viernes, 14 de febrero de 2014

Un año de amor


Os confieso uno de mis prejuicios literarios: A pesar de gustarme las biografias, las autobiografías y las memorias, siempre que comienzo la lectura de una, temo la falta de interés que pueden producir en mí los años de infancia y adolescencia de la persona sobre la que versa. Por eso agradezco que, en el caso de "Un año ajetreado", de Anne Wiazemsky, ésta haya decidido saltarse esos estadios de su vida para pasar directamente a relatarnos el primer año de su relación con el cineasta francés Jean-Luc Godard.
Para quienes no sepan de quién se trata, Anne es nieta del Nobel de Literatura François Mauriac e hija de los príncipes Wiazemsky. No diría que vivió entre algodones durante los primeros años de su vida, pues perdió a su padre muy joven, pero sí que gozó de muchos privilegios. No todos nos movemos de mansión en mansión, ni somos amigos desde la infancia de Antoine Gallimard. Supongo que gracias a ese ambiente culturalmente elitista, protagonizó "Au hasard, Balthazar", de Robert Bresson, a la edad de 19 años. Tras su estreno, Godard, cautivado por su imagen en la pantalla, trató de conocerla. Pero fue una carta que Anne envió a la redacción de Cahiers du Cinéma lo que facilitó el encuentro que dio comienzo a su historia de amor.
Anne, casi carente de experiencia en ese terreno, no dejaba de ser una niña. Y así se sentía. Jean-Luc, que casi le doblaba la edad, impetuoso, excesivo y caprichoso, se comportaba en cierto modo como si también fuera un niño. En estas memorias noveladas, se nos describen los miedos, la inmadurez, la ilusión y el descubrimiento del sexo con amor típicos de la etapa sobre la que habla. Y se hace de manera tan vívida que parecemos estar descubriendo esas sensaciones con su autora.
Otro de los atractivos de esta obra es conocer íntimamente a personas a las que admiramos: Ese abuelo católico y cacascarrabias que era François Mauriac; una perfecta anfitriona llamada Jeanne Moreau; un cómplice amigo de toda la vida, Antoine Gallimard; un Godard que se convierte en un dictador excéntrico cuando dirige; y la presencia de Truffaut, Rivette,... No es de extrañar que Anne llegue a decir que en su "amor por Jean-Luc intervenía el amor a su profesión, a sus películas y a sus amigos: me enamoraba tanto él como su universo".
Godard, contradictorio, se muestra tierno y severo, es comunista y conduce un Alfa-Romeo. Resulta algo impúdica, en ocasiones, la manera en que Wiazemsky lo describe. Y completamente incomprensible su reacción en un momento dado: Jean-Luc "presa de otro ataque de rabia, me soltó una patada brutal", nos dice. Para, a continuación, seguir como si tal cosa, con bromas y risas.
No sé si éste es el libro perfecto para recomendar en San Valentín, pero igualmente lo hago. Cualquier día es bueno para disfrutar de una lectura fresca, amena e interesante como la suya, en la que, un poco a la manera de la Sagan, se da los buenos días, no a la tristeza, sino a la vida.

Sobre el amor

Decía Stendhal que "el amor es una maravillosa flor, pero es necesario tener el valor de ir a buscarla al borde de un horrible precipicio". Yo me he acercado a ese precipicio para traeros esa flor y evitaros el riesgo de caer a él. Espero que la disfrutéis.
También decía Pascal que "el amor es una palabra tan pequeña que hace sufrir tanto". Yo pienso que no es cierto, que lo que realmente hace sufrir es la falta de éste. Así que disfrutad del amor. Hoy y todos los días.

¡Feliz San Valentín!

P. S.: Los pingüinos, más que heterosexuales, son un estereotipo, lo sé. Pero resultan tan tiernos.

viernes, 7 de febrero de 2014

La Chona cumple años y entona un canto a Galicia, hey

Mi gata, que prometió no volver a asomar el hocico por este blog, pero ha decidido hacer una excepción por tratarse de ti, y yo, te deseamos que pases un feliz cumpleaños y sigas teniendo que aguantarnos durante al menos 100 más. Te queremos, chonita (por mucho que digas que me he vuelto un sentimental. Hay personas que lo merecen).

Poema analógico


Cualquiera que me haya leído sabe que como poeta soy un fraude, un cero a la izquierda, una caca de la vaca (vaya, pues escribid vosotros. No te jode), pero yo persisto en mi error (que quizás consista en publicar y exponerme a segundas lecturas). Aquí tenéis una prueba más de lo dicho:

Se interrumpe la vida
y todo queda igual:
Una pausa infinita,
ya sólo recuerdo,
cual foto que no cesaré de mirar.

Se interrumpió tu vida
y quedaste tal cual.
Esta broma infinita
de tenerte presente y saber que no estás.

Veo tus manos, que acaricié tantas veces.
No las puedo tocar.

Tu sonrisa tornó triste,
ahora fantasmal.

Me falta tu abrazo,
tus besos que olían a días dichosos.
Me falta posar mi cabeza en tu pecho
y escuchar el rumor de tu mundo interior.

Se interrumpe la vida.
Ya nada es igual.


P. S.: La foto es mía, aunque tampoco es como para estar orgulloso de ello.
El poema es triste y un tanto simplón. Lo sé, pero a mí me gusta.
Aviso: Cualquier comentario crítico será eliminado, como corresponde hacer a gente petarda que no respeta mi obra. Como se suele decir, "a reírse, al parque". (Es broma, claro).

