miércoles, 31 de julio de 2013

Historia de dos ciudades


"En busca del tiempo perdido" es como el Guadiana: aparece y desaparece (de este blog), sólo que con periodicidad mensual. Su última aparición tiene lugar bajo la forma de "A la sombra de las muchachas en flor", obra que, si careciese del marchamo de clásico, probablemente causaría controversia actualmente por representar el amor que realmente no se atreve a decir su nombre: El amor-atracción-tabú hacia las adolescentes (el narrador, desde su presente adulto escribe: "acaba uno por no gustar sino de las muchachitas muy jóvenes, en cuyos cuerpos aún está laborando la carne como preciosa pasta" y "Esa plasticidad presta suma variedad y encanto a las amables atenciones que con nosotros tiene una muchacha"). Cierto es que su autor también muestra, aunque no con muy buenos ojos (típico disimulo de quien no quiere verse reconocido como tal), el amor entre personas del mismo sexo. (Recordemos que Proust llegó a batirse en duelo por haber sido tildado de homosexual).
Esta obra, que en 1919 obtuvo el Premio Goncourt, está marcada por el número dos. Y es que, no sólo se encuentra dividida en dos partes, sino que transcurre en dos ciudades, en dos ambientes diferentes; narra, básicamente, dos historias de amor, mostrando dos visiones distintas de éste; dos son los artistas que ayudan a educar el gusto por el Arte del protagonista (Bergotte y Elstir. El uno, escritor; el otro, pintor), etc.
Resumamos la novela:
Primera parte: Nuestro narrador de cabecera, enamorado desde el libro anterior de Gilberta, adolescente de 14 años (aproximadamente la misma edad de éste en la época en que transcurre la acción) e hija de los Swann, trata de introducirse en su ambiente íntimo, en su casa, hasta que consigue asistir habitualmente, y casi como invitado de honor, a las tertulias cultas y pretenciosas que celebra Odette. Se trata de unas reuniones de salón a imagen y semejanza de aquellas a las que ella asistía en casa de los Verdurin. Pero Gilberta es una joven que transmite señales equívocas: no se sabe si corresponde o no al protagonista. Ora se muestra amable, solícita, atenta; ora displicente y cruel. Ante esta incertidumbre y tras un feo que ella le hace, el narrador decide dejar de verla y, finalmente, su amor, que parecía tan intenso, deja de existir casi por propia voluntad, como algo calculado paso a paso. Es en este momento, con el corazón vacante, cuando un amigo judío (la madre de Proust también lo era y la quería mucho, pero la visión antisemita que ofrece él de dicho pueblo parece acorde con la propia de su tiempo, que acabó dando como resultado el genocidio de éste) le descubre algo que desconocía: las mujeres gustan, como él, del placer sensual. De esta manera, se abre para el protagonista un mundo nuevo: el de la atracción múltiple. Va a casas de citas y, ya en la segunda parte, no para de extasiarse ante cada muchacha hermosa que pasa fugazmente a su lado. Todo ello ocurre en los ambientes aristocráticos de la capital francesa.
Segunda parte: El narrador, cuya compañía más constante es su débil salud, se desplaza con su abuela y su criada "heredada", Francisca (siempre divertida con su pintoresca manera de entender la vida y sus muestras de ingenuidad), a un hotel a pie de playa en la ficticia ciudad de mar de Balbec. Allí conocerá a una variada fauna propia de los balnearios: desde aristócratas a burgueses. Pero destacará una cuadrilla de amigas adolescentes, atolondradas, bellas y dispares. Sobre ellas, la más notable es Albertina, de la que acaba enamorado (afirma el autor que "hay una cierta semejanza, aunque vaya evolucionando, entre las mujeres que nos enamoran sucesivamente, semejanza que proviene de la fijeza de nuestro temperamento, puesto que él es quien las escoge y elimina a todas aquellas que no sean a la vez opuestas y complementarias, es decir, adecuadas para dar satisfacción a nuestros sentidos y dolor a nuestro corazón"). Palabras estas últimas que son síntoma de lo que acabará ocurriendo con Albertina: que el narrador no conseguirá lo que se proponía. Pasarán los días y volverá a fijarse en la cuadrilla de amigas en conjunto, o más bien, como miembros intercambiables, de cuya compañia puede disfrutar. De esta manera, llegará el final del estío, las muchachas en flor volverán a sus casas y las vacaciones en Balbec habrán terminado.
Sobra decir que Proust vuelve a cautivar con la belleza de sus palabras, con la actualidad de los temas que plantea y con muchas otras cuestiones. Pero lo que más profundamente queda en mí, inesperadamente, es la sensación de que es un magnífico libro para leer en verano, con todo el sabor de esas vacaciones juveniles que pasamos en la playa disfrutando de sensaciones que no se dan el resto del año o en otros ambientes. Quizás ni siquiera en otras épocas de la vida.

martes, 30 de julio de 2013

Tras duras negociaciones,...

He tenido incluso que rogar a mi gata para que posara nuevamente. Es tal la avalancha de peticiones de sus seguidores, que ha acabado por claudicar y, sin que "sirva de precedente" (cito textualmente), la vemos de nuevo en este blog. Se trata de una sola foto, pero dado el atrezzo utilizado en ella, acabó declarando: "No vuelvo a posar ni harta de pienso". Si os fijáis, ni se digna mirar a la cámara. Y es que tiene un carácter que ni Bette Davis cuando le quitaban la cajetilla de cigarrillos. Sospecho que en otra vida (cinematográfica) fue Norma Desmond.

viernes, 26 de julio de 2013

Arte Sacro


Sin que sirva de precedente, con esta foto no pretendo blasfemar. 
Tan solo me pareció una imagen bonita.

jueves, 25 de julio de 2013

Del fondo del mar

Últimamente parece que mi afición a la fotografía está ganando terreno. Pero es sólo apariencia. Pronto llegarán algunas reseñas de libros. No desesperéis.
¿Qué será esa luz que se eleva desde el mar hasta el cielo?
(Como si cupiera duda de que es un efecto de edición.
La foto me ha quedado como una alfombrilla para el ratón).

Regreso al futuro


Resulta tan decepcionante ver cómo pasan los años y la Sagrada Familia sigue rodeada de grúas, que he decidido, con una cutre labor de edición, hacerme una idea de cómo será cuando esté terminada. Y la verdad es que será un bellezón. Sólo podría ser más hermosa, si en ella se mostrara devoción por santos como Santa Katharine Hepburn, Santa Greta Garbo, San Cary Grant, San James Stewart,... Beatos como Vittorio de Sica, Luchino Visconti,... Mártires como Pier Paolo Pasolini, Montgomery Clift,... O se adorara al único dios: Billy Wilder.
A ver si consigo encontrármela así algún día sin necesidad de retoques.

miércoles, 10 de julio de 2013

Lo bello y lo triste


No sé qué me lleva a ver belleza en paisajes como éste, ejemplo de la degradación del planeta.
(Luego diréis que sólo me gustan las fotos cursilonas. También me gustan las frases cursis.
Ah, la hice cuando iba al trabajo, así que tampoco pidáis mucho).

 

martes, 9 de julio de 2013

Rumor has it


He oído que andan diciendo por ahí que retoco mis fotos. Por si alguien cree que esos rumores son infundados, les doy motivos para creerlos con la publicación de esta foto de una escultura que hay cerca de mi casa. Juro que el sol no sonreía, pero la escultura realmente parece correr en pos de él como si persiguiese al verano que prácticamente acaba de llegar.
Espero que os guste el resultado. Llevaba tiempo sin publicar fotos sin que viniera a cuento.

Imitación a la vida


Giuseppe Tornatore es un director que me resulta curioso. Me parece que manipula al espectador con su sensiblería habitual; pero a la vez lo respeto tremendamente, porque, a pesar de ello, o gracias a ello en parte, es capaz de realizar películas que me llegan: Lo consiguió con "Nuovo Cinema Paradiso", con "Malena" y con "La sconosciuta". Todas ellas multipremiadas, aclamadas por la crítica y, posteriormente, despreciadas por una parte de ésta.
De su última película, he leído que podría haberla filmado Roman Polanski. Se ha llegado a un punto en el que no se puede hablar bien de Tornatore sin tener que justificarse refiriéndose a un supuesto cambio en el estilo del director. Pues no, señor Boyero: Tornatore demostró que era capaz de dirigir un thriller sentimental con "La sconosciuta". Y su relación con Roman Polanski data del año 1994, cuando lo dirigió en "Una pura formalità". Admitamos ya que don Giuseppe es un buen director. ¿Alguien se ha parado a contar la cantidad de premios que le habrían regalado si esto no fuera así? 
Pero, a lo que vamos, "La migliore offerta", o "La mejor oferta", que se estrenó en España el pasado fin de semana, nos cuenta la historia de un subastador de arte (también realiza la valoración de las obras y, de paso, hace pasar como imitaciones algunas de ellas para que luego un compinche las compre a muy menor precio del que realmente tienen y así poder conseguir para sí una impresionante colección formada por retratos de mujer) que recibe un encargo de una joven heredera misteriosa: la valoración y posterior subasta de las piezas de valor que conforman su herencia. Decimos que la joven es misteriosa, porque al padecer agorafobia, se esconde en una estancia de la mansión donde vive y sólo se comunica a través del teléfono o de las paredes de dicha estancia. Es este el punto de partida de una trama cuyo desenlace no desvelaré, que nos habla del fingimiento en el arte, pero también en las relaciones humanas. Nos habla del amor, de la soledad, del engaño. Y lo hace de manera delicada, calculada, elegante.
Como en todas las películas de su director, hemos de destacar la soberbia banda sonora de Ennio Morricone. Sin dicho compositor, probablemente su cine no sería tan recordado.
Destacables son también las interpretaciones de todos sus actores, sobre todo la de un Geoffrey Rush que parece incapaz de decepcionar a sus seguidores.
No haré el manido juego de palabras de que esta es la "mejor oferta" de la cartelera actual, porque ya lo han hecho otros. Así que tan solo vedla. Merece la pena.

P.S.: No creo en la causalidad de las casualidades, aunque a veces encuentro coincidencias que me gusta destacar. Así soy. Y la coincidencia del día es que hace unos meses hice la reseña de "La naturaleza de las lágrimas", en cuya trama tenía gran importancia la restauración de un autómata; y hoy hago la de "La mejor oferta", donde aparecen también piezas de otro autómata que deciden restaurar. Nunca antes había oído o leído el nombre de Vaucanson. Sin embargo, ahora se me aparece por todas partes (habrá quien me llame exagerado), pues Jacques de Vaucanson es el ingeniero e inventor de cuyas mente y manos salieron ambos autómatas. (Se me pone el vello de punta de sólo pensar en lo que eso querrá decir. Estoy por darle cuerda al reloj de pared de mi madre, que lleva parado varios años. Aunque no creo que me deje. Está así porque el jodío no la dejaba dormir por la noche).

domingo, 30 de junio de 2013

El amor en los tiempos del ocio

Millones de lectores esperan cada mes este momento: la publicación de una nueva entrada sobre "En busca del tiempo perdido" (vale, quizás se trate de más gente, pero prefiero ser humilde). Esta vez toca hablar sobre "Unos amores de Swann" y "Nombres de tierras: El nombre". (Probablemente, sería mejor traducir el primer título, como hacen algunas ediciones, como "Un amor de Swann", porque Proust usó el singular en francés y la historia gira en torno a una sola relación, pero así son nuestros amigos de Alianza Editorial).
"Unos amores de Swann" narra el proceso de "enamoramiento" (yo lo llamaría obsesión) de Carlos Swann por Odette de Crécy. Lo cual ocurrió hacia el tiempo en que nació el narrador. Trataré de hacer un resumen sucinto, pues prefiero que el lector descubra cada detalle por sí mismo. Comenzaré diciendo eso, que, a pesar de que en muchas ocasiones se habla de amor en esta novela, difícilmente podría encontrarse en ella algo que vaya más allá del intento de posesión, de una obsesión, de una relación enfermiza (probablemente Swann se refiera más veces a ella como a una enfermedad que como a un amor) y de los celos y del sufrimiento que ellos provocan. En este libro no encontramos las altas dosis de humor de la primera parte, salvo en la descripción de algunos personajes que pueblan la tertulia de los Verdurin, en la que se conocen los protagonistas de esta historia. Y es que, además de la relación entre Swann y Odette, también nos encontramos ante una descripción del mundo de los salones, tanto aristocráticos como burgueses, a los que tan asiduo fue Marcel Proust. El conocimiento en detalle de estos ambientes y de los diferentes estadios del amor que muestra su autor convierten esta obra en una de las mejores novelas de la literatura francesa de la primera mitada del s.xx., según la lista del Grand prix des Meilleurs romans du demi-siècle.
Carlos es un conquistador adinerado y no le importa que una mujer esté con él por su dinero. De hecho, considera que esa es su característica más duradera: si están con él por eso, no importa si se hace viejo, la mujer que ame seguirá con él (todavía os preguntaréis por qué no veo amor por ninguna parte). Y Odette es una mujer coqueta e interesada, una mantenida que vive de los hombres. Qué buena pareja harían, si Carlos no acabara cayendo en desgracia a ojos de los Verdurin por opinar de manera diferente a ellos. A partir de ese momento, su "amada" se irá acercando al conde de Forcheville, también asiduo a la tertulia, lo cual desata los celos del primero.
Nos encontramos, sobre todo (en realidad en el conjunto de novelas que forman "En busca del tiempo perdido"), ante un estudio de la psicología humana expresado con frases tan certeras como: "Swann no hacía porque le parecieran bonitas las mujeres con que pasaba el tiempo, sino que hacía por pasar el tiempo con las mujeres que le habían parecido bonitas"; "pertenecía a esa clase de hombres inteligentes que viven sin hacer nada, en ociosidad, y buscan consuelo y acaso excusa en la idea de que esa ociosidad ofrece a su inteligencia temas tan dignos de interés como el arte o el estudio"; "como si [...] conociera lo vano de la felicidad"; "desde que se fijó en que Odette era para muchos hombres una mujer encantadora, y codiciable el atractivo que para ellos ofrecía su cuerpo, despertó en Swann un deseo doloroso de dominarla enteramente",... Quizás una de las mejores frases sea aquella con que se cierra la narración. Pero tendréis que leer el libro para saber cómo termina. Mis labios están sellados.
"Nombres de tierras: El nombre" transcurre durante la adolescencia del narrador. En él, nos habla de lo que suponen los nombres en su vida, del carácter evocador y simplificador de ellos, de cómo el nombre de Florencia le habla de "una ciudad de milagrosa fragancia y semejante a una corola, porque se llamaba la ciudad de las azucenas y su catedral la bautizaron con el nombre de Santa María de las Flores". Y también de cómo la realidad siempre hacía que se sintiese defraudado frente a la idea que se había formado de estos lugares. Tantas ciudades y tantos nombres. Hasta que uno que no le evoca nada, los Campos Elíseos (lugar a donde lo lleva a pasear Francisca, antigua empleada de la tía Leoncia que conocimos en Combray) lo acerca otro, Gilberta, objeto de su amor. Gilberta también va a los Campos Elíseos a jugar con sus amigas e invita al narrador a que se les una. Así éste retoma el amor que ya sintió por ella en el libro anterior. Se trata éste, sí, de un amor inocente y real que basta para ser alimentado con la sola mención de ese nombre: Gilberta. O de su apellido: Swan. Y es que se trata de la hija de Carlos y Odette, ya mayores y sin trato con la familia del narrador.
Sobra decir que sigue pareciéndome que estamos ante una obra SUBLIME, riquísima, de una profundidad poco habitual, en la que, pasado ya casi un siglo de su publicación, podemos reconocernos en ciertos aspectos y reconocer características de aquello y aquellos que actualmente nos rodean. El de Swann no es realmente un amor, pero sí que podemos aprender de esta obra qué errores no cometer cuando nos enfrentamos a él.

P.S.: Pido disculpas si soy incapaz de transmitir como se merece los valores literarios de la obra de Proust. Tomaos estas entradas tan solo como una invitación a su lectura.
Incluyo un enlace a un vídeo del pasaje musical que tanto conmueve al protagonista. Quizás os interese a quienes hayáis leído la novela.
https://www.youtube.com/watch?v=u-F98knpuRQ
Ah, la foto es de Charles Haas, en quien se inspiró Proust para crear el personaje de Carlos Swann.

jueves, 27 de junio de 2013

Josef K., de Kafka

Hace más de una semana que terminé de leer "El proceso", de Kafka, pero me ha costado escribir esta reseña dada la complejidad de la obra (del conjunto de ella) de su autor.
Comenzaré por contar de qué va: Josef K., su protagonista, es empleado de banca (Franz lo era de una aseguradora). Una mañana, antes de ir a trabajar, es detenido. Pero, a la vez, no es detenido. En realidad, sólo se le comunica su detención, aclarándosele que puede seguir con su vida, pero que ha comenzado un proceso en su contra del que no se le puede informar. Como se dice inocente, cree imposible lo que le está ocurriendo: Un estado de Derecho como el suyo no puede dar cabida a tales injusticias. Días después, es interrogado por un tribunal respecto a cuyos magistrados se muestra orgulloso, pues él está en posesión de la razón y ellos, según se va demostrando, son tan solo una panda de pervertidos y corruptos. El tribunal se encuentra en un edificio de ambiente estancado, donde no corre el aire, donde se hace difícil respirar. Tanto, que K. tiene que ser asistido para salir de él porque siente que va a desmayarse. Sintomáticamente, cuando han llegado a la calle, una de las personas que lo ha ayudado tiene que entrar porque le hace daño el aire puro del exterior (y es que está tan acostumbrada a un sistema enfermo, que lo salubre le repele). A medida que pasa el tiempo, Josef va convenciéndose de que la cosa va en serio (como la vida) y va ocupándose más de su caso. Contrata a un abogado, consulta con cada persona que dice que le puede favorecer,... Pero todo es confuso, impredecible. Un día, en la catedral, un cura le dice algo que define la naturaleza de toda la novela: "El proceso se convierte poco a poco en sentencia". No contaré más. Tan sólo que, a pesar de tratarse de una obra inacabada, tiene un final cerrado.
No intento decir nada novedoso, porque ya todo se ha dicho sobre esta monumental novela de uno de los autores más representativos del s.XX. En ella, encontramos una actitud desafiante hacia la autoridad (parece que esto tiene que ver con la difícil relación de Kafka con su padre), una descripción muy negativa de la burocracia y de la Justicia, una imagen del sexo como algo sucio e interesado,... Todo puede ser interpretado de muy diferente forma en la obra de su autor. Y todo con una base firme: Podemos decir que "El proceso" es un  libro cargado de gravedad, de seriedad, que es imposible encontrar una gota de humor en éste; pero sabemos que cuando Franz Kafka leyó el pasaje relativo a la detención de K. no paró de reír, razón por la que Guido Crespi destaca el carácter cómico-dramático de su autor en el ensayo "Kafka humoriste". También existen distintas teorías sobre el ojeto del proceso contra el protagonista. La más peregrina, probablemente, pero a la vez, razonable, es la expuesta por el Nobel Elias Canetti: Se trata de "una transposición narrativa del compromiso matrimonial de Kafka con Felice Bauer" (junto a él en la fotografía que ilustra esta entrada). Aunque también vemos en ella una expresión del caos, de la falta de lógica de una época marcada por la Gran Guerra. (Leemos en el prólogo a la edición publicada por Random House Mondadori, de Jordi LLovet, unas palabras de Franz Kafka que definen la pintura de Picasso, pero también la narrativa del autor que nos ocupa: "Registra las deformaciones que todavía no han penetrado en nuestra conciencia").
En conclusión, nos encontramos con un hito en la Historia de la Literatura Universal que nos interpela con preguntas que mantienen la fuerza con la que fueron planteadas a principios del siglo pasado. Siempre he pensado que sería positivo perder algo del respeto que sentimos hacia los clásicos. Ese respeto que a algunos les echa para atrás y los disuade de leerlos. Y es que merece la pena acercarnos a ellos y, al contrario de lo que suelen dar a entender los prejuicios, comprender que son amenos, cercanos y tratan cuestiones actuales.  

domingo, 23 de junio de 2013

Camino de perversión

Consejo para aquellos a los que no les gusta que les revelen lo esencial de la trama de las películas: Dense de baja de internet. Bueno, en este caso bastará con que dejen de leer. A partir de aquí, comienza la reseña de "Stoker".
Con ánimo de sintetizar, he de decir que considero que existen dos formas de afrontar el esteticismo en el Cine: Una acrobática, ruda y muscular (de la que Tarantino sería el paradigma); y otra más cercana a la danza, a lo sensible, al ligamento (de la cual es ejemplo claro el menos conocido Xavier Dolan, también adorado en Cannes). Al terreno de ésta última, se circunscribe "Stoker", del director coreano Park Chan-wook. Película de una elegancia, marca de la casa, desbordantemente creativa.
La historia, aunque se aparta de ella en muchos sentidos, remite en su esquema a la catódica "Dexter": Un padre, ya fallecido, a través de flash-backs, enseña a su hija a vehicular su instinto psicopático hacia presas que la metan en menos líos de los que cabría esperar. Incluso le dice: "Sometimes you need to do something bad to stop you from doing something worse" (o sea: "A veces necesitas hacer algo malo que te impida hacer algo peor"). Pero, ¿durante cuánto tiempo podemos frenar nuestros instintos, impedir que se desvele nuestra verdadera naturaleza? Probablemente, no toda una vida. Al menos, eso es lo que le ocurre a la protagonista, India, interpretada de manera contenida por una de las mejores actrices de su generación: Mia Wasikowska. Junto a ella, destacan Nicole Kidman, Matthew Goode y Jacki Weaver (el intento de asesinato de Nicole vestida como en un anuncio de Chanel es de lo más hermoso que se ha visto últimamente en los cines. Y es que está en uno de los mejores momentos de su carrera y parece que nadie quiere darse cuenta. Quizás por eso cada una de sus películas está siendo veneno para la taquilla).
Como decía Tolstoi: "Todas las familias felices se parecen unas a otras; cada familia desdichada lo es a su manera". En ese sentido, ésta es una película familiar, pues casi todo ocurre dentro de la mansión de los Stoker o en sus alrededores, y los conflictos internos de esta familia acaban estallando en un baño de sangre. 
En conclusión, nos encontramos ante todo un peliculón, algo minoritario, vista su escasa recaudación, pero digno de su director y de su plantel de grandes actores.  Vamos, que no entiendo cómo no habéis ido ya a verlo.

P.D.: La planta de la foto es de mi madre, al igual que la flor que huele la abeja (así mantengo el tono familiar de esta entrada). El resto está "ligeramente" editado.

sábado, 22 de junio de 2013

Xoel à la plage

Vale, sé que he dicho que no escucho mucha música (lo cual es cierto) y este blog no va de ella, pero esta canción es tan bonita y el video es tan sencillo y bello a la vez y es una forma tan agradable de darle la bienvenida al verano, que no me queda otra opción (es un decir) que presentaros a quienes no lo conozcáis a Xoel López (junto a Iván Ferreiro) cantando "Tierra".


P.S.: Esta entrada la he escrito pensando en ti y en nuestra amistad infinita (espero que la persona de la que hablo se dé por enterada. Es un chico algo lento, el pobre, porque, de tanto trabajar, tiene las neuronas muy debilitadas).

viernes, 21 de junio de 2013

16 de junio

Soy de los que piensan que sólo existe una cosa que por fuerza ha de perderse con el paso de los años en las relaciones amorosas. Por experiencia propia, sé que la intensidad del amor, la pasión, el deseo,... pueden continuar siendo como el primer día, como cuando por primera vez, al dejar de estar al lado del ser amado, sientes que te falta algo en el pecho. Lo que sí se agota es la sensación de novedad que supone descubrir ese territorio nuevo interior y exterior representado por el objeto del amor que acaba de nacer.
Pero parece que para algunos es posible lo contrario. Han pasado nueve años desde que Jesse y Céline se conocieron en Viena, se enamoraron y decidieron volver a verse al cabo de seis meses. Jesse se ha convertido en un autor novel de éxito que viaja por Europa para promocionar su libro, en el que narra precisamente ese encuentro, sin aclarar que no volvió a repetirse. Céline se ha enterado de que va a estar firmando libros en su librería favorita y decide pasarse a saludar. Lo que podría haber supuesto un simple cruce de palabras de unos segundos o unos minutos termina siendo una larga conversación sobre lo divino y lo humano, en la que paseamos con ellos por la Ciudad Luz y los protagonistas vuelven a conocerse, a descubrirse, pues 9 años dan para muchas novedades en las vidas de dos personas. Y, a la vez, son conscientes de que ambos siguen siendo los mismos, de que en realidad los seres humanos apenas cambiamos (mantenemos los cimientos de nuestra forma de ser por mucho tiempo que pase), de que se aman todavía y se faltan el uno al otro desde aquel amanecer en que se dijeron adiós.
Igual de hermosa y creíble que la primera parte, "Antes del atardecer" es un canto a la vida, al amor, al placer de conversar y disfrutar de la belleza de aquello que nos rodea. Qué bonito ser Jesse o Céline por un día eternamente.

P.S.: Destaco la fecha, porque yo también me enamoré un 16 de junio. Por eso, esta serie de películas para mí supone algo más que la historia de amor entre sus protagonistas.

viernes, 7 de junio de 2013

Washington Square

Podría haber titulado esta entrada "La sombra de una duda" o "Pobre niña rica", pero he querido ser más sutil. Y es que hoy cumplimos nuestra palabra (uy, qué humilde, uso el plural mayestático) escribiendo una reseña del clásico de 1949 "La heredera", adaptación para el cine de la obra de teatro homónima basada en la famosa novela de Henry James.
Nos encontramos ante una película cuyo origen teatral no pretende ser disimulado, pues, básicamente, transcurre en un solo escenario: la casa donde vive la protagonista, Catherine Sloper (una espectacular Olivia de Havilland, capaz de resultar tan ingenua como su Melania de "Lo que el viento se llevó" y, más adelante, mostrar la misma crueldad con la que miraría a su hermana Joan Fontaine, si algún día se cruzase en su camino). Junto a ella, residen su padre y una tía. Éste sobreprotege a su hija, no por amor, sino porque la considera carente de virtudes, salvo su destreza en el bordado, y piensa que nunca podrá llegar a casarse con un hombre de su estatus económico. Por eso, cuando una noche, Catherine conoce  a un joven guapo y encantador que se fija en ella y desde el primer momento trata de enamorarla, el acaudalado doctor Austin Sloper, o sea, su padre, entiende que lo que ese joven ve en ella es la fortuna que va a heredar e intenta que ésta lo comprenda. Al menos, esa es la visión de él, que puede estar viciada por el desprecio que siente hacia su hija. Una vez introducida la duda en la trama, no sabremos hasta el final cuál es la verdad.
Se trata de una película rodada con maestría (imposible lo contrario siendo su director William Wyler), con un Monty Clift perfecto en su papel (¿cómo podría no sucumbir Catherine ante las palabras de cariño y la mirada de ese icono, que aún no había cumplido los 30 años por aquel entonces, con lo necesitada que se hallaba de amor?), la cual nos plantea dos opciones vitales: Ser inocentes y que nos puedan engañar o ser maduros y desconfiar de todos. La primera nos hará felices y burlados. La segunda, amargados seres solitarios. Espero que el planteamiento sea algo extremo. Yo siempre he procurado hacer compatibles inocencia y madurez, y  me he defendido de quienes han tratado de acabar con la primera en mí. Por eso, hace unos años escribí este poema sin título:

No vuelques tus dudas sobre mí,
No inocules tu frustración bajo mi piel.
No digas todo es igual,
e igual de perverso.
No trabajes el dolor en mi corazón
(mi única posesión valiosa).

Es mentira que abras mis ojos,
que apartes las piedras de mi camino
para que no caiga;
que tu experiencia concreta
sea más sabia que mi abstracta inocencia.

Te conozco bien.
Tú eres lo perverso.
Y el velo negro de tu amargura
pretende cegar mis ojos.

Eres la piedra en mi camino
que he de saber esquivar.

Por si no se ha dado por enterada, esta entrada está dedicada a Paulette, una de mis seguidoras más fieles.
 

martes, 4 de junio de 2013

Muy cerca de ti


La última película que he visto es "Un amigo para Frank". Para Frank Langella, que interpreta a un anciano que va perdiendo la memoria y al que su hijo decide ponerle un robot para que lo cuide. La historia transcurre en un futuro cercano, tan cercano que en los títulos de crédito nos muestran imágenes actuales de robots capaces de realizar muchas de las acciones que lleva a cabo el que sale en esta película, al que pone voz el muchas veces desaprovechado Peter Sarsgaard (vamos, su película anterior fue "Linterna verde". No creo, pues, que deba argumentar mi aseveración). Todo parece cuestión de desarrollar algo más los softwares. 
Se trata de un film notable, divertido y melancólico a la vez, que plantea algunos temas interesantes. El del alzheimer y el de qué haremos con nuestros mayores en los próximos años es uno de ellos, pero me gustaría referirme a otro. En el pueblo en que vive Frank, están desmantelando una biblioteca, porque con la digitalización de los libros, éstos ya no son físicamente necesarios. Se opta, por tanto, por reciclarlos (qué manera tan dulce de referirse a la destrucción de la cultura). Es ésta una cuestión que se están planteando ya quienes estudian el futuro de las bibliotecas. ¿Para qué va a ir nadie a ellas, si van a poder acceder al conocimiento desde su ordenador? La respuesta, según vi recientemente en un reportaje de Andalucía Televisión, es relativamente sencilla y desde hace algunos años se lleva a la práctica: Las bibliotecas han de crear comunidad, convertirse en un lugar al que no sólo se vaya a sacar un libro o a realizar una consulta en ellos. Han de llevarse a cabo actividades con los niños, tipo cuentacuentos, clubs del libro, ect. Se han de convertir éstas en lugares confortables, casi como si fueran un segundo hogar. Y los estudios de los futuros bibliotecarios han de estar enfocados en gran medida a conseguir involucrar a la sociedad en las actividades de las bibliotecas. Supongo que, además, dejarán de ser templos del silencio.
Ya he dicho otras veces que no suele gustarme la ciencia ficción. Pero cuando está bien hecha, como en este caso, es un placer disfrutar de ella, porque nos habla del futuro, pero también de nuestros problemas actuales y nos hace plantearnos cómo podemos solucionarlos.

P. S.: Uno de mis dos mejores amigos me ha dicho que está harto de ver a Ricardo Darín en casi todas las películas argentinas que consiguen estrenarse en España. Yo tengo un sentimiento similar, pero no sé por qué nos ocurre esto, porque el pobre Ricardo protagonizó una película el año pasado, tuvo un pequeño papel en otra, que además era española, y este año lo hemos visto en "Tesis sobre un homicidio". Sólo eso. En cambio, no siento lo mismo hacia Susan Sarandon, que aparece en "Mi amigo Frank" y entre 2012 y lo que va de año ha sido miembro del reparto de las series "Rockefeller Plaza" (un capítulo), "Con C mayúscula" (6 capítulos y un personaje insufrible) y "Louie" (un capítulo) y de las películas "El fraude", "Desmadre padre", "The company yoy keep" (aún si fecha de estreno en España), "El atlas de las nubes", "El mensajero" y "La gran boda". No contenta con ello, puso la voz a un personaje de un video juego: "Dishonored". O sea, que mi amigo y yo tenemos que hacernos mirar esta sensación injustificada de saturación. El bueno de Ricardo no se la merece.

viernes, 31 de mayo de 2013

Tierras reconquistadas al olvido

Hace algunas semanas envié un mensaje a un amigo informándole de que estaba leyendo "En busca del tiempo perdido". Le di mi opinión: "Es una obra sublime". Su respuesta fue la que merecía, algo así como: "SUBLIME, con mayúsculas, por favor". Y es cierto que ni siquiera ese término le hace justicia.
"Como decía ayer" (es una forma de hablar, claro), este mes toca "Combray", la cual se divide en dos partes: 
-Primera: El narrador recuerda, mediante la llamada memoria voluntaria, determinados hechos de su infancia, cuando su familia iba a pasar las vacaciones de Pascua en el pueblo de Combray (en realidad, se trata de Illiers, actual Illiers-Combray, donde pasaba dicha época del año Marcel Proust). Los recuerdos del narrador en esta parte son limitados, tan sólo se refieren al interior de la casa de una tía suya, en la que se alojaban él, sus padres, sus abuelos y algunas tías. Recibían pocas visitas. La de Carlos Swann (leo la traducción de Pedro Salinas, de ahí que no lo llame Charles) es la más destacada. Dichas visitas trastocaban los deseos del joven narrador, pues las noches que se daban, tenía que irse a la cama sin el ansiado beso de buenas noches de su madre. 
-Segunda: Es el momento de la famosa magdalena proustiana, la que en su edad adulta moja el protagonista en té y cuyo sabor le hace recordar, esta vez de manera involuntaria, algo que le es familiar. De repente, se da cuenta de qué es ese algo: cuando era niño, su tía Leoncia, una mujer neurasténica y pintoresca, lo obsequiaba con ese mismo tipo de bollo, mojado en té o en tila, dependiendo del estado de los nervios de su tía. Ese es el punto de partida que hace que se aparezca ante él el pueblo todo de Combray, con sus gentes y sus calles, sus casas y su iglesia (lo primero que ve el visitante cuando va llegando). Es como recobrar el paraíso perdido de la infancia, la época que marca el verdadero nacimiento a los sentidos del narrador: Se enamora por primera vez; aprende lo que es el arte y la necesidad de profundizar en las cosas para dotarlas de una mayor belleza; nos muestra la cotidianidad de Combray mediante comparaciones con obras literarias o pictóricas que elevan a sus vez las pequeñas anécdotas a la categoría de tipos, etc.
La novela está llena de personajes interesantes, divertidos, curiosos, cuya psicología es estudiada de manera genial. Toda ella es un canto a la belleza, a la vida calmada, a la infancia vista con nostalgia y como un momento clave en la formación de cualquier persona.
Si alguna vez me preguntaran en qué libro me gustaría vivir, es probable que contestara: "En Combray, durante las vacaciones de Pascua".

P.S.: Dejo mucho en el tintero, pero aún quedan 7 libros para hablar del estilo de Proust. Además, siempre trato de hacer entradas relativamente cortas y no demasido técnicas para que su lectura no se haga pesada. 

jueves, 30 de mayo de 2013

Escrito en el viento

Estaría bien saber que alguien siente hacia nosotros lo que transmite este poema. Eso sí, sin necesidad de morir previamente. (Debajo está la traducción, para los alumnos de Opening que se matricularon poco antes de su suspensión de pagos).

Funeral Blues- WH Auden

Stop all the clocks, cut off the telephone,
Prevent the dog from barking with a juicy bone,
Silence the pianos and with muffled drum
Bring out the coffin, let the mourners come.

Let aeroplanes circle moaning overhead
Scribbling on the sky the message He is Dead.
Put crepe bows round the white necks of the public doves,
Let the traffic policemen wear black cotton gloves.

He was my North, my South, my East and West,
My working week and my Sunday rest,
My noon, my midnight, my talk, my song;
I thought that love would last forever: I was wrong.

The stars are not wanted now; put out every one,
Pack up the moon and dismantle the sun,
Pour away the ocean and sweep up the woods;
For nothing now can ever come to any good.

--------------------------------------------------------------------

Parad todos los relojes, cortad los teléfonos,
Impedid, con un jugoso hueso, que el perro ladre,
Callad los pianos y, con un apagado tamborileo,
Mostrad el ataúd, dejad que las plañideras se acerquen.

Que los aviones hagan círculos, gimoteando, sobre nosotros,
Garabateando por el cielo el mensaje: Ha muerto,
Poned crespones en los cuellos blancos de las palomas,
Dejad que los guardias de tráfico porten guantes de algodón negros.
Él fue mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste,
Mi semana de trabajo y mi descanso de domingo,
Mi amanecer, mi medianoche, mi voz, mi canción;
Pensaba que el amor duraría siempre: estaba equivocado.

No se desean ahora estrellas: apagadlas una a una;
Olvidaos de la luna y desmantelad el sol;
Lejos verted el océano y barred el bosque.
Pues ahora de ninguna manera pueden traer nada bueno. 

P. S.: Este hermoso poema, que aparece en la película "Cuatro bodas y un funeral", lo recojo del blog  http://obituariosurbanos.blogspot.com.es
Gracias a su autor. Está muy bien. Echadle un ojo.
Ah, en inglés es aún más hermoso, quizás en parte porque además rima.

martes, 28 de mayo de 2013

Leucina encefalina

Conocía lejanamente la obra del escritor australiano Peter Carey. Vamos, había visto la adaptación cinematográfica de "Oscar y Lucinda". Por eso, cuando me regalaron su última novela, "La naturaleza de las lágrimas", no sabía qué esperar. Para que eso no ocurra a mis lectores, que se cuentan por millones, con un ligero margen de error, les adelanto de qué va: Catherine Gehrig, la protagonista, es restauradora en el (ficticio) Museo Swinburne de Londres. Acaba de morir su compañero de trabajo Matthew Tindall, del que era amante desde hacía 13 años, o sea, toda una vida. Y eso es precisamente lo que siente que se ha ido con él: la vida que se habían construido juntos, en la que no había lugar para amigos, para familiares,... Tan solo, para ellos dos. ¿Cómo afrontar esa situación? Por sí misma, parece no poder. Por eso es su jefe quien le encarga un trabajo, la restauración de un autómata colosal, con la intención de que renazcan en ella las ganas de vivir mediante una nueva pasión. A partir de ahí, conoceremos otra historia igualmente apasionante, la del hombre que encargó dicho autómata con forma de cisne (él quería un pato) para salvar la vida de su hijo. Una historia que se remonta a casi 2 siglos atrás.
Nos hallamos ante una narración diferente, inteligentemente formulada, dividida en capítulos con el nombre de los protagonistas, Catherine y Henry, que nos habla desde el corazón: del sentimento de pérdida, del miedo a la muerte de un ser querido, de cómo aliviarlo en parte, del amor de pareja, del amor paterno y del amor al genio creador; de la amistad, de la sensación de aventura, de cómo influimos en las vidas de otros, de cómo nos desequilibran los sentimientos y un etcétera que podría llegar de aquí a Lima (me gusta esa expresión).
Vamos, que me ha cautivado. Tan sólo veo una pega: la traducción del título. El original es "The chemistry of tears", algo así como "La composición química de las lágrimas". Supongo que es menos comercial, pero se ajusta mejor al contenido de la novela. 
Después de leerla, me ha venido a la mente algo que considero reconfortante: todos tenemos a alguien a quien queremos o que nos quiere con la pasión que describe esta novela. Es bueno ser conscientes de ello.

lunes, 27 de mayo de 2013

Un amour à taire

Tengo una extraña tendencia: no suelo respetar a aquellas personas que no respetan a los demás. Ya sé, suena algo excesivo, pero uno no es perfecto. Por eso, cuando ayer vi la turba de presuntos homófobos que bañó las calles de París pidiendo que se prive a una parte de la población francesa de su derecho a casarse, no he podido ni querido evitar despreciar a esa presunta gentuza retrógrada que considera que sólo ellos han de gozar de determinados derechos y que, probablemente, querrían vivir bajo un gobierno presidido por la presunta neo-fascista Marie le Pen (ella niega serlo, pero, parecerlo, lo parece de aquí a Lima). Otra que me produce arcadas nada más aparecer en pantalla su sonrisa, que, como la de Montoro, evidencia su desprecio hacia las desgracias de sus conciudadanos. 
Ha tenido que ser un director tunecino, Abdellatif Kechiche, quien les recuerde a los franceses algo que muchos de ellos ya saben, pero que algunos olvidan: el privilegio que supone vivir en un país con un gobierno que respeta a las personas, sus derechos y sus libertades. Y es que, según él, lo que ha tratado de mostrar con su última película, la flamante ganadora de la Palma de Oro de la 66ª edición del Festival de Cine de Cannes, ha sido precisamente la libertad de que gozamos en los países civilizados para elegir a quién amamos, cosa que no ocurre en el suyo. Mis respetos.

P.S.: Por supuesto, la película a la que me refiero es "La vie d´Adèle". 

sábado, 25 de mayo de 2013

Tres tristes tigres

Me gustaría poder decir que descubrí por mí mismo al autor brasileño Michel Laub. Claro que también me complace tener amigos que me descubren obras dotadas del extraordinario valor literario de las suyas. Y es que, por mi cumpleaños, me regalaron ni más ni menos que 12 libros: uno de ellos, "Diario de la caída", la primera novela de este escritor publicada en España.
En ella se narra en primera persona (parece contener bastantes pinceladas de la propia biografía de Laub) la historia de una "caída", o sea, de un hecho en la vida del narrador, a la edad de 14 años, que lo ha marcado, convirtiéndolo en un fracasado emocional, además de en un alcohólico. Narra también la "caída" de su abuelo, judío prisionero en el campo de concentración de Auschwitz, que nunca pudo superar el recuerdo de sus días de cautiverio, cuya única ocupación tras éste parece ser escribir sobre el mundo que debió haber sido. Narra a su vez la "caída" del padre del protagonista, que también rememora en un diario su pasado (no entro en detalle sobre lo que le ocurre a este personaje, porque se descubre ya avanzada la novela). Las tres historias están interrelacionadas, casi como hechos causales. Casi.
A lo largo de la novela, se plantean múltiples cuestiones de gran calado: La influencia de la memoria en nuestras vidas y la tragedia de su pérdida; la herencia de traumas y miedos que muchos padres transmiten a sus hijos mediante la educación; la posibilidad de superar esos traumas y los adquiridos por uno mismo; la imposible viabilidad del ser humano (o eso afirma el narrador); la victimización del pueblo judío; el acoso escolar; la paternidad; el amor filial; el alcoholismo y la incapacidad del alcohólico de verse como realmente es; el amor a secas;...
Se trata, en suma, de una obra profunda, pero a la vez escrita de manera fluida (169 páginas que recuerdan formalmente otras novelas como "Seda" o la recientemente aquí reseñada "Tu rostro será el último", con muchas divisiones y subdivisiones: "Cosas que sé sobre mi abuelo", "Más cosas que sé sobre mi abuelo", "Cosas que sé sobre mí", "Más cosas que sé sobre mí", etc.), en la que podemos sumergirnos con la consciencia de no estar perdiendo nuestro tiempo. Excelente.
Por si quedara alguna duda sobre las intenciones de Michel Laub, éste dedica "Diario de la caída" a su padre.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Otro capricho

Añado esta foto de la cementera que me trae recuerdos de infancia.
Ya que la mostré de noche, hoy toca de día (aunque no en color. Así conserva su encanto).
Parece apartada del mundo, tan lejana. Igual que mi infancia, ya.
(Sueno cursi, pero recordad que éste es un blog sobre Literatura.
Hay que darle algo de aliento a las imágenes mediante la palabra).

Un capricho

Hoy es mi cumpleaños, o sea, que se me permite todo y se me aguanta más. Así que toca maltratar a mis lectores a base de fotazas. Ahí tenéis vuestro castigo. (Os recuerdo que mi blog pone la fecha que le sale de sus partes pudendas. En realidad, es 15 de Mayo. Sí, soy tan cinéfilo que cumplo años al tiempo que se inaugura el Festival de Cine de Cannes).
Espero que guste el "castigo".

sábado, 11 de mayo de 2013

Ciudad portuaria

El puerto de Arguineguín no es especialmente bonito, pero creo haber captado una imagen con encanto en esta foto nocturna tomada hace un mes. Titulo esta entrada con el nombre de una película de Ingmar Bergman con la intención de teñir la foto con una pátina artística, aunque sea mediante el reflejo de las turbias aguas del cine del genio sueco.

viernes, 10 de mayo de 2013

À perdre la raison

Ya he dejado dicho en una entrada anterior que valoro sobremanera la forma en que una historia es contada. Tanto para bien, como para mal. Y el caso de la última película de Terrence Malick es el de para mal. Veamos a lo que me refiero: "To the wonder" muestra cómo un hombre (Ben Affleck) y una mujer madre soltera (Olga Kurylenko) viven un amor de anuncio de perfume en un París de postal. Todo es hermoso, todo está primorosamente filmado. Pero hay algo que no acaba de cuadrar. Hay un exceso de euforia, incluso un infantilismo en ella. Luego deciden irse a vivir al país de éste, a un pueblo medio desolado, un tanto aséptico, en el que poco a poco la felicidad va quebrándose. La hija de ella quiere volver a Francia y se van ambas. Pero la madre acaba regresando a EEUU (mientras, él ha retozado un poco con un antiguo amor). Entonces ya todo se ha acabado. Ella pasa de los estados de euforia a los depresivos. Y así hasta rozar la locura (incluso busca consuelo en la religión).
La historia, de marcado carácter autobiográfico (da la impresión de que Malick quisiera ajustar cuentas con su pasado), no está mal, resulta interesante. Sólo que las imágenes son reiterativas, la cámara corre en pos de los actores de manera cansina y constante (me costó horrores terminar de ver la película), los diálogos son casi susurrados (sólo la actriz italiana habla de manera normal, único momento en que pude descansar el oído, tras tanto aguzarlo), no hay un plano encuadrado de manera clásica (o sea, encuadrado de verdad), la historia es más insinuada que contada, se plantea la cuestión de la fe de una manera que ya ha sido planteada anteriormente con mucho mayor acierto y profundidad, por ejemplo, por Unamuno en "San Manuel Bueno, mártir" (ese cura que quiere creer, mas es incapaz de ello, encarnado penosamente por Javier Bardem en una de las peores interpretaciones de su carrera), etc.
En suma, quitando muchas cosas, todas formales, (dos de ellas serían media hora de metraje y el uso abusivo de la steadycam) y subiendo la voz los actores, a este gran director le habría quedado una obra disfrutable y no una gran plasta pseudointelectual. Pero él prefiere seguir por este camino en el que parece estancado.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Propósito oportuno


El año pasado, cuando uno de mis dos mejores amigos cumplió años, le regalé la edición en un solo tomo de "À la recherche du temps perdu", la cual tiene más de 2400 páginas y de la que muchos pensaron que era un magnífico libro con el que calzar la pata coja de una silla. La cuestión es que yo aún no lo he leído (la versión en castellano, pues mi nivel de francés es muy básico), así que, dado que este mes quien cumple años soy yo y que "En busca del tiempo perdido", de Marcel Proust, está dividido en 7 novelas, una de las cuales, la primera, es subdividida tradicionalmente en 2 partes, he pensado que éste sería el momento adecuado para cumplir mi propósito mil veces postergado de leer esta obra cumbre de la Literatura Francesa, a ritmo de una parte cada mes, o sea, durante lo que queda de año. Y lo dejo por escrito para que todos os podáis burlar de mí si no lo consigo. 
Así pues, este mes (ya mayo, a pesar de lo que diga mi blog) toca "Combray", de "Por el camino de Swan". Será casi una relectura, pues lo he comenzado varias veces y todas me ha gustado. Lo he dejado más bien porque soy algo dilettante. Trataré de ser más formal esta vez.

domingo, 28 de abril de 2013

A los que aman

Para quienes no la conozcan, os invito a leer la bellísima, muy sensible y cercana poesía de José Ángel Buesa.

Poema del renunciamiento
 
Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor, y al pasar,
fingiré una sonrisa, como un dulce contraste
del dolor de quererte ... y jamás lo sabrás.
Soñaré con el nácar virginal de tu frente;
soñaré con tus ojos de esmeraldas de mar;
soñaré con tus labios desesperadamente;
soñaré con tus besos ... y jamás lo sabrás.
Quizá pases con otro que te diga al oído
esas frases que nadie como yo te dirá;
y, ahogando para siempre mi amor inadvertido,
te amaré más que nunca ... y jamás lo sabrás.
Yo te amaré en silencio, como algo inaccesible,
como un sueño que nunca lograré realizar;
y el lejano perfume de mi amor imposible
rozará tus cabellos ... y jamás lo sabrás.
Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
-el tormento infinito que te debo ocultar-
yo te diré sonriente: "No es nada ... ha sido el viento".
Me enjugaré la lágrima... ¡y jamás lo sabrás!

sábado, 27 de abril de 2013

Naturaleza viva o Las flores del bien


Como me parece una descortesía hacia mis muchos lectores estar tanto tiempo sin publicar, ahí os dejo unas fotografías que muestran la belleza que nos rodea. Espero que os transmitan la paz que a mí me transmiten. (Ah, no están editadas. Y sí, las hice yo. Por eso no están muy bien encuadradas).

Una pequeña historia real: El tubérculo violeta se llama Jacinto. Lo encontré en Carrefour. Tenía el tallo torcido hasta el punto de que sus flores caían completamente sobre la superficie donde se hallaba. Pensé que, en ese estado, nadie lo querría y me dio pena. Por eso, decidí llevarlo conmigo a casa.

lunes, 15 de abril de 2013

La música del azar

"Diario de invierno" es el segundo libro de memorias de Paul Auster, marido de Siri Hustvedt, también escritora. Creo que el primero fue "El cuaderno rojo", pero no puedo asegurarlo.
Como su título deja entrever, su autor llega al invierno de su vida. Ya ha cumplido 64 años y decide reflexionar sobre ciertos momentos que considera importantes en ella. La muerte de su madre, algo de la de su padre, sus esposas (sólo tiene buenas palabras para la actual. Parece una relación perfecta), que se le rompió el preservativo con una de sus parejas, ella se quedó embarazada y decidieron que abortara, recuerdo que lo acompaña a menudo desde entonces. También hace referencia a sus hijos, a sus múltiples viajes, a sus dolencias (la descripción de su pene circuncidado y purulento tras pillar gonorrea es digna de no figurar en ningún libro. Pero a ello le suma la de las ladillas que también tuvo), las 21 viviendas en las que ha habitado (para mí, de lo mejor de esta obra irregular). Habla de la familia noruega de su esposa, de la importancia del azar (tantas muertes son producto de él: "cada vida está marcada por una serie de accidentes fallidos, [...] todo aquel que haya llegado a tu edad ha eludido una serie de posibles muertes absurdas y sin sentido", son palabras de Auster que están llenas de sensatez). Su madre le decía: "Qué hombre tan maravilloso sería tu padre... con que sólo fuera de otra manera". Y es cierto que en algunas personas vemos un potencial que nunca llega a cuajar. 
Resulta interesante leer estas reflexiones que parecen escritas sin pretender darles una determinada forma, como pequeños proyectos con un solo hilo conductor: el de los recuerdos. Eso es lo que puedo decir de este diario: que su lectura me ha interesado, sin llegar a ser cautivadora. Aunque probablemente vaya creciendo con el tiempo mi aprecio por él. Muchas de las semillas intelectuales que su autor ha plantado en mí aún pueden tardar en germinar.

domingo, 14 de abril de 2013

La broma infinita


Hace aproximadamente un mes, se estrenó en España la segunda película de Josh Radnor: "Amor y letras". La primera me dejó bastante frío, pese a las buenas críticas. Ésta me ha llegado por momentos. Os cuento la historia: Jesse Fisher, antiguo estudiante de letras, vuelve a su universidad para asistir a la fiesta en la que se rinde homenaje a uno de sus antiguos profesores porque éste se va a jubilar. Ahí conoce a una joven universitaria que se enamora de él. Bueno, ese es el punto de partida. Ello sirve para que Radnor, guionista, director y protagonista del film, divague sobre la madurez, o la inmadurez, de los treintañeros, el debate sobre cultura basura/cultura con letras mayúsculas, el amor intergeneracional, la pérdida de la ilusión, la amistad, la depresión, las ganas de vivir, lo fabulosos que son los años de estudiante,... Lo cual es desarrollado de manera imperfecta y egocéntrica por su director. Y es eso precisamente lo que más me ha gustado de "Amor y letras": que su autor ha hecho la película que él querría ver, sin miedo a los defectos. Por eso transmite vida.
Se trata de un film ligero, pequeño, pero agradable de ver.
Para quien no pille el título de esta entrada, es también el del libro favorito del protagonista. Uno de los personajes, depresivo, no para de releerlo y Jesse le recomienda que pare, que se relacione con gente, que viva. Porque, al fin y al cabo, su autor, David Foster Wallace, acabó suicidándose y no es un modelo a seguir. Vamos, que mejor no obsesionarse con nada o acabaremos respondiendo lo que otro de los personajes cuando le preguntan qué le ocurre, por qué está tan amargada. Ésta responde: "La vida, me pasó la vida". (Vaya entrada alegre me ha quedado).