico por este blog, pero ha decidido hacer una excepción por tratarse de ti, y yo, te deseamos que pases un feliz cumpleaños y sigas teniendo que aguantarnos durante al menos 100 más. Te queremos, chonita (por mucho que digas que me he vuelto un sentimental. Hay personas que lo merecen).
Poema analógico
Cualquiera que me haya leído sabe que como poeta soy un fraude, un cero a la izquierda, una caca de la vaca (vaya, pues escribid vosotros. No te jode), pero yo persisto en mi error (que quizás consista en publicar y exponerme a segundas lecturas). Aquí tenéis una prueba más de lo dicho:
Se interrumpe la vida
y todo queda igual:
Una pausa infinita,
ya sólo recuerdo,
cual foto que no cesaré de mirar.
Se interrumpió tu vida
y quedaste tal cual.
Esta broma infinita
de tenerte presente y saber que no estás.
Veo tus manos, que
acaricié tantas veces.
No las puedo tocar.
Tu sonrisa tornó
triste,
ahora fantasmal.
Me falta tu abrazo,
tus besos que olían a
días dichosos.
Me falta posar mi cabeza
en tu pecho
y escuchar el rumor de tu
mundo interior.
Se interrumpe la vida.
Ya nada es igual.
El poema es triste y un tanto simplón. Lo sé, pero a mí me gusta.
Aviso: Cualquier comentario crítico será eliminado, como corresponde hacer a gente petarda que no respeta mi obra. Como se suele decir, "a reírse, al parque". (Es broma, claro).
domingo, 2 de febrero de 2014
Tan inútil como la equinácea
Tengo la impresión de
que, en sociología, ha sido más estudiado el caso de aquellas
personas que tratan de ser aceptadas por la mayoría y pulen, por ello,
las aristas de su personalidad, que el de quienes, precisamente al
sufrir presiones para asimilarse a los otros, acaban por exacerbar
sus diferencias y convertirse en "perros verdes". Desde el
punto de vista literario, sin embargo, resultan infinitamente más
interesantes las segundas. Para quienes coincidan conmigo, les
presento a Aaliya, la protagonista de "La mujer de papel",
de Rabih Alameddine: Se trata de una anciana beirutí que nos narra
su vida a la vez que nos va enamorando con sus reflexiones sobre casi
todo: El amor, la soledad, el matrimonio, la religión, la guerra
(cíclica en su país), la amistad, el Líbano y un largo etcétera
llamado Literatura (nombres como Roberto Bolaño, Javier Marías, J.
M. Coetzee, Marguerite Yourcenar -"Memorias de Adriano" es
su libro favorito-, William Faulkner,...aparecen recurrentemente en
el discurso de la protagonista). De muy joven, sus padres la casaron
con un hombre al que ella se refiere habitualmente como el
"energúmeno" o el "impotente". No mucho tiempo
después, éste se divorció de ella con la típica fórmula de
rechazarla. Desde entonces, decidió vivir sola. Trabajaba en una
librería casi sin clientela que le facilitaba su mayor actividad: leer.
No resulta extraño que se defina con las siguientes palabras: Soy "una
gran lectora con un fastidioso dolor de espalda". Durante los
últimos 50 años se ha dedicado a traducir grandes obras, más bien
recientes, con el criterio de que no estén escritas en inglés o
francés. Y, como ella sólo conoce esos idiomas y el árabe, lengua a la que las transpone, ha de
realizar traducciones de traducciones, razón por la que no valora el
resultado de su labor silenciosa. Supone que, como ella misma, no
tiene ninguna importancia para los demás.
Probablemente sólo haya
querido a dos personas, Ahmad y Hannah, presencias habituales en la
librería en la que trabajaba. La historia de él nos habla de la
pérdida de la inocencia; la de ella, de un amor imposible y, por
ello, trágico, que resulta muy conmovedor.
No quiero desvelar gran
cosa de esta novela, para no estropeárosla. Así que os animaré a
darle una oportunidad compartiendo con vosotros algunas frases de las
muchas inspiradas que contiene:
"Queridos escritores
contemporáneos, hacéis que me sienta incompetente porque mi vida no
es tan clara y concisa como vuestra literatura.