domingo, 2 de febrero de 2014

Tan inútil como la equinácea

Tengo la impresión de que, en sociología, ha sido más estudiado el caso de aquellas personas que tratan de ser aceptadas por la mayoría y pulen, por ello, las aristas de su personalidad, que el de quienes, precisamente al sufrir presiones para asimilarse a los otros, acaban por exacerbar sus diferencias y convertirse en "perros verdes". Desde el punto de vista literario, sin embargo, resultan infinitamente más interesantes las segundas. Para quienes coincidan conmigo, les presento a Aaliya, la protagonista de "La mujer de papel", de Rabih Alameddine: Se trata de una anciana beirutí que nos narra su vida a la vez que nos va enamorando con sus reflexiones sobre casi todo: El amor, la soledad, el matrimonio, la religión, la guerra (cíclica en su país), la amistad, el Líbano y un largo etcétera llamado Literatura (nombres como Roberto Bolaño, Javier Marías, J. M. Coetzee, Marguerite Yourcenar -"Memorias de Adriano" es su libro favorito-, William Faulkner,...aparecen recurrentemente en el discurso de la protagonista). De muy joven, sus padres la casaron con un hombre al que ella se refiere habitualmente como el "energúmeno" o el "impotente". No mucho tiempo después, éste se divorció de ella con la típica fórmula de rechazarla. Desde entonces, decidió vivir sola. Trabajaba en una librería casi sin clientela que le facilitaba su mayor actividad: leer. No resulta extraño que se defina con las siguientes palabras: Soy "una gran lectora con un fastidioso dolor de espalda". Durante los últimos 50 años se ha dedicado a traducir grandes obras, más bien recientes, con el criterio de que no estén escritas en inglés o francés. Y, como ella sólo conoce esos idiomas y el árabe, lengua a la que las transpone, ha de realizar traducciones de traducciones, razón por la que no valora el resultado de su labor silenciosa. Supone que, como ella misma, no tiene ninguna importancia para los demás.
Probablemente sólo haya querido a dos personas, Ahmad y Hannah, presencias habituales en la librería en la que trabajaba. La historia de él nos habla de la pérdida de la inocencia; la de ella, de un amor imposible y, por ello, trágico, que resulta muy conmovedor.
No quiero desvelar gran cosa de esta novela, para no estropeárosla. Así que os animaré a darle una oportunidad compartiendo con vosotros algunas frases de las muchas inspiradas que contiene:
"Queridos escritores contemporáneos, hacéis que me sienta incompetente porque mi vida no es tan clara y concisa como vuestra literatura.
Debería mandar cartas a los escritores, a los talleres de escritura y a los editores. Estáis estrangulando la literatura, dejándola sin vida, frase a frase, todas hermosas, libro a libro, todos anodinos".
"No hay pérdida que sintamos más profundamente que la pérdida de lo que podría haber sido".
"Israel, ese ridículo estado pigmeo rebosante de autoestima". (Aaliya aclara que también considera el Líbano como un estado pigmeo, no se trata de una cuestión patriótica).
"Silvio Berlusconi [...] ese presumido con cara de rata". (Por si aún no lo habéis notado, una de sus actividades favoritas es quejarse).
El título original de "La mujer de papel" ("An unnecessary woman") hace referencia, sospecho, a la similitud poética entre la protagonista y el Arte. Como dijo Oscar Wilde: "Todo arte es completamente inútil".

P. S.: Espero que te haya gustado la reseña, Paulette. No me juzgues con excesiva severidad. Y gracias por darme a conocer esta novela.

miércoles, 29 de enero de 2014

¿Quién eres?


Dice Zadie Smith que cuando escribe tiene que contenerse, porque, si no, acabaría siendo tan poco clara como el Joyce de "Finnegans Wake". Si obviamos lo pretenciosa que parece dicha afirmación, hemos de coincidir con ella en que ciertamente se nota que le gusta jugar con las formas, aunque más bien con aquéllas que resultan obvias. Nunca nos perdemos respecto al significado de cada frase ni dudamos de qué personaje habla. En su última novela, "NWLONDON", encontramos dos caligramas y se imita el flujo de la conciencia. Fuera de eso y de la estructura del libro, no podemos hablar de una obra de la complejidad, por ejemplo, de "Las olas", de Virginia Woolf. Sin embargo, considero que se trata de una novela interesante, atrevida y en absoluto desdeñable.
En ella, se nos narran varias historias, todas referentes a personajes nacidos y criados en el mismo barrio conflictivo del noroeste de Londres (de ahí el título): Leah, de clase media, ha conseguido salir adelante. Empatiza demasiado, por eso es fácil que le tomen el pelo. Su mayor problema es que no quiere tener hijos y está rodeada de personas que la presionan para que los tenga. Le sisa píldoras anticonceptivas a su amiga Natalie, a la que conoce desde pequeña. Ésta se halla casada con un hombre rico, abogado de prestigio, guapo; sus hijos son educados,.. Básicamente, es uno el inconveniente que empaña esa imagen de familia idílica: que nada de eso la hace feliz. Conocemos a otro personaje, Felix, por referencias, cuando ya ha sido asesinado, hasta que se nos cuenta el último día de su vida. Trata de rehacerla. ¿Para qué? Es ésa una de las preguntas que parece sobrevolar esta obra: ¿Para qué tanto esfuerzo por convertir nuestras vidas en algo más, si podemos encontrar nuestro final en cualquier callejón? Y es que, a pesar de algunos momentos de humor, "NWLONDON" es una historia (muchas historias) dura. En un momento dado, se escribe sobre un personaje: "Un músculo de esperanza quiso tensarse en su interior, pero lo tenía debilitado por falta de uso".
Dice también Zadie Smith, que ésta es una obra indirectamente política: No nos habla de derechas o izquierdas. Sus personajes se mueven, opinan, toman decisiones según su ideología. Unos piensan que los habitantes de zonas depauperadas no hacen nada para salir de su miseria porque sencillamente no quieren, otros que hay que ayudarles. Es la manera de mostrarnos como seres políticos que tenemos en el día a día. Quizás la más real. Yo también creo que hemos de juzgar a las personas por sus actos, más que por sus palabras. Basta con repasar las promesas incumplidas de los que fueron candidatos a gobernarnos y ahora nos gobiernan para comprender a lo que me refiero.
Los personajes de "NWLONDON" parecen deambular constantemente, sin llegar a ninguna parte. Van al trabajo, discuten con sus parejas en casa, quedan para cenar, llevan a los hijos al parque, visitan a sus ex, visitan a sus padres, van en metro, en autobús, caminan,... Se mueven y acaban preguntándose "¿Avanzar hacia dónde?".
Por eso, porque su autora no pretende tener la solución a los problemas, tampoco concluye su novela con un final que responda claramente a las dudas del lector, ni siquiera sobre las intenciones de ésta. Nos muestra la superficie para que intuyamos el fondo. Lo cual me anima a considerar que no es del todo acertada la teoría que afirma que la literatura anglosajona de calidad está acabada desde que se ha vuelto causalista y da una razón a cada cosa convirtiendo las obras en un mero cúmulo de obviedades. Existen todavía pruebas de lo contrario. Ésta es una.

jueves, 23 de enero de 2014

Coleccionando simetrías III: Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia

Ante el entusiasmo provocado por esta sección, he decidido hacer un guiño a nuestro amigo chileno Juan Melville, por si no le pareció suficiente la foto que ilustraba la anterior entrada, nombrando una curiosa coincidencia entre la adaptación cinematográfica de "El corazón de las tinieblas" y un clásico de la literatura universal.
Cualquier cinéfilo, qué digo, cualquiera que haya estado en este mundo más de un minuto conocerá la famosa escena de "Apocalypse Now" en la que helicópteros estadounidenses sobrevuelan Vietnam a ritmo de "La cabalgata de las valkirias" (lo de que sobrevuelen el país y suene música de Wagner es la parte bonita. Por supuesto, no se conformaban con eso. Como se ve en la imagen, también les da por trufarlo todo de bombas). Pues bien, no sé si el padre de Sofia "mejor os hubiera ahorrado mis dos últimas películas" Coppola, además de lector de Joseph Conrad, lo era del inmortal Marcel Proust, tal es la enorme similitud que encuentro con algunas líneas de "El tiempo recobrado": En plena Primera Guerra Mundial, mientras los bombarderos alemanes ("gothas") realizaban incursiones en los cielos parisinos, "a veces resonaba la sirena como una desgarradora llamada de Walkure -única música alemana que se oyera desde la guerra-". 
Si no se trata de una "simetría", al menos, permitidme que lo califique de "parecido razonable".

P. S.: Resulta innecesario aclarar que la frase que da título a esta entrada es del genial Woody Allen. Como creo que a veces le falta un poco de humor a mi blog, terminaré con otra que resume a la perfección mi interés (más bien, la falta de él) por algunas dudas existenciales: " ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Hay posibilidad de tarifa de grupo?".

martes, 21 de enero de 2014

Mi país inventado: Château d´Espagne


Me pregunto si existe algún elemento en las novelas de aventura que predomine sobre la sensación de precariedad. Cualquier empresa que carezca de ella adolecerá de falta de épica y, sin ésta, no hay aventura que valga. Ésa es una de las conclusiones que resultan más evidentes de la lectura de "El príncipe de la niebla", de Martin Mosebach, obra ambientada en la Alemania de finales del XIX, cuando aún existían territorios "sin dueño" y los exploradores no eran meros turistas con ínfulas. Su autor aprovecha un episodio real de la historia colonial germana como excusa para el desarrollo de esta novela en la que un joven e inexperto aprendiz de periodista, Theodor Lerner*, se ve embarcado (nunca mejor dicho) en una expedición por mar cuyas razones de ser son dos: La públicamente reconocida, encontrar a un ingeniero perdido en el Ártico, y la secreta, conquistar la Isla del Oso para su explotación minera. Detrás de ello se encuentra un personaje cándidamente maquiavélico, la señora Hanhaus, estafadora con un concepto curioso de las relaciones sociales: Todos utilizamos a los demás en nuestro beneficio, sin importarnos la licitud o la moral de los medios, y todos somos conscientes de ello. Por eso, la señora Hanhaus no se siente culpable ante sus víctimas, pero tampoco exige responsabilidades a quienes tratan de timarla.
Lo que comienza como una narración a lo Julio Verne va convirtiéndose progresivamente en una detallada descripción del submundo de la especulación hasta, finalmente, transmitir una idea como aprendizaje tras todos los eventos que reseña: La vida en sí es precaria y es eso lo que la convierte en una aventura.

* Parece evidente la intención de Martin Mosebach a la hora de elegir apellido para el protagonista de "El príncipe de la niebla": Lerner significa "persona que aprende".

Destaco un pensamiento del director del periódico para el que trabaja Theodor: Considera que no existe prensa libre mientras ésta sea esclava de los sucesos del día a día, mientras deba esperarse a que éstos tengan lugar para informar sobre ellos y que "la prensa se libera del yugo de los acontecimientos, con su carácter azaroso, imprevisible e imponderable" cuando es ella misma la que "inventa los acontecimientos que relata". A través de críticas indirectas, aunque nada veladas, como ésta a determinada manera de entender las cosas, Mosebach da profundidad a un género a priori ligero, sin por ello olvidarse de entretener.

P. S.: Quienes no sepan francés, por favor, no traten de traducir literalmente la expresión "Château d´Espagne". Significa, aproximadamente, "castillos en el aire".

lunes, 13 de enero de 2014

Coleccionando simetrías II: Historias de la radio


He dudado mucho sobre si incluir esta cita en mi colección de "simetrías", de frases literarias sobre coincidencias, pero, al final, he decidido que me vale al menos para ironizar sobre la importancia de éstas. Se trata, en este caso, de una especie de espejismo: 

"¿Coincidencia? El azar tiene límites. El DJ que hablaba por la radio en la cocina de Colin Hanwell no podía estar siempre entre dos temas. No podía estar siempre entre dos temas justo cuando Keisha Blake entraba en la cocina de los Hanwell. Ella hizo pesquisas. Pero el padre de Leah [...] no pareció entender la pregunta.
-¿Qué quieres decir? Es que no hay música. Es Radio 4. Solamente hablan".

NWLONDON,
Zadie Smith.

domingo, 12 de enero de 2014

Damas del teatro

Son muchos los que han relacionado "Agosto", obra de Tracy Letts galardonada con el Pulitzer de Teatro en 2008, con clásicos de la dramaturgia estadounidense como Eugene O´Neill o Tennessee Williams. Coincido plenamente con esa opinión. El hogar de los Weston nos suena, es terreno conocido. Cinco años después de su estreno en los escenarios, nos llega la adaptación cinematográfica.
Podemos leer esta obra como una historia de mujeres a lo largo de tres generaciones:
Tercera: Abigail Breslin (irreconocible "pequeña Miss Sunshine") interpreta a una chica porrera de 14 años bastante pasota que empieza a cometer errores en su vida, como enrollarse con hombres de 50 años.
Segunda, formada por tres hermanas:
Julianne Nicholson: Mantiene una relación que oculta a su familia. Como solterona, hasta el presente se ha quedado a vivir en casa de sus padres, soportando el comportamiento desquiciado de éstos.
Julia Roberts: Divorciada. Madre del personaje interpretado por Abigail. Su marido la ha dejado por otra mucho más joven.
Juliette Lewis: Multi-divorciada y descerebrada. Ha aprendido a vivir sola, pero únicamente como paso previo a tener pareja.
Primera, formada por dos hermanas:
Margo Martindale: Casada y presunto mayor apoyo de su hermana. Podría ser feliz, pero guarda un secreto que lo hace imposible.
Meryl Streep: Madre de las mujeres que forman la segunda generación y abuela de la de la tercera. Adicta a las pastillas, fumadora con cáncer de lengua (cuando le preguntan si debería estar fumando, contesta con un displicente: "¿Acaso se supone que alguien debería fumar?"). Está amargada y no le importa mostrarlo. Parece que su infancia desgraciada y su enfermedad justificaran su mala baba. O que viviera para sabotear su vida y la de quienes la quieren.
Todas estas mujeres (además de la chica que cuida la casa) y sus parejas, todas sus frustraciones y sus odios, se reunen durante unos días en el hogar de la matriarca como a la espera de que éste estalle en pedazos.
Los actores (los hombres) están bien, incluso muy bien en los casos de Sam Shepard y Chris Cooper, pero no dejan de ser comparsas de ellas.
Se trata de una magnífica adaptación en la que su director evita el lucimiento personal. Tiene claro que el material original es de primera y que su elenco de actores de 5 estrellas lo sabe y es más que capaz de sacarlo adelante. Como consecuencia de ello, nos encontramos con unas interpretaciones de lujo. Incluso Julia Roberts está impresionante. Me creí hasta a Benedict Cumberbatch como oriundo de Oklahoma.
Destaco la banda sonora de Gustavo Santaolalla, que acompaña la trama y la engrandece sin ningún efectismo. Es tan hermosa que podría escucharse independientemente de la película sin perder fuerza.
Sólo hay un "pero": Que los productores obligaran a cambiar el final de la obra y ponerle un pegote completamente innecesario, por fortuna corto. 
En conclusión: Ha nacido un clásico.

P.D.: Sé que ésta no es una reseña muy elaborada, pero quiero que la gente vaya a ver "Agosto" y he preferido no retrasar su publicación. De ahí que parezca una entrada precipitada.

sábado, 4 de enero de 2014

Coleccionando simetrías I: El porqué de las cosas

Dicen que el hombre es un animal de costumbres. Heidegger lo definía como "un ser de lejanías". Por mi parte, añado que es un ser de obsesiones. Quienes me leen saben que una de las mías es la de fijarme en ciertas coincidencias casuales. He escrito ya en alguna entrada anterior sobre este tema, pero desde un punto de vista diferente al actual. En este caso, me propongo "coleccionar" referencias literarias a las simetrías vitales (algo que guarda cierto parecido con lo que hace Paulette Petras con su famosa Ciudad Sitiada, pero sin ánimo de plagio). Ir encontrándolas no depende de mí, por eso no sé si esta entrada tendrá continuación. Tan sólo puedo prometer que compartiré con vosotros todas las que vaya descubriendo. Estad atentos.


"Nos consuelan las simetrías que creemos adivinar en la vida porque sugieren un diseño donde no lo hay".
La gran casa, 
Nicole Krauss.

"-¿Sabe usted lo que tienen en común las batallas de Salamis y Lepanto? [...] Ambas batallas navales tuvieron lugar en Grecia. Ambas constituyeron combates de Oriente contra Occidente. En ambas ocasiones, Oriente luchó contra una coalición. Y también, en ambas, Occidente se encomendó a la protección de una divinidad virginal: la estatua de Paladio y la Virgen del Rosario. En ambas batallas combatieron los dos poetas más relevantes de su tiempo: Esquilo y Cervantes. Los dos comandantes de Occidente habían nacido fuera del matrimonio: Temístocles y don Juan de Austria. Y ambos líderes fueron depuestos tras sus victorias. Los dos tenían la intención de fundar imperios en Oriente. Los dos fueron envenenados [...]
-¿Y qué se deduce de todo ello? [...] Muy bien, existen simetrías, pero ¿qué significan?¿Acaso lo que usted pretende haber descubierto tiene algún significado palpable? [...]
El capitán, confundido, guardó silencio. Todavía estaba obnubilado por su hallazgo, y se mostró desarmado ante el ataque de Lerner.
-No lo sé- dijo en voz baja".
El príncipe de la niebla,
Martin Mosebach.

Por último, añado una reflexión: Ya desde antiguo, la escuela pitagórica vinculó simetría y belleza. Así que, ¿por qué no pensar que quizás a algunos nos atraen este tipo de simetrías no porque creamos ver algún significado arcano en ellas, sino, simplemente, porque amamos la belleza que encierran?

P. S.: Esta vez, la foto no es mía. La elegí porque me pareció que resumía de manera hermosa el tema de esta entrada.
 

martes, 31 de diciembre de 2013

Misteriosos hilos que la vida teje


Esta entrada podría titularse "Un hombre de palabra", porque, como me propuse allá por el mes de mayo, he terminado la lectura de "En busca del tiempo perdido", una de las obras cumbre de la literatura francesa del s. XX, y lo he hecho dentro del plazo fijado. Así que nadie puede burlarse de mí, al menos a este respecto.
Espero que mi billón largo de lectores sepa disculpar si me pongo algo cursi al escribir esta reseña, pero es que yo tiendo a ello y estas fechas lo propician.
A lo largo de los 7 tomos (u 8, pues algunas editoriales dividen el primero en dos), ha pasado la vida delante de nuestros ojos: La infancia del narrador, que disfruta de las fiestas de Pascua con su familia en el pueblo de Combray; su apego por su madre, que roza el complejo de Edipo; el nacimiento de su amor por la Belleza, en cualquiera de sus manifestaciones; sus veranos de playa en Balbec, con su cuadrilla de amigos, o más bien amigas, que luego podría no haber vuelto a ver; el encuentro con la que llegó a ser su primera pareja; la presentación en sociedad, donde fue ascendiendo hasta lo más florido de la aristocracia y convertirse en uno más; el amor adulto, con los celos, las mentiras y los desengaños; la pérdida del ser amado; las pasiones y las vocaciones artísticas; el intento de ser un gran escritor; la comprensión de que algo falta a su obra; las relaciones algo perversas, algo interesadas; la falsedad de algunas amistades; la enfermedad, que lo haría ingresar dos veces en sanatorios durante la Gran Guerra; la pérdida tanto de seres queridos, como de otros con los que compartió vivencias; y, en "El tiempo recobrado", el último de los tomos, la madurez, la decrepitud y el presentimiento de la propia muerte, momento en que se produce una especie de epifanía: El protagonista comprende cuál es la forma en que debe abordar la novela que siempre soñó que podría llegar a escribir algún día. Casi lo mismo que le ocurrió a Proust. Algo así como el encuentro con el Impresionismo: Su obra debería captar la esencia del pasado, traer al presente, a través de ciertos detalles, como la famosa magdalena proustiana, las impresiones sentidas años atrás, a las cuales acompañaría todo un mundo, todo el ambiente que rodeaba esos momentos de vida que serán recreados por él. La única duda que surge, ahora que el narrador ha dado con la clave para llevarla a cabo, es si éste tendrá aquello que pretende transmitir: Tiempo. Tiempo para concluir la empresa que por fin ha iniciado.
Por suerte, aunque le faltó algo de éste para terminar de pulir "En busca del tiempo perdido", Proust sí pudo acabar su obra, y tras un siglo de la publicación del primer volumen, aquí me encuentro, compartiendo con vosotros el deleite que ha supuesto su lectura.
Como colofón a estos meses de gozo, recojo a continuación varias citas que espero que os gusten. Son todas del último tomo:
"Los periódicos se leen como se ama, con una venda en los ojos".
"La gente lo ve todo a través de su periódico".
"No sacrifiquéis hombres a unas piedras cuya belleza procede precisamente de haber fijado un día verdades humanas".
"La verdadera vida, la vida al fin descubierta y dilucidada, la única vida, por lo tanto, realmente vivida es la literatura".
"Es con adolescentes que duran bastantes años con los que la vida hace a los viejos".
"Cuando yo le hablaba a Francisca de una iglesia de Milán [...], envidiaba a los ricos que podían permitirse el espectáculo de semejantes tesoros [...], ella que, llevando tantos años en París, no había sentido nunca la curiosidad de ver Notre-Dame. Y es que Notre-Dame formaba precisamente parte de París, de la ciudad donde transcurría la vida cotidiana de Francisca y donde, en consecuencia, le habría sido difícil a nuestra vieja criada situar los objetos de sus sueños".
"Si yo tuviera todavía el Fraçois le Champi que mamá sacó un día del paquete de libros que mi abuela iba a regalarme por mi cumpleaños, no lo miraría nunca: tendría demasiado miedo de ir insertando poco a poco en él mis impresiones de hoy, de que se fuera convirtiendo en una cosa del presente hasta tal punto de que, cuando yo le pidiera una vez más que suscitase al niño que descifró su título en el cuartito de Combray, el niño, no reconociendo su acento, no respondiera ya a su llamada y permaneciera para siempre enterrado en el olvido".
Después de esto, sobran las palabras.

P. S.: Bueno, añadiré unas: Espero que os gusten los puntos de lectura que me regaló un amigo que conoce bien mis gustos, de los que os hablé hace poco, cuya foto ilustra esta entrada. Se ven pequeños. Recomiendo agrandarla. Hermosísima fotografía, por cierto. (Vale, admito que lo hermoso son los marcadores, que parecen representar el teatro de la vida).
¡FELIZ AÑO 2014 Y QUE SEA PROUSTIANO!

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Viajes por el scriptorium


Nicole Krauss podría ser ella misma un personaje de ficción: Nacida en Manhattan, estudió en la Universidad de Stanford, donde conoció al que se convirtió en su mentor, Joseph Brodsky, Premio Nobel de Literatura en 1987, y posteriormente en la de Oxford. Publicó su primera novela a los 28 años (en principio, únicamente en formato digital). Está casada con el autor de culto Jonathan Safran Foer (junto a él y unos cuantos tótems literarios americanos, como David Foster Wallace o Rick Moody, forma parte de la llamada generación McSweeney´s). Ha sido alabada por intelectuales de la talla de la fallecida Susan Sontag y el Nobel J. M. Coetzee. Colabora con algunas de las revistas más relevantes en lengua inglesa (nombremos sólo una: The New Yorker). Es judía, lo cual se filtra en su obra, aunque ella dice no ejercer como tal. Amante de la literatura hispanoamericana (desde Bolaño a Vila-Matas), en la actualidad vive en Brooklyn junto a su marido y sus dos hijos. (Bueno, tampoco hay que olvidar que uno de sus vecinos, con el que trata habitualmente, es el mismísimo Paul Auster, marido de Siri Hustvedt. Está claro que en ese barrio la densidad de talento por habitante es superior a la media de cualquier otro).
Hace algunos años que mi radar de escritores a seguir no paraba de sonar cuando leía u oía su nombre. Así que no es de extrañar que estuviera entusiasmado cuando un amigo me regaló su tercera y última novela, "La gran casa", libro dividido en dos partes: En la primera se narran cuatro historias y en la segunda, la continuación de éstas, donde entendemos la relación que hay entre ellas.
Prefiero no desvelar demasiado sobre el contenido de las cuatro narraciones que componen el libro. Tan sólo explicar que nos hablan de la memoria, de la capacidad que tienen los muebles de evocar recuerdos a aquellos que han vivido rodeados de ellos (en este caso, se trata de un escritorio que pudo haber pertenecido a Lorca), del dolor que supone la pérdida de esos objetos de inmenso valor sentimental. Pero también nos habla de la Literatura, de las obsesiones, de las costumbres judías, de la dictadura pinochetista y sus desaparecidos (palabra que siempre me ha parecido un cruel eufemismo que dulcifica miles de asesinatos, torturas y secuestros), de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, del mundo intelectual. Y va más allá: De las relaciones familiares, de los secretos e intimidades de las parejas, de los reproches entre personas que se quieren, de lo truculento de algunas enfermedades (el cáncer y las neurodegenerativas), de la pérdida de los seres queridos, del amor, de la vida y de la muerte. Y lo hace con un poder descriptivo poco común y a modo de confesiones o de monólogos, funcionando como si fuera un libro de relatos.
Se trata de una bellísima novela, que ha sido candidata al prestigioso National Book Award. Una de esas novelas que dejan huella. Rotunda. Impresionante.
Me gusta particularmente esta vuelta de tuerca a la famosa frase de Blanche Dubois "Siempre he dependido de la amabilidad de los extraños": "Hay momentos en que la amabilidad de los extraños no hace más que empeorarlo todo, porque entonces uno se da cuenta de lo necesitado que está de amabilidad y de que sólo un perfecto desconocido puede ofrecérsela". Difícil transmitir tanta fragilidad en tan pocas líneas.

P. S.: Disculpad la fotocomposición que ilustra esta entrada. Ya sé que no anima a tomarse a Nicole muy en serio. Claro que tampoco la culpa es del todo mía. La mitad de la foto la conforma la portada anglosajona de la novela, que parece una tarta multicolor. Prefiero la edición española de aquí a Lima.


lunes, 16 de diciembre de 2013

Mitología


Peter O´toole y Joan Fontaine nos han dejado. Es una forma de hablar, porque, por suerte, siempre estarán donde los conocimos, en sus películas. 
Si, como a mí, a alguno de mis lectores le gusta ver fotos de estrellas del cine, les recomiendo la siguiente página: http://liambluett.com/
Se trata de una maravillosa web en la que no sólo vemos a nuestros dioses particulares, sino también sus firmas: cientos de retratos autografiados que harán las delicias de cualquier aficionado al Séptimo Arte.
Pero para quienes piensan que todos nuestros mitos nos están abandonando o para los que opinan que ya no hay actores como los de antes, ilustro esta entrada con una imagen de Ben Whishaw, desde hace años entre mis favoritos.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Ateo practicante

Grande entre los grandes, Unamuno, autor de obras valientes como "Niebla", "La tía Tula" (en mi opinión, una de las novelas más irreverentes que he leído, en la que las ideas religiosas de Tula la vuelven capaz de dejar morir a su hermana con tal de ella ser virgen y madre a la vez) y "San Manuel Bueno, mártir" (historia de un cura que no cree en Dios y sus dudas morales), era ateo, como yo (hay quienes lo ponen en duda, lo sé. Pero también hay quienes ponen en duda mi ateísmo. Y lo digo en serio). Ejemplo de su profundidad intelectual es el siguiente poema:

La oración del ateo

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes
a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.
¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande
para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si tú existieras
existiría yo también de veras.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Jep Gambardella, el rey de los mundanos

En 2009 se estrenó una película que era, ante todo, un homenaje a uno de los maestros del cine italiano: Se trataba de "Yo soy el amor" y el director homenajeado era Luchino Visconti. Si alguno de mis lectores no la ha visto (cosa que dudo, porque tienen un gusto fuera de lo común), que no espere un segundo más. Se está perdiendo un auténtico deleite para los sentidos.
Desde entonces, no habíamos asistido a un ejercicio similar tan admirable como es "La gran belleza", de Paolo Sorrentino, tributo al Fellini más excesivo y esteticista, el de "La dolce vita" o "Roma". Su director y su protagonista, el multipremiado Toni Servillo, son viejos compañeros: ésta es su cuarta colaboración. En ella, el protagonista de "No mires atrás" ("La ragazza del lago") interpreta a Jep Gambardella, escritor de una sola novela en su juventud cuando llegó de su pueblo a la Ciudad Eterna, que en su edad madura pasea su figura por las terrazas de moda y los ambientes más destacados de la alta suciedad. Vive cuando duerme la gente corriente, practicando el dolce far niente y preguntándose qué hace alguien como él en lugares como esos, pues entiende que la vida no puede ser algo tan limitado. No es de extrañar la referencia al mundo proustiano expresada en dos ocasiones a lo largo del film. Y es que podría decirse que Jeb ha heredado del narrador de "En busca del tiempo perdido" el trono como rey de los mundanos: de reunión en reunión, como el otro de salón en salón. Ambos reflexionando sobre la vida, la muerte y aquello con lo que tratamos de adornarlas. Ambos perdiendo el tiempo.
Sorrentino es un director que no tiene miedo a que se note la presencia de la cámara, que pasea de manera sutil, casi etérea, acariciando las imágenes con auténtica sensualidad. Palacios, jardines, fiestas frikis, decadentes,... todo está rodado primorosamente y denotando una labor de preproducción que ha de haber supuesto un increíble quebradero de cabeza.
La banda sonora es otra de las grandes bazas de esta película: Entre lo hortera y lo sublime, como la propia Roma.
El guión está lleno de aciertos, de frases inteligentes, de parlamentos que calan en lo más hondo. Y muestra algo que ya hace siglos nos dijo Segismundo: que la vida es un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción.
Si después de lo dicho queda alguna duda, aclaro que estamos ante una de las mejores películas del año, de la década. Probablemente, me quede corto.

P.S.: Al concluir la redacción de esta reseña, leí la publicada en el siguiente enlace: http://johannes-esculpiendoeltiempo.blogspot.com.es/2013/10/la-gran-belleza-la-grande-bellezza-2013.html
Os animo a visitar esa página, porque el contenido de la entrada se parece mucho al de la mía (lo cual no es de extrañar, pues hablamos de lo mismo), pero está expresado de manera más cuidada.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Puntos de lectura III: Punto proustiano






Recientemente, un amigo que conoce bien mis gustos me regaló una serie de puntos de lectura que tienen como motivo "En busca del tiempo perdido" hechos por él mismo (vaya, he de teneros saturados). Sé que la foto no hace justicia al detallazo de mi amigo (me quedó un poco tétrica), pero quería dedicarle al menos dos entradas a estos puntos proustianos (la siguiente tardará unas semanas en ser publicada). Espero que os gusten tanto como a mí. (Eso sí, ni se os ocurra pensar que voy a daros alguno de ellos. Éste no es uno de esos blogs afines a lectores pedigüeños que participan en promociones generosas. Quien los quiera, que se los compre a mi amigo. Cuestan sólo 3 euros. Con la crisis, acepta pedidos de cualquier esquina del globo. Yo os pongo en contacto y fijáis los detalles de la transacción).


P.S.: Me pregunto si alguien no habrá entendido el componente jocoso de la última parte de esta entrada. 




martes, 10 de diciembre de 2013

Entre el deseo de saber y el miedo de sufrir


Admito mi culpa: me he retrasado a la hora de publicar la entrada mensual del tomo correspondiente de "En busca del tiempo perdido". Pero es que he tenido la gripe. Además, siempre viene bien un poco de suspense, no saber cuándo aparecerán las reseñas o, incluso, si llegaré a tiempo para la dedicada al último libro de la septalogía.
Hoy toca "La fugitiva" (según la edición que manejo), también titulada "Albertina desaparecida". Y es que al final de la novela anterior, Albertina se va del lado del narrador sin avisar.
Como me suele ocurrir con Proust, distingo dos historias, en este caso, de traición, o de sensación de traición:

En primer lugar, nos encontramos con que el protagonista y Albertina se intercambian cartas en las que ninguno muestra sus verdaderas intenciones, aunque ambos quieran volver. Fingimiento que resulta, finalmente, baldío, pues nunca se encontrarán nuevamente, ya que ella muere en un accidente hípico (recordemos el aspecto autobiográfico de la obra de Proust: Albertina, realmente, no es otra sino Alfred Agostinelli, amante del autor, que, tras abandonarlo, falleció al estrellarse su avioneta). Es este el momento en que se convierte en realidad una de las mayores pesadillas de todo enamorado: perder al ser amado y descubrir después que éste no era quien decía ser, o al menos, confirmar las sospechas de una doble vida. Comienza, así, una serie de confidencias de quienes la conocieron, la reconstrucción de la verdad oculta tras las mentiras que componen los recuerdos del protagonista sobre su relación, las dudas sobre casi cada detalle que la conformó. Y la evidencia de que ya es imposible que Albertina le sea sincera, pues ya no existe ninguna Albertina a la que confrontar con los hechos.
Pero ya sabemos que nuestro narrador es incapaz de enamorarse, que lo suyo son más bien obsesiones, la necesidad de posesión de quien se le resiste. De ahí que tampoco le sea muy difícil el olvido y realizar los proyectos que le impedía llevar a cabo su relación, ahora truncada. En palabras de él mismo: "Mi amor por Albertina no había sido más que una forma pasajera de mi devoción a la juventud". Uno de esos proyectos cumplidos es su viaje a Venecia, que realiza con su madre.

En segundo lugar, de vuelta de la ciudad de los canales, en el tren, se entera de que su amigo Roberto Saint-Loup y su primer amor, Gilberta, se casan (en principio, se trata de una boda de conveniencia, pero ella acaba enamorándose). En este caso, la decepción, la traición, viene dada por un cambio en la forma de ser del novio: Ya no es aquél que se desvivía por complacer al narrador y le contaba sus secretos. Roberto no lo invita a su boda y después de ella finge infidelidades con mujeres para ocultar su homosexualidad, de origen temporal incierto, (o su bisexualidad más tendente al gusto por los hombres. Principalmente, su affaire con Morel, heredado de su tío, el barón de Charlus), provocando con esta tapadera los celos de su esposa y su desdicha.
Pero, una vez más, ya sabemos que nuestro narrador no cree en la amistad. Luego no le cuesta mucho sobreponerse. Difícil encontrar a alguien más cínico en la Historia de la Literatura. Pero, claro, ahí radica gran parte de su encanto.

P.S.: Lo sé, no es ésta una reseña ni muy amplia ni muy inspirada. (La foto es de Agostinelli, por si os pica la curiosidad y queréis saber quién inspiró el personaje de Albertine Simonet, uno de los más recordados de la Literatura Francesa ).

Nota de agradecimiento: Ojiplático y boquiabierto quedeme cuando el 22 de noviembre, en un artículo dedicado al centenario de la publicación de "Por el camino de Swann" del periódico "La Provincia", leí una mención a este blog escrita por uno de sus críticos estrella, Antonio Bordón, autor del espléndido libro de relatos "Muchachos, maten a Borges". Gracias por el detallazo. Sobre todo, viniendo de quien viene.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Más Tarraco Nova


Esta foto muestra lo afortunados que somos  por estar  rodeados de Historia. Y la poca fortuna que tiene la Historia por estar rodeada de progreso.
Para aquellos que echaban de menos las ruinas en la anterior entrada dedicada a Tarragona.
(Las ruinas con sus inevitables turistas).

P.S.: La fotografía es de una visita que hice a la ciudad en 2007. Se nota que todavía no se había pinchado la burbuja inmobiliaria.
Lo de antiguo anfiteatro queda raro, lo sé. Pero creo que todos tenemos claro que me refiero al anfiteatro romano.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

La luz de tu mirada


Fotografiar el reflejo de una vela en una pupila con tanta precisión resulta imposible (creo).
Pero para eso está el artificio.

P.S.: Parece claro que carezco de estilo propio. El resultado de cada foto es un misterio para mí mismo.
Por cierto, ya sé que, de ser un ojo real, le faltarían iris y cristalino. Pero es que tampoco se puede pedir tanto a un simple aficionado.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Comme une image


Vuelvo mis pasos sobre una fotografía ya publicada parcialmente. Considero que el resultado de la nueva edición tiene suficiente encanto como para mostrarla de nuevo. Me recuerda un poco a una acuarela.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Cualquier día es bueno

Hoy es un día de lluvia, por lo que, lógicamente, esta foto no está recién sacada. Espero que sirva para alegrar el día gris a mi mejor amiga y para que sepa que la quiero. Porque no hace falta una fecha señalada para decirlo. Un besazo, Chonita.

viernes, 15 de noviembre de 2013

El club de la rosa


El 23 de octubre de 2012, publicaba en este blog una reseña sobre la novela "Rosa candida", de Auður Ava Ólafsdóttir. La conclusión a la que llegué fue que, pese a parecerme una obra fallida, podría sacar algo bueno: con ella iniciaría una especie de club de lectura con mi mejor amiga. Podría decirse que soy una persona lenta, pero de ideas fijas, porque hoy le toca el turno al segundo de una serie de libros, de número incierto, en los que se centrará lo que he decidido llamar "El club de la rosa": lecturas conjuntas que trataré de realizar con la Chona Mayor.
Esta vez, se trata de una especie de reportaje de investigación cuya excusa resulta algo peregrina: ¿Podría haber transportado un antiguo amante de Lorca sus restos mortales a Uruguay más de una década después de su muerte para enterrarlo detrás del primer monumento en su honor erigido en tierras americanas? Imposible comprobarlo, al menos sin la improbable colaboración de sus herederos (los del poeta granadino). Si todo el libro girase en torno a esta "teoría de la conspiración", el resultado habría sido una pérdida inútil de dinero y esfuerzo; pero su autor, el peruano Santiago Roncagliolo, ha sabido dotar de personalidad e interés a esta obra de encargo. Su título: "El amante uruguayo. Una historia real".
En ella, nos encontramos como personaje principal al escritor uruguayo Enrique Amorim. Considerado por muchos como un pésimo poeta y un prosista más bien mediocre, su compatriota Mario Benedetti decía de él que era un autor "de extraordinarios fragmentos", "pero también de grandes pozos estilísticos". Sólo sus narraciones sobre gauchos llegaron a alcanzar un poco del prestigio que siempre buscó. Millonario y comunista, casado (con Esther Haedo, prima de Borges) y homosexual, cosmopolita que acabó sus días en su Salto natal,... Amorim es descrito como una persona llena de incoherencias, razón por la que muchos no lo tomaban en serio. Otro epíteto que posiblemente lo describiría es el de testigo. Y es que fue una especie de "Zelig", una presencia habitual en los ambientes cultos, que, al parecer, tuvo un trato muy íntimo con Jacinto Benavente y con García Lorca cuando visitaron Argentina (para el segundo, su estancia en dicho país supuso un éxito apoteósico, su primer baño de masas y convertirse en estrella mediática); fue amigo de Borges (asistió al más importante cambio en la trayectoria literaria de éste, producida tras un viaje a la frontera que hicieron juntos, donde presenciaron un asesinato) y condenó con él el régimen peronista; ayudó a Neruda en su huida al exilio y acabó despreciándolo (tras leer que Neruda metía a vivir en su casa a su amante mientras su esposa lloraba junto a la cuna de su hija con hidrocefalia, parece difícil no condenar ciertas actitudes del poeta chileno, al que, por otra parte, siempre se le agradecerá lo que hizo por los republicanos españoles cuando fue embajador de su país en París); se relacionó con Picasso y con Louis Aragon (ambos destacados comunistas) e incluso participó en la reunión secreta que mantuvo el primero con Chaplin (en las memorias del cómico inglés lo confunde con Sartre, o eso deduce Roncagliolo); fue protegido de Horacio Quiroga (cuya existencia no pudo ser más trágica: "Su padre se pegó un tiro cuando él era apenas un bebé. Su padrastro quedó semiparalítico cuando él era un adolescente, y se suicidó en su presencia con la misma escopeta que su padre. Dos de sus hermanos murieron prematuramente. Su primera esposa se envenenó. Alfonsina Storni, con quien vivió un romance, se ahogó. Sus hijos se suicidaron");... De esta manera, a lo largo de las más de 300 páginas que forman este libro, repasamos algunas de las anécdotas más jugosas de algunos de los personajes más destacados del mundo de la cultura de la primera mitad del s. XX.
La conclusión a la que podemos llegar tras la lectura de este extenso y muy documentado reportaje (o ensayo o lo que sea), queda plasmada por su propio autor en las siguientes palabras: "En realidad, la gran obra de Amorim fue su propia vida", "Y su principal importancia sería ayudar a conservar la memoria de los personajes que frecuentó".

P. S.: Como veis, "El club de la rosa" ha elegido mejor esta vez. Por supuesto, "continuará".
Ah, creo que la foto fue tomada en "Las Nubes", residencia de Amorim en Salto, Uruguay, declarada monumento histórico nacional.
Me he prohibido hablar de la polémica provocada por "El amante uruguayo" en dicho país, porque pienso que es meterme en cuestiones ajenas a la obra y, además, Roncagliolo aclara en ella que muchas de sus afirmaciones son en realidad conjeturas.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Las dos caras de la verdad


Lo sé. Esta reseña es algo tardía. Escribo sobre "Gravity" cuando ya ha pasado el tiempo de promoción, pero es que no pertenezco al departamento ídem de la película. Lo que motiva mi retraso es que no sabía cómo enfrentarme a la redacción de esta entrada. La solución ha sido salomónica: Cortar al niño por la mitad. O sea, primero hablaremos de su protagonista y, luego, de la obra en conjunto:

A pesar de Sandrita Bullock: Desde que Marisa Tomei ganó hace 20 años el Oscar como mejor actriz de reparto por "Mi primo Vinny" (aquello parecía una tomadura de pelo por parte de Jack Palance, que fue quien lo entregó), no se había dado el caso de un Oscar a una actriz más sospechoso que el concedido a la Bullock por poner acento sureño en "The blind side", que en España se llamó "Un sueño posible" (sí, señores y señoras, la reina de la comedia romántica arrebató el Oscar a Meryl Streep y a Helen Mirren. Supongo que ellas todavía estarán procesando la información, como ocurre con los chistes sin gracia).
El caso es que a Alfonso Cuarón alguien debió decirle que esa mujer con cara de palo, pero que se conserva bastante bien para haber cumplido 49 años (lo que daría yo por tener unos muslos tan musculosos como los suyos), era la opción ideal para protagonizar su última película. No es que se trate de un error garrafal de reparto. Es sólo que, al menos yo, no pude evitar tomarme "Gravity" como una metáfora de la carrera de Sandra Bullock: ella dando tumbos en medio de la nada que ha supuesto su paso por el cine. Probablemente no fuera la intención de Cuarón que a algunos nos resultara risible ver cómo esta "actriz" se golpea una y otra vez contra estaciones espaciales. Pero es que cumple un sueño (algo cruel, quizás) que muchos albergábamos desde hace años. (Lástima que ya no haya más secuelas de "Saw". Habría sido la víctima perfecta).

La película: Hay que ser un magnífico director para conseguir hacer de una historia tan simple como la que cuenta "Gravity" (una lluvia de asteroides mata a la mayor parte de la tripulación de una estación espacial y los supervivientes tratan de volver a la Tierra) una estupenda película. No basta con los medios que se presuponen a una empresa de esta envergadura para conformar el espectáculo que se desarrolla ante nuestros ojos (por fin un 3D más que justificado). Quien maneja la batuta ha de dominar el tempo; ha de saber ir de lo inmenso del espacio a lo minúsculo de una lágrima que flota en el vacío; o sea, ha de poder digirir a un gran equipo, pero a la vez ha de conseguir que los personajes transmitan emociones. Cosa en la  que Cuarón siempre ha sido un maestro.
No quiero obviar la función de la banda sonora de Steven Price (carente de percusión por decisión de Alfonso), a veces demasiado evidente, pero que en conjunto engrandece el resultado final.
Parece innecesario decir que "Gravity" es una de las mejores películas del año, aunque haya más en ella de artificio que de contenido. Pocas veces como ésta, el puro espectáculo está tan justificado.

P.S.: Vale, lo sé. Tengo fijación por los parecidos razonables (y este blog está degenerando un poco por ello). Lo peor es que también me ocurre con las personas que me rodean y he de callarme para no ofender. Pido disculpas a mi legión de lectores por no saber contenerme. Ah, sí, el fotomontaje es cutre porque lo hice yo mismo.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Bocachocho: una reflexión


Muchos tendréis el placer de no haber oído hablar en vuestra vida de Chabeli Navarro. No le dedicaré mucho tiempo en este blog (ni en el resto de mis actividades diarias). Hoy la vi por primera vez (no diré "cambiando de canal", porque, ¿quién me creería?). La cuestión es que no pude evitar encontrarle un notable parecido con la grandísima Isabelle Adjani. Y me dije: "¡Qué lástima que, en su camino a la fama, esta chica haya decidido que en las únicas cosas que quiere parecerse a una de las leyendas del cine galo sea en, a causa de alguna operación o tratamiento estético chungo, dejarse esa bocachocho y la cara hinchada cual muñeco Michelin! Bueno, también comparten nombre, pero ella ha optado por degradarlo y usar un horrendo diminutivo. En cuanto a carecer de estilo, supongo que no será intencionado. Lo que sí tengo claro es que, a sus 58 años, me quedo con Isabelle de aquí a Lima". 
He investigado. Os la presento: Se trata de una ex de Paquirrín que ha pasado por Hombres, mujeres y viceversa y por Perdidos en la tribu. Ése es su currículum. El de Adjani incluye 2 nominaciones a los Oscar,  8 a los César (ha ganado en 5 ocasiones), 2 David di Donatello, ser premiada como mejor actriz en los festivales de cