viernes, 31 de mayo de 2013

Tierras reconquistadas al olvido

Hace algunas semanas envié un mensaje a un amigo informándole de que estaba leyendo "En busca del tiempo perdido". Le di mi opinión: "Es una obra sublime". Su respuesta fue la que merecía, algo así como: "SUBLIME, con mayúsculas, por favor". Y es cierto que ni siquiera ese término le hace justicia.
"Como decía ayer" (es una forma de hablar, claro), este mes toca "Combray", la cual se divide en dos partes: 
-Primera: El narrador recuerda, mediante la llamada memoria voluntaria, determinados hechos de su infancia, cuando su familia iba a pasar las vacaciones de Pascua en el pueblo de Combray (en realidad, se trata de Illiers, actual Illiers-Combray, donde pasaba dicha época del año Marcel Proust). Los recuerdos del narrador en esta parte son limitados, tan sólo se refieren al interior de la casa de una tía suya, en la que se alojaban él, sus padres, sus abuelos y algunas tías. Recibían pocas visitas. La de Carlos Swann (leo la traducción de Pedro Salinas, de ahí que no lo llame Charles) es la más destacada. Dichas visitas trastocaban los deseos del joven narrador, pues las noches que se daban, tenía que irse a la cama sin el ansiado beso de buenas noches de su madre. 
-Segunda: Es el momento de la famosa magdalena proustiana, la que en su edad adulta moja el protagonista en té y cuyo sabor le hace recordar, esta vez de manera involuntaria, algo que le es familiar. De repente, se da cuenta de qué es ese algo: cuando era niño, su tía Leoncia, una mujer neurasténica y pintoresca, lo obsequiaba con ese mismo tipo de bollo, mojado en té o en tila, dependiendo del estado de los nervios de su tía. Ese es el punto de partida que hace que se aparezca ante él el pueblo todo de Combray, con sus gentes y sus calles, sus casas y su iglesia (lo primero que ve el visitante cuando va llegando). Es como recobrar el paraíso perdido de la infancia, la época que marca el verdadero nacimiento a los sentidos del narrador: Se enamora por primera vez; aprende lo que es el arte y la necesidad de profundizar en las cosas para dotarlas de una mayor belleza; nos muestra la cotidianidad de Combray mediante comparaciones con obras literarias o pictóricas que elevan a sus vez las pequeñas anécdotas a la categoría de tipos, etc.
La novela está llena de personajes interesantes, divertidos, curiosos, cuya psicología es estudiada de manera genial. Toda ella es un canto a la belleza, a la vida calmada, a la infancia vista con nostalgia y como un momento clave en la formación de cualquier persona.
Si alguna vez me preguntaran en qué libro me gustaría vivir, es probable que contestara: "En Combray, durante las vacaciones de Pascua".

P.S.: Dejo mucho en el tintero, pero aún quedan 7 libros para hablar del estilo de Proust. Además, siempre trato de hacer entradas relativamente cortas y no demasido técnicas para que su lectura no se haga pesada. 

jueves, 30 de mayo de 2013

Escrito en el viento

Estaría bien saber que alguien siente hacia nosotros lo que transmite este poema. Eso sí, sin necesidad de morir previamente. (Debajo está la traducción, para los alumnos de Opening que se matricularon poco antes de su suspensión de pagos).

Funeral Blues- WH Auden

Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.

Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He is Dead.
Put crepe bows round the white necks of the public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.

He was my North, my South, my East and West,
My working week and my Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last forever: I was wrong.

The stars are not wanted now; put out every one,
Pack up the moon and dismantle the sun,
Pour away the ocean and sweep up the woods;
For nothing now can ever come to any good.

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Parad todos los relojes, cortad los teléfonos,
Impedid, con un jugoso hueso, que el perro ladre,
Callad los pianos y, con un apagado tamborileo,
Mostrad el ataúd, dejad que las plañideras se acerquen.

Que los aviones hagan círculos, gimoteando, sobre nosotros,
Garabateando por el cielo el mensaje: Ha muerto,
Poned crespones en los cuellos blancos de las palomas,
Dejad que los guardias de tráfico porten guantes de algodón negros.
Él fue mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste,
Mi semana de trabajo y mi descanso de domingo,
Mi amanecer, mi medianoche, mi voz, mi canción;
Pensaba que el amor duraría siempre: estaba equivocado.

No se desean ahora estrellas: apagadlas una a una;
Olvidaos de la luna y desmantelad el sol;
Lejos verted el océano y barred el bosque.
Pues ahora de ninguna manera pueden traer nada bueno. 

P. S.: Este hermoso poema, que aparece en la película "Cuatro bodas y un funeral", lo recojo del blog  http://obituariosurbanos.blogspot.com.es
Gracias a su autor. Está muy bien. Echadle un ojo.
Ah, en inglés es aún más hermoso, quizás en parte porque además rima.

martes, 28 de mayo de 2013

Leucina encefalina

Conocía lejanamente la obra del escritor australiano Peter Carey. Vamos, había visto la adaptación cinematográfica de "Oscar y Lucinda". Por eso, cuando me regalaron su última novela, "La naturaleza de las lágrimas", no sabía qué esperar. Para que eso no ocurra a mis lectores, que se cuentan por millones, con un ligero margen de error, les adelanto de qué va: Catherine Gehrig, la protagonista, es restauradora en el (ficticio) Museo Swinburne de Londres. Acaba de morir su compañero de trabajo Matthew Tindall, del que era amante desde hacía 13 años, o sea, toda una vida. Y eso es precisamente lo que siente que se ha ido con él: la vida que se habían construido juntos, en la que no había lugar para amigos, para familiares,... Tan solo, para ellos dos. ¿Cómo afrontar esa situación? Por sí misma, parece no poder. Por eso es su jefe quien le encarga un trabajo, la restauración de un autómata colosal, con la intención de que renazcan en ella las ganas de vivir mediante una nueva pasión. A partir de ahí, conoceremos otra historia igualmente apasionante, la del hombre que encargó dicho autómata con forma de cisne (él quería un pato) para salvar la vida de su hijo. Una historia que se remonta a casi 2 siglos atrás.
Nos hallamos ante una narración diferente, inteligentemente formulada, dividida en capítulos con el nombre de los protagonistas, Catherine y Henry, que nos habla desde el corazón: del sentimento de pérdida, del miedo a la muerte de un ser querido, de cómo aliviarlo en parte, del amor de pareja, del amor paterno y del amor al genio creador; de la amistad, de la sensación de aventura, de cómo influimos en las vidas de otros, de cómo nos desequilibran los sentimientos y un etcétera que podría llegar de aquí a Lima (me gusta esa expresión).
Vamos, que me ha cautivado. Tan sólo veo una pega: la traducción del título. El original es "The chemistry of tears", algo así como "La composición química de las lágrimas". Supongo que es menos comercial, pero se ajusta mejor al contenido de la novela. 
Después de leerla, me ha venido a la mente algo que considero reconfortante: todos tenemos a alguien a quien queremos o que nos quiere con la pasión que describe esta novela. Es bueno ser conscientes de ello.

lunes, 27 de mayo de 2013

Un amour à taire

Tengo una extraña tendencia: no suelo respetar a aquellas personas que no respetan a los demás. Ya sé, suena algo excesivo, pero uno no es perfecto. Por eso, cuando ayer vi la turba de presuntos homófobos que bañó las calles de París pidiendo que se prive a una parte de la población francesa de su derecho a casarse, no he podido ni querido evitar despreciar a esa presunta gentuza retrógrada que considera que sólo ellos han de gozar de determinados derechos y que, probablemente, querrían vivir bajo un gobierno presidido por la presunta neo-fascista Marie le Pen (ella niega serlo, pero, parecerlo, lo parece de aquí a Lima). Otra que me produce arcadas nada más aparecer en pantalla su sonrisa, que, como la de Montoro, evidencia su desprecio hacia las desgracias de sus conciudadanos. 
Ha tenido que ser un director tunecino, Abdellatif Kechiche, quien les recuerde a los franceses algo que muchos de ellos ya saben, pero que algunos olvidan: el privilegio que supone vivir en un país con un gobierno que respeta a las personas, sus derechos y sus libertades. Y es que, según él, lo que ha tratado de mostrar con su última película, la flamante ganadora de la Palma de Oro de la 66ª edición del Festival de Cine de Cannes, ha sido precisamente la libertad de que gozamos en los países civilizados para elegir a quién amamos, cosa que no ocurre en el suyo. Mis respetos.

P.S.: Por supuesto, la película a la que me refiero es "La vie d´Adèle". 

sábado, 25 de mayo de 2013

Tres tristes tigres

Me gustaría poder decir que descubrí por mí mismo al autor brasileño Michel Laub. Claro que también me complace tener amigos que me descubren obras dotadas del extraordinario valor literario de las suyas. Y es que, por mi cumpleaños, me regalaron ni más ni menos que 12 libros: uno de ellos, "Diario de la caída", la primera novela de este escritor publicada en España.
En ella se narra en primera persona (parece contener bastantes pinceladas de la propia biografía de Laub) la historia de una "caída", o sea, de un hecho en la vida del narrador, a la edad de 14 años, que lo ha marcado, convirtiéndolo en un fracasado emocional, además de en un alcohólico. Narra también la "caída" de su abuelo, judío prisionero en el campo de concentración de Auschwitz, que nunca pudo superar el recuerdo de sus días de cautiverio, cuya única ocupación tras éste parece ser escribir sobre el mundo que debió haber sido. Narra a su vez la "caída" del padre del protagonista, que también rememora en un diario su pasado (no entro en detalle sobre lo que le ocurre a este personaje, porque se descubre ya avanzada la novela). Las tres historias están interrelacionadas, casi como hechos causales. Casi.
A lo largo de la novela, se plantean múltiples cuestiones de gran calado: La influencia de la memoria en nuestras vidas y la tragedia de su pérdida; la herencia de traumas y miedos que muchos padres transmiten a sus hijos mediante la educación; la posibilidad de superar esos traumas y los adquiridos por uno mismo; la imposible viabilidad del ser humano (o eso afirma el narrador); la victimización del pueblo judío; el acoso escolar; la paternidad; el amor filial; el alcoholismo y la incapacidad del alcohólico de verse como realmente es; el amor a secas;...
Se trata, en suma, de una obra profunda, pero a la vez escrita de manera fluida (169 páginas que recuerdan formalmente otras novelas como "Seda" o la recientemente aquí reseñada "Tu rostro será el último", con muchas divisiones y subdivisiones: "Cosas que sé sobre mi abuelo", "Más cosas que sé sobre mi abuelo", "Cosas que sé sobre mí", "Más cosas que sé sobre mí", etc.), en la que podemos sumergirnos con la consciencia de no estar perdiendo nuestro tiempo. Excelente.
Por si quedara alguna duda sobre las intenciones de Michel Laub, éste dedica "Diario de la caída" a su padre.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Otro capricho

Añado esta foto de la cementera que me trae recuerdos de infancia.
Ya que la mostré de noche, hoy toca de día (aunque no en color. Así conserva su encanto).
Parece apartada del mundo, tan lejana. Igual que mi infancia, ya.
(Sueno cursi, pero recordad que éste es un blog sobre Literatura.
Hay que darle algo de aliento a las imágenes mediante la palabra).

Un capricho

Hoy es mi cumpleaños, o sea, que se me permite todo y se me aguanta más. Así que toca maltratar a mis lectores a base de fotazas. Ahí tenéis vuestro castigo. (Os recuerdo que mi blog pone la fecha que le sale de sus partes pudendas. En realidad, es 15 de Mayo. Sí, soy tan cinéfilo que cumplo años al tiempo que se inaugura el Festival de Cine de Cannes).
Espero que guste el "castigo".

sábado, 11 de mayo de 2013

Ciudad portuaria

El puerto de Arguineguín no es especialmente bonito, pero creo haber captado una imagen con encanto en esta foto nocturna tomada hace un mes. Titulo esta entrada con el nombre de una película de Ingmar Bergman con la intención de teñir la foto con una pátina artística, aunque sea mediante el reflejo de las turbias aguas del cine del genio sueco.

viernes, 10 de mayo de 2013

À perdre la raison

Ya he dejado dicho en una entrada anterior que valoro sobremanera la forma en que una historia es contada. Tanto para bien, como para mal. Y el caso de la última película de Terrence Malick es el de para mal. Veamos a lo que me refiero: "To the wonder" muestra cómo un hombre (Ben Affleck) y una mujer madre soltera (Olga Kurylenko) viven un amor de anuncio de perfume en un París de postal. Todo es hermoso, todo está primorosamente filmado. Pero hay algo que no acaba de cuadrar. Hay un exceso de euforia, incluso un infantilismo en ella. Luego deciden irse a vivir al país de éste, a un pueblo medio desolado, un tanto aséptico, en el que poco a poco la felicidad va quebrándose. La hija de ella quiere volver a Francia y se van ambas. Pero la madre acaba regresando a EEUU (mientras, él ha retozado un poco con un antiguo amor). Entonces ya todo se ha acabado. Ella pasa de los estados de euforia a los depresivos. Y así hasta rozar la locura (incluso busca consuelo en la religión).
La historia, de marcado carácter autobiográfico (da la impresión de que Malick quisiera ajustar cuentas con su pasado), no está mal, resulta interesante. Sólo que las imágenes son reiterativas, la cámara corre en pos de los actores de manera cansina y constante (me costó horrores terminar de ver la película), los diálogos son casi susurrados (sólo la actriz italiana habla de manera normal, único momento en que pude descansar el oído, tras tanto aguzarlo), no hay un plano encuadrado de manera clásica (o sea, encuadrado de verdad), la historia es más insinuada que contada, se plantea la cuestión de la fe de una manera que ya ha sido planteada anteriormente con mucho mayor acierto y profundidad, por ejemplo, por Unamuno en "San Manuel Bueno, mártir" (ese cura que quiere creer, mas es incapaz de ello, encarnado penosamente por Javier Bardem en una de las peores interpretaciones de su carrera), etc.
En suma, quitando muchas cosas, todas formales, (dos de ellas serían media hora de metraje y el uso abusivo de la steadycam) y subiendo la voz los actores, a este gran director le habría quedado una obra disfrutable y no una gran plasta pseudointelectual. Pero él prefiere seguir por este camino en el que parece estancado.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Propósito oportuno


El año pasado, cuando uno de mis dos mejores amigos cumplió años, le regalé la edición en un solo tomo de "À la recherche du temps perdu", la cual tiene más de 2400 páginas y de la que muchos pensaron que era un magnífico libro con el que calzar la pata coja de una silla. La cuestión es que yo aún no lo he leído (la versión en castellano, pues mi nivel de francés es muy básico), así que, dado que este mes quien cumple años soy yo y que "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust, está dividido en 7 novelas, una de las cuales, la primera, es subdividida tradicionalmente en 2 partes, he pensado que éste sería el momento adecuado para cumplir mi propósito mil veces postergado de leer esta obra cumbre de la Literatura Francesa, a ritmo de una parte cada mes, o sea, durante lo que queda de año. Y lo dejo por escrito para que todos os podáis burlar de mí si no lo consigo. 
Así pues, este mes (ya mayo, a pesar de lo que diga mi blog) toca "Combray", de "Por el camino de Swan". Será casi una relectura, pues lo he comenzado varias veces y todas me ha gustado. Lo he dejado más bien porque soy algo dilettante. Trataré de ser más formal esta vez.

domingo, 28 de abril de 2013

A los que aman

Para quienes no la conozcan, os invito a leer la bellísima, muy sensible y cercana poesía de José Ángel Buesa.

Poema del renunciamiento
 
Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor, y al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte ... y jamás lo sabrás.
Soñaré con el nácar virginal de tu frente;
soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar;
soñaré con tus labios desesperadamente;
soñaré con tus besos ... y jamás lo sabrás.
Quizá pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca ... y jamás lo sabrás.
Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos ... y jamás lo sabrás.
Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-el tormento infinito que te debo ocultar-
yo te diré sonriente: "No es nada ... ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima... ¡y jamás lo sabrás!

sábado, 27 de abril de 2013

Naturaleza viva o Las flores del bien


Como me parece una descortesía hacia mis muchos lectores estar tanto tiempo sin publicar, ahí os dejo unas fotografías que muestran la belleza que nos rodea. Espero que os transmitan la paz que a mí me transmiten. (Ah, no están editadas. Y sí, las hice yo. Por eso no están muy bien encuadradas).

Una pequeña historia real: El tubérculo violeta se llama Jacinto. Lo encontré en Carrefour. Tenía el tallo torcido hasta el punto de que sus flores caían completamente sobre la superficie donde se hallaba. Pensé que, en ese estado, nadie lo querría y me dio pena. Por eso, decidí llevarlo conmigo a casa.

lunes, 15 de abril de 2013

La música del azar

"Diario de invierno" es el segundo libro de memorias de Paul Auster, marido de Siri Hustvedt, también escritora. Creo que el primero fue "El cuaderno rojo", pero no puedo asegurarlo.
Como su título deja entrever, su autor llega al invierno de su vida. Ya ha cumplido 64 años y decide reflexionar sobre ciertos momentos que considera importantes en ella. La muerte de su madre, algo de la de su padre, sus esposas (sólo tiene buenas palabras para la actual. Parece una relación perfecta), que se le rompió el preservativo con una de sus parejas, ella se quedó embarazada y decidieron que abortara, recuerdo que lo acompaña a menudo desde entonces. También hace referencia a sus hijos, a sus múltiples viajes, a sus dolencias (la descripción de su pene circuncidado y purulento tras pillar gonorrea es digna de no figurar en ningún libro. Pero a ello le suma la de las ladillas que también tuvo), las 21 viviendas en las que ha habitado (para mí, de lo mejor de esta obra irregular). Habla de la familia noruega de su esposa, de la importancia del azar (tantas muertes son producto de él: "cada vida está marcada por una serie de accidentes fallidos, [...] todo aquel que haya llegado a tu edad ha eludido una serie de posibles muertes absurdas y sin sentido", son palabras de Auster que están llenas de sensatez). Su madre le decía: "Qué hombre tan maravilloso sería tu padre... con que sólo fuera de otra manera". Y es cierto que en algunas personas vemos un potencial que nunca llega a cuajar. 
Resulta interesante leer estas reflexiones que parecen escritas sin pretender darles una determinada forma, como pequeños proyectos con un solo hilo conductor: el de los recuerdos. Eso es lo que puedo decir de este diario: que su lectura me ha interesado, sin llegar a ser cautivadora. Aunque probablemente vaya creciendo con el tiempo mi aprecio por él. Muchas de las semillas intelectuales que su autor ha plantado en mí aún pueden tardar en germinar.

domingo, 14 de abril de 2013

La broma infinita


Hace aproximadamente un mes, se estrenó en España la segunda película de Josh Radnor: "Amor y letras". La primera me dejó bastante frío, pese a las buenas críticas. Ésta me ha llegado por momentos. Os cuento la historia: Jesse Fisher, antiguo estudiante de letras, vuelve a su universidad para asistir a la fiesta en la que se rinde homenaje a uno de sus antiguos profesores porque éste se va a jubilar. Ahí conoce a una joven universitaria que se enamora de él. Bueno, ese es el punto de partida. Ello sirve para que Radnor, guionista, director y protagonista del film, divague sobre la madurez, o la inmadurez, de los treintañeros, el debate sobre cultura basura/cultura con letras mayúsculas, el amor intergeneracional, la pérdida de la ilusión, la amistad, la depresión, las ganas de vivir, lo fabulosos que son los años de estudiante,... Lo cual es desarrollado de manera imperfecta y egocéntrica por su director. Y es eso precisamente lo que más me ha gustado de "Amor y letras": que su autor ha hecho la película que él querría ver, sin miedo a los defectos. Por eso transmite vida.
Se trata de un film ligero, pequeño, pero agradable de ver.
Para quien no pille el título de esta entrada, es también el del libro favorito del protagonista. Uno de los personajes, depresivo, no para de releerlo y Jesse le recomienda que pare, que se relacione con gente, que viva. Porque, al fin y al cabo, su autor, David Foster Wallace, acabó suicidándose y no es un modelo a seguir. Vamos, que mejor no obsesionarse con nada o acabaremos respondiendo lo que otro de los personajes cuando le preguntan qué le ocurre, por qué está tan amargada. Ésta responde: "La vida, me pasó la vida". (Vaya entrada alegre me ha quedado).

miércoles, 3 de abril de 2013

Deseo de año nuevo tardío

La foto lo dice todo.


La ciudad y el pilar de sal

No voy a engañaros, hoy no hablaré sobre el clásico de Gore Vidal. Tan sólo ocurre que los libros de autoayuda me parecen tan aberrantes, que quiero compartir con quienes no lo conozcan un poema que es precisamente lo contrario de la autoayuda. Se trata de "La ciudad", de Kavafis:

Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón - como un cadáver - sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.

sábado, 30 de marzo de 2013

Al otro lado


Como éste es también un blog sobre fotografía y creo que ésta de la cementera de Arguineguín me ha quedado bonita, allá va. No se ve tan bien como querría, pero es que no soy un profesional. Tampoco lo es mi cámara.
Me llama la atención que esta inmensa mole pueda llegar a transmitir una cierta idea de belleza. Está ahí desde antes de que yo naciera y ahora parece que podrían cerrarla (cosas de la crisis), pero siempre formará parte de mis recuerdos de infancia. Absurdos recuerdos, que nos vuelven hermoso incluso aquello que quizás no lo ha sido.

lunes, 25 de marzo de 2013

Eclipse total



Hace unos años, se estrenó una película basada en una novela de Stephen King, cuyo título en inglés era "Dolores Claiborne", pero como al distribuidor no le parecía muy comercial, le dio por llamarla "Eclipse total", por lo que cuando se exhibió en España "Total Eclipse", de Agnieszka Holland, tuvieron que cambiarle el nombre. Aquí recibió el de "Vidas al límite".
Pero hoy hablaré de otra obra con ese mismo título: el último libro de Juan José Millás. Se trata de una selección de sus mejores reportajes publicados por El País, con prólogo plúmbeo de Ángel Gabilondo (recordemos que el ex-ministro ha sido profesor de asignaturas tan entretenidas como son Metafísica, Hermenéutica y Teorías de la Retórica y Pensamiento Francés Contemporáneo. Como diría Joaquín Reyes: "Todas ellas con mucha salida"). Estos reportajes, casi en su mayoría, consisten en realizar una "sombra", o sea, un seguimiento del día a día de una persona, que puede ser un ama de casa (su hijo es hiperactivo y tiene déficit de atención), Penélope Cruz en su barrio con su madre, un sordo-ciego, Pasqual Maragall y su fundación de lucha contra el Alzheimer,... Pero también puede tratarse de las víctimas de la guerra en Sierra Leona o del Japón post-Fukushima, en cuyo caso, más que ante una "sombra", nos encontramos ante un fresco. Se trata sobre todo de acercarnos a estas vidas al límite de personas cuya jornada supone un reto. Se trata de recordarnos las situaciones por las que atraviesan esas personas. El problema es que básicamente es eso: un recordatorio. Porque el reportaje sobre Penélope Cruz recuerda a otros que le han hecho (incluso los del programa "60 minutes" de ABC la han acompañado a Vallecas); el de Sierra Leona es muy parecido a lo que cuenta la película "Rebelle", nominada este año al Oscar a mejor película de habla no inglesa; el de Pasqual Maragall cuenta lo mismo que el documental "Cuchara, manzana, bicicleta"; y así con todos. Hay algunas novedades, por supuesto, pero no las suficientes. Además, da la impresión de que no hubiera un trabajo de investigación, sino de recolección de datos sin criterio. Cuando una organización aporta una información, no parece contrastada por el autor. 
En suma, no se trata de un mal libro, pero sí de una obra redundante.

domingo, 24 de marzo de 2013

Antes de la boda

Más que una crítica a la última película de la directora danesa Susanne Bier, esta es una petición: Ya has perpetrado varios intentos de comedia romántica, querida Susana, y has demostrado tu absoluta incompetencia en ese terreno. En cambio, los dramones te salen para chuparse los dedos. ¿Por qué no eres buena y te dedicas a lo tuyo?
Y es que la misma cineasta que nos desasosegó con la impactante "Hermanos"; la que nos acercó al mundo infantil y nos mostró que no todo es color de rosa en él con "En un mundo mejor"; la que formó parte del movimiento "Dogma 95" de manera destacada con "Te quiero para siempre", también hace comedias. Mejor dicho, presuntas comedias o comedias chungas. Probablemente, nos encontremos ante una de las peores: "Amor es todo lo que necesitas". La cuento por encima, a ver qué os parece. Comienzo diciendo que el protagonista es Pierce Brosnan (y pensar que, pese a todo, no es lo peor de la película). Otro dato destacable es que, para darle un punto ligero, los colores están saturadísimos. Llegan incluso a dar un tono azul casi eléctrico al mar, sin percatarse de que el blanco de un crucero que se ve a lo lejos aparece también teñido de azul. Supongo que a nadie le importaba lo que hacían.
Pues, a lo que iba: Una peluquera se está recuperando de un cáncer (de hecho, el título original del film es "La peluquera calva"). Cuando llega a su casa de una revisión, se encuentra a su marido con otra mucho más joven que ella (sí, a mí también me cruzó por la cabeza la expresión "Hay que ser hijo de puta"). Esto ocurre justo el día antes de que el matrimonio tuviera que viajar de Dinamarca a un lugar idílico en la costa italiana para asistir a la boda de su hija. No dejan de hacerlo, pero por separado. En el aeropuerto, ella choca su coche con el del padre del novio de su hija y, a partir de ahí, todo son felices coincidencias. No diré más, porque sería estropear el final a los que no hayan visto el cartel de la película o tan siquiera la fotografía que ilustra esta entrada. (Vamos, chicos, no es tan difícil adivinar cómo acaba la película, que el guionista puso el piloto automático).
Para terminar el comentario a esta infamia en la carrera de Susanne Bier, animo a que veáis sólo sus melodramas. Aunque no lo parezca por este experimento pop tan comercial como frustrante, es una de las grandes directoras del cine actual.

P.D.: Por si es necesaria la aclaración, lo de "Antes de la boda" va porque Susana tiene una película titulada "Después de la boda" que fue candidata al Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2007. Aunque yo prefiero "Cosas que perdimos en el fuego", su única experiencia estadounidense hasta que este año estrene "Serena".

lunes, 18 de marzo de 2013

Volare

     
    Allá van dos fotos injustificables. Sólo puedo decir que ya llevaba días sin publicar y tenía morriña. Las 2 son un poco extraterrestres y demuestran mi patológica tendencia a editar. Espero que después de esta entrada, que no titulo "Crónicas marcianas" por si tengo algún lector con cierta incultura y piensa que me refiero al programa de Sardá, mi casa no se convierta en lugar de peregrinación de ufólogos. (Mi miedo, realmente, era que Carmen de Mairena e Íker Jiménez se presentaran a mi puerta cogiditos de la mano y llenos de ilusión. La mera imagen me provoca pesadillas. Bueno, me provoca, a secas).


miércoles, 13 de marzo de 2013

Habemus Papam


Como no nos bastaba con uno, parió la abuela.
(La foto es de una visita de Benedicto, el emérito, a Barcelona).


Esa cara lo dice todo.Yo apostaba por Michel Piccoli, para que luego renunciara.

La mujer del cuadro


Una mujer pinta un lienzo ante un cuadro de Brueguel, tan sólo fijando su atención en uno de los muchos personajes que lo pueblan: otra mujer a la que, como a ella misma, le falta una pierna, la contraria de la suya, como si se tratara del reflejo que ofrecería un espejo. Podría haber posado su mirada sobre el resto de personajes. Podría haber analizado lo que hacen, cómo son, lo que son individualmente, cómo interactúan,... Así tendría una visión de conjunto que contara una historia.
João Ricardo Pedro parece adoptar ésta última postura en su primera novela, "Tu rostro será el último", dividida en siete partes, subdivididas a su vez en pequeños relatos con títulos alusivos a lo que cuentan, anécdotas o retazos de vida, que acaban componiendo un libro en el que se desarrolla la historia de una familia, desde el abuelo, médico que se instala en un pequeño pueblo luso con nombre de mamífero, hasta el nieto, dotado de un don para la música, que deja de tocar porque entrevé en las notas que salen de su piano muerte y soledad.
De João Ricardo Pedro, hemos oído y leído que era un ingeniero en paro que decidió ocupar su tiempo en la escritura de una novela. Que la presentó al Premio LeYa en la edición de 2011. Que ganó y se convirtió en un fenómeno editorial en Portugal. Reducir al autor de "Tu rostro será el último" a esta anécdota sería una torpeza. Y es que João Ricardo Pedro es mucho más que un simple estereotipo usado por el marketing. También es un gran escritor y su novela es una de las mejores que he leído. Imposible hacerle justicia con palabras.

domingo, 10 de marzo de 2013

Tan lejos, tan cerca


Ya pasaron los Goya y pasaron los Oscar. Incluso, pasó el Día de la Mujer. Pero, como hace no mucho vi "Hitchcock", que habla de la importancia de Alma en la obra del llamado "genio del suspense", me ha llamado la atención que tanto en una gala como en la otra se premiara a directores con esposas asiáticas. Está clara la aportación de la mujer de Pablo Berger a su obra. En cambio, la de Ang Lee no creo que esté aportando gran cosa. La cara de pánfila no ayuda a que la tenga en alguna estima. (Después de calificar su cara, todos habéis mirado la foto de la derecha. Admitidlo. Pues, habéis acertado. Es ella). Como dije hace unas cuantas entradas, "La vida de Pi" me parece un horror.
En cualquier caso, prefiero que el cine español, si tiene que parecerse a alguno, sea al asiático.

miércoles, 6 de marzo de 2013


Contrariamente a lo que pueda parecer, esta entrada no hace referencia a la película chilena que este año optó al Oscar como mejor película de habla no inglesa (que recomiendo a mis lectores), sino que viene a constatar con tan solo una imagen la negativa de mi gata a someterse a más sesiones fotográficas. Aquí está la prueba: cierra los ojos a cada intento mío. Mira que le he leído las muchas peticiones recibidas, pero se mantiene en sus trece. Dice que no quiere adueñarse del blog. Así que, lo siento, chicos. Trataré de complaceros respecto a cualquier otro requerimiento.

Ese oscuro objeto del deseo

En más de una ocasión me ha asaltado una sensación, la del abismo que existe entre mi vida y la de los otros. En particular, al pararme a observar alguna casa y preguntarme por lo que estaría ocurriendo en ella. Es todo un misterio que nunca podré desentrañar. Sólo en una obra de ficción, o si uno tiene serios problemas mentales, alguien podría atreverse a introducirse en ese ámbito vedado con el único interés de saber más. Sólo autores con fuertes inquietudes intelectuales se atreven a crear una obra que hable de algo tan peregrino.
François Ozon, director irregular, pero siempre interesante, adapta libremente la obra "El chico de la última fila", del madrileño Juan Mayorga, en su última y, probablemente, mejor película: "En la casa". Nos encontramos ante un film con múltiples referentes y lecturas, que se plantea preguntas y se las plantea al espectador. Clara es la referencia a "Teorema", de Pasolini, con ese objeto de deseo que desestabiliza el hogar en que entra. También, aunque no se nombre, "La ventana indiscreta", de Hitchcock, y su carga de intriga, son evocadas en esta obra perfecta.
La historia que cuenta es sencilla: Un profesor de lengua, desalentado por la mediocridad de sus alumnos, les pide que escriban un pequeño relato sobre lo que han hecho el fin de semana. Uno de dichos relatos destaca por la madurez que refleja, y a la vez por su carga de cinismo, muy en la línea de Céline ("Viaje al fin de la noche" aparece fugazmente entre las lecturas del profesor). El texto termina con un "Continuará...". Y continúa peligrosamente.
¿Ante qué nos encontramos? ¿Es ésta una relación mentor-alumno? ¿O se trata de una atracción que va más allá? Y, si va más allá, ¿las conotaciones son sexuales o paterno-filiales? En todo caso, la película nos habla de la creación literaria, de la metaficción, de las frustraciones vitales, del mundo que se esconde más allá de nuestras narices, de cómo hay quienes miran al abismo y no pueden evitar tirarse.

lunes, 4 de marzo de 2013

Un gato en París




Por si a alguien le parece que estoy publicando demasiadas fotos privadas, es que se trata de un blog dedicado a la literatura, el cine y mis fotazas.
 
Las figuras son regalos que he hecho a mi madre. Son muy recurridas.
(Ah, la peli a la que hace alusión el título de la entrada no está mal).

Parecidos razonables


¿Soy yo el único que piensa que estas dos preciosidades posan igual? Vaya forma de mirar a la cámara.

La cena


Resulta imposible ver "El nombre" sin recordar su precedente más reciente: "Un dios salvaje". Y es que nos encontramos ante una película basada, y se nota, en una obra de teatro que transcurre casi enteramente en un solo espacio, el piso de Élizabeth y Pierre, que han invitado a cenar al hermano de ésta, Vincent, a su mujer y a un tercero que guarda un as en la manga: no es tan anodino como parecía. Vincent va a ser padre y anuncia el nombre de su futuro hijo mientras esperan que llegue su esposa. El nombre es Adolphe. Quizás demasiado similar a Adolf. El resto de los presentes, intelectuales de clase media, no pueden admitir que se marque a un niño con ese nombre: se trata de un insulto a las víctimas del Holocausto, una ofensa a la Resistencia. Imposible.
Así da comienzo una cena plagada de equívocos, con unos diálogos ágiles, divertidos, ingeniosos, cultos,... En medio de las discusiones, los protagonistas comienzan digresiones sobre el significado de una palabra mal empleada, cosa que parecería absurdo, pero que yo mismo he vivido. Y no por ello deja de serlo. (Quizás sea ése el momento en el que debamos darnos cuenta de que la disputa se ha vuelto banal, pero aún así, no paramos. Está claro que los psicólogos tienen mucho trabajo que hacer con las clases medias con pretenciones intelectuales y, en general, con la especie toda).
Los intérpretes están soberbios. Tan creíbles, tan intensos. La dirección se nota cuando debe notarse. La voz en off aparece al principio y al final, tan sólo cuando resulta imprescindible. Casi no hay música y no se echa en falta.
No soy un amante de la comedia francesa, pues suele ser chavacana y aburrida. Pero cuando aparece una comedia inteligente como ésta o como "Los nombres del amor", no puedo hacer otra cosa que recomendarlas fervorosamente. Olvídense de los prejuicios. Seguro que se divertirán y que, en algunas situaciones, se verán reflejados.

sábado, 2 de marzo de 2013

Por petición popular


Vaya, parece que a mis lectores les interesa más ver fotos de gatitos, que leer sobre literatura y cine. Si no, no me explico que tantos de ellos hayan pedido volver a ver a esta hermosura. Allá va. Pero esta es la última. Tiene muchas cosas que hacer como para estar posando todos los días.

jueves, 28 de febrero de 2013

Mi gata hace miau


Foto exclusivamente para amantes de los felinos. Que nadie piense que mi gata se ha hecho un perfil para ligar. Más bien, se tiene que quitar los machos de encima. No literalmente, por suerte. Pero es que es tan linda, que quería que la vieseis. (Vale, la relación con el blog es difícil de establecer. Pero, ¿acaso lo necesita para salir en él?).
P.D.: Lo sé, tanto ella como yo podríamos ser modelos de manos.