Debería mandar cartas a
los escritores, a los talleres de escritura y a los editores. Estáis
estrangulando la literatura, dejándola sin vida, frase a frase,
todas hermosas, libro a libro, todos anodinos".
"No hay pérdida que
sintamos más profundamente que la pérdida de lo que podría haber
sido".
"Israel, ese
ridículo estado pigmeo rebosante de autoestima". (Aaliya aclara
que también considera el Líbano como un estado pigmeo, no se trata
de una cuestión patriótica).
"Silvio Berlusconi
[...] ese presumido con cara de rata". (Por si aún no lo habéis notado, una de sus actividades favoritas es quejarse).
El título original de
"La mujer de papel" ("An unnecessary woman") hace
referencia, sospecho, a la similitud poética entre la protagonista y
el Arte. Como dijo Oscar Wilde: "Todo arte es
completamente inútil".
P. S.: Espero que te haya
gustado la reseña, Paulette. No me juzgues con excesiva severidad. Y
gracias por darme a conocer esta novela.
miércoles, 29 de enero de 2014
¿Quién eres?
Dice Zadie Smith que
cuando escribe tiene que contenerse, porque, si no, acabaría siendo
tan poco clara como el Joyce de "Finnegans Wake". Si
obviamos lo pretenciosa que parece dicha afirmación, hemos de
coincidir con ella en que ciertamente se nota que le gusta jugar con
las formas, aunque más bien con aquéllas que resultan obvias. Nunca
nos perdemos respecto al significado de cada frase ni dudamos de qué
personaje habla. En su última novela, "NWLONDON",
encontramos dos caligramas y se imita el flujo de la conciencia.
Fuera de eso y de la estructura del libro, no podemos hablar de una
obra de la complejidad, por ejemplo, de "Las olas", de
Virginia Woolf. Sin embargo, considero que se trata de una novela
interesante, atrevida y en absoluto desdeñable.
En ella, se nos narran
varias historias, todas referentes a personajes nacidos y criados en
el mismo barrio conflictivo del noroeste de Londres (de ahí el
título): Leah, de clase media, ha conseguido salir adelante. Empatiza demasiado, por eso es fácil que le
tomen el pelo. Su mayor problema es que no quiere tener hijos y está
rodeada de personas que la presionan para que los tenga. Le sisa
píldoras anticonceptivas a su amiga Natalie, a la que conoce desde
pequeña. Ésta se halla casada con un hombre rico, abogado de
prestigio, guapo; sus hijos son educados,.. Básicamente, es uno el inconveniente que empaña esa imagen de familia idílica: que nada de eso la hace feliz. Conocemos a otro
personaje, Felix, por referencias, cuando ya ha sido asesinado, hasta
que se nos cuenta el último día de su vida. Trata de rehacerla.
¿Para qué? Es ésa una de las preguntas que parece sobrevolar esta
obra: ¿Para qué tanto esfuerzo por convertir nuestras vidas en algo
más, si podemos encontrar nuestro final en cualquier callejón? Y
es que, a pesar de algunos momentos de humor, "NWLONDON" es
una historia (muchas historias) dura. En un momento dado, se escribe
sobre un personaje: "Un músculo de esperanza quiso tensarse en
su interior, pero lo tenía debilitado por falta de uso".
Dice también Zadie
Smith, que ésta es una obra indirectamente política: No nos habla
de derechas o izquierdas. Sus personajes se mueven, opinan, toman
decisiones según su ideología. Unos piensan que los habitantes de
zonas depauperadas no hacen nada para salir de su miseria porque
sencillamente no quieren, otros que hay que ayudarles. Es la manera
de mostrarnos como seres políticos que tenemos en el día a día.
Quizás la más real. Yo también creo que hemos de juzgar a las
personas por sus actos, más que por sus palabras. Basta con repasar
las promesas incumplidas de los que fueron candidatos a gobernarnos
y ahora nos gobiernan para comprender a lo que me refiero.
Los personajes de
"NWLONDON" parecen deambular constantemente, sin llegar a
ninguna parte. Van al trabajo, discuten con sus parejas en
casa, quedan para cenar, llevan a los hijos al parque, visitan a sus
ex, visitan a sus padres, van en metro, en autobús, caminan,... Se
mueven y acaban preguntándose "¿Avanzar hacia dónde?".
Por eso, porque su autora
no pretende tener la solución a los problemas, tampoco concluye su
novela con un final que responda claramente a las dudas del lector,
ni siquiera sobre las intenciones de ésta. Nos muestra la superficie
para que intuyamos el fondo. Lo cual me anima a considerar que no es del
todo acertada la teoría que afirma que la literatura anglosajona de
calidad está acabada desde que se ha vuelto causalista y da una razón a cada cosa convirtiendo las obras en un mero cúmulo de obviedades. Existen todavía pruebas de lo contrario. Ésta es una.
jueves, 23 de enero de 2014
Coleccionando simetrías III: Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia
Ante el entusiasmo provocado por esta
sección, he decidido hacer un guiño a nuestro amigo
chileno Juan Melville, por si no le pareció suficiente la foto que
ilustraba la anterior entrada, nombrando una curiosa coincidencia entre la adaptación cinematográfica de "El corazón de
las tinieblas" y un clásico de la literatura universal.
Cualquier cinéfilo, qué digo,
cualquiera que haya estado en este mundo más de un minuto conocerá
la famosa escena de "Apocalypse Now" en la que helicópteros estadounidenses
sobrevuelan Vietnam a ritmo de "La cabalgata de las valkirias"
(lo de que sobrevuelen el país y suene música de Wagner es la parte
bonita. Por supuesto, no se conformaban con eso. Como se ve en la imagen,
también les da por trufarlo todo de bombas). Pues bien, no sé si el padre de Sofia
"mejor os hubiera ahorrado mis dos últimas películas"
Coppola, además de lector de Joseph Conrad, lo era del inmortal
Marcel Proust, tal es la enorme similitud que encuentro con algunas
líneas de "El tiempo recobrado": En plena Primera Guerra
Mundial, mientras los bombarderos alemanes ("gothas")
realizaban incursiones en los cielos parisinos, "a veces
resonaba la sirena como una desgarradora llamada de Walkure -única
música alemana que se oyera desde la guerra-".
Si no se trata de una "simetría", al menos, permitidme que lo califique de "parecido razonable".
P. S.: Resulta innecesario aclarar que la frase que da título a esta entrada es del genial Woody Allen. Como creo que a veces le falta un poco de humor a mi blog, terminaré con otra que resume a la perfección mi interés (más bien, la falta de él) por algunas dudas existenciales: " ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Hay posibilidad de tarifa de grupo?".
martes, 21 de enero de 2014
Mi país inventado: Château d´Espagne
Me pregunto si existe algún elemento en las novelas de aventura que predomine sobre la sensación de precariedad. Cualquier empresa que carezca de ella adolecerá de falta de épica y, sin ésta, no hay aventura que valga. Ésa es una de las conclusiones que resultan más evidentes de la lectura de "El príncipe de la niebla", de Martin Mosebach, obra ambientada en la Alemania de finales del XIX, cuando aún existían territorios "sin dueño" y los exploradores no eran meros turistas con ínfulas. Su autor aprovecha un episodio real de la historia colonial germana como excusa para el desarrollo de esta novela en la que un joven e inexperto aprendiz de periodista, Theodor Lerner*, se ve embarcado (nunca mejor dicho) en una expedición por mar cuyas razones de ser son dos: La públicamente reconocida, encontrar a un ingeniero perdido en el Ártico, y la secreta, conquistar la Isla del Oso para su explotación minera. Detrás de ello se encuentra un personaje cándidamente maquiavélico, la señora Hanhaus, estafadora con un concepto curioso de las relaciones sociales: Todos utilizamos a los demás en nuestro beneficio, sin importarnos la licitud o la moral de los medios, y todos somos conscientes de ello. Por eso, la señora Hanhaus no se siente culpable ante sus víctimas, pero tampoco exige responsabilidades a quienes tratan de timarla.
Lo que comienza como una narración a lo Julio Verne va convirtiéndose progresivamente en una detallada descripción del submundo de la especulación hasta, finalmente, transmitir una idea como aprendizaje tras todos los eventos que reseña: La vida en sí es precaria y es eso lo que la convierte en una aventura.
* Parece evidente la intención de Martin Mosebach a la hora de elegir apellido para el protagonista de "El príncipe de la niebla": Lerner significa "persona que aprende".
Destaco un pensamiento del director del periódico para el que trabaja Theodor: Considera que no existe prensa libre mientras ésta sea esclava de los sucesos del día a día, mientras deba esperarse a que éstos tengan lugar para informar sobre ellos y que "la prensa se libera del yugo de los acontecimientos, con su carácter azaroso, imprevisible e imponderable" cuando es ella misma la que "inventa los acontecimientos que relata". A través de críticas indirectas, aunque nada veladas, como ésta a determinada manera de entender las cosas, Mosebach da profundidad a un género a priori ligero, sin por ello olvidarse de entretener.
P. S.: Quienes no sepan francés, por favor, no traten de traducir literalmente la expresión "Château d´Espagne". Significa, aproximadamente, "castillos en el aire".
P. S.: Quienes no sepan francés, por favor, no traten de traducir literalmente la expresión "Château d´Espagne". Significa, aproximadamente, "castillos en el aire".
lunes, 13 de enero de 2014
Coleccionando simetrías II: Historias de la radio
He dudado mucho sobre si incluir esta cita en mi colección de "simetrías", de frases literarias sobre coincidencias, pero, al final, he decidido que me vale al menos para ironizar sobre la importancia de éstas. Se trata, en este caso, de una especie de espejismo:
"¿Coincidencia? El azar tiene límites. El DJ que hablaba por la radio en la cocina de Colin Hanwell no podía estar siempre entre dos temas. No podía estar siempre entre dos temas justo cuando Keisha Blake entraba en la cocina de los Hanwell. Ella hizo pesquisas. Pero el padre de Leah [...] no pareció entender la pregunta.
-¿Qué quieres decir? Es que no hay música. Es Radio 4. Solamente hablan".
NWLONDON,
Zadie Smith.
domingo, 12 de enero de 2014
Damas del teatro
Son
muchos los que han relacionado "Agosto", obra de Tracy
Letts galardonada con el Pulitzer de Teatro en 2008, con clásicos de
la dramaturgia estadounidense como Eugene O´Neill o Tennessee
Williams. Coincido plenamente con esa opinión. El hogar de los
Weston nos suena, es terreno conocido. Cinco años después
de su estreno en los escenarios, nos llega la adaptación cinematográfica.
Podemos leer esta obra
como una historia de mujeres a lo largo de tres generaciones:
Tercera: Abigail Breslin
(irreconocible "pequeña Miss Sunshine") interpreta a una chica
porrera de 14 años bastante pasota que empieza a cometer errores en
su vida, como enrollarse con hombres de 50 años.
Segunda, formada por tres
hermanas:
Julianne Nicholson:
Mantiene una relación que oculta a su familia. Como solterona, hasta
el presente se ha quedado a vivir en casa de sus padres, soportando el comportamiento desquiciado de éstos.
Julia Roberts:
Divorciada. Madre del personaje interpretado por Abigail. Su marido la ha dejado por otra mucho más joven.
Juliette Lewis:
Multi-divorciada y descerebrada. Ha aprendido a vivir sola, pero únicamente como paso
previo a tener pareja.
Primera, formada por dos
hermanas:
Margo Martindale: Casada
y presunto mayor apoyo de su hermana. Podría ser feliz, pero guarda un
secreto que lo hace imposible.
Meryl Streep: Madre de
las mujeres que forman la segunda generación y abuela de la de la tercera. Adicta a las
pastillas, fumadora con cáncer de lengua (cuando le preguntan si
debería estar fumando, contesta con un displicente: "¿Acaso se
supone que alguien debería fumar?"). Está amargada y no le
importa mostrarlo. Parece que su infancia desgraciada y su enfermedad justificaran su mala baba. O que viviera para sabotear su vida y la de quienes la quieren.
Todas estas mujeres (además de la chica que cuida la casa) y sus
parejas, todas sus frustraciones y sus odios, se reunen durante unos
días en el hogar de la matriarca como a la espera de que éste estalle en pedazos.
Los actores (los hombres)
están bien, incluso muy bien en los casos de Sam Shepard y Chris
Cooper, pero no dejan de ser comparsas de ellas.
Se trata de una magnífica
adaptación en la que su director evita el lucimiento personal. Tiene
claro que el material original es de primera y que su elenco de
actores de 5 estrellas lo sabe y es más que capaz de sacarlo adelante. Como consecuencia de ello, nos encontramos con unas
interpretaciones de lujo. Incluso Julia Roberts está impresionante.
Me creí hasta a Benedict Cumberbatch como oriundo de Oklahoma.
Destaco la banda sonora
de Gustavo Santaolalla, que acompaña la trama y la engrandece sin
ningún efectismo. Es tan hermosa que podría escucharse
independientemente de la película sin perder fuerza.
Sólo hay un "pero": Que los
productores obligaran a cambiar el final de la obra y ponerle un
pegote completamente innecesario, por fortuna corto.
En conclusión: Ha nacido
un clásico.
P.D.: Sé que ésta no es
una reseña muy elaborada, pero quiero que la gente vaya a ver
"Agosto" y he preferido no retrasar su publicación.
De ahí que parezca una entrada precipitada.
sábado, 4 de enero de 2014
Coleccionando simetrías I: El porqué de las cosas
Dicen que el hombre es un animal de costumbres. Heidegger lo definía como "un ser de lejanías". Por mi parte, añado que es un ser de obsesiones. Quienes me leen saben que una de las mías es la de fijarme en ciertas coincidencias casuales. He escrito ya en alguna entrada anterior sobre este tema, pero desde un punto de vista diferente al actual. En este caso, me propongo "coleccionar" referencias literarias a las simetrías vitales (algo que guarda cierto parecido con lo que hace Paulette Petras con su famosa Ciudad Sitiada, pero sin ánimo de plagio). Ir encontrándolas no depende de mí, por eso no sé si esta entrada tendrá continuación. Tan sólo puedo prometer que compartiré con vosotros todas las que vaya descubriendo. Estad atentos.
"Nos consuelan las simetrías que creemos adivinar en la vida porque sugieren un diseño donde no lo hay".
La gran casa,
Nicole Krauss.
"-¿Sabe usted lo que tienen en común las batallas de Salamis y Lepanto? [...] Ambas batallas navales tuvieron lugar en Grecia. Ambas constituyeron combates de Oriente contra Occidente. En ambas ocasiones, Oriente luchó contra una coalición. Y también, en ambas, Occidente se encomendó a la protección de una divinidad virginal: la estatua de Paladio y la Virgen del Rosario. En ambas batallas combatieron los dos poetas más relevantes de su tiempo: Esquilo y Cervantes. Los dos comandantes de Occidente habían nacido fuera del matrimonio: Temístocles y don Juan de Austria. Y ambos líderes fueron depuestos tras sus victorias. Los dos tenían la intención de fundar imperios en Oriente. Los dos fueron envenenados [...]
-¿Y qué se deduce de todo ello? [...] Muy bien, existen simetrías, pero ¿qué significan?¿Acaso lo que usted pretende haber descubierto tiene algún significado palpable? [...]
El capitán, confundido, guardó silencio. Todavía estaba obnubilado por su hallazgo, y se mostró desarmado ante el ataque de Lerner.
-No lo sé- dijo en voz baja".
El príncipe de la niebla,
Martin Mosebach.
Por último, añado una reflexión: Ya desde antiguo, la escuela pitagórica vinculó simetría y belleza. Así que, ¿por qué no pensar que quizás a algunos nos atraen este tipo de simetrías no porque creamos ver algún significado arcano en ellas, sino, simplemente, porque amamos la belleza que encierran?
P. S.: Esta vez, la foto no es mía. La elegí porque me pareció que resumía de manera hermosa el tema de esta entrada.
P. S.: Esta vez, la foto no es mía. La elegí porque me pareció que resumía de manera hermosa el tema de esta entrada.
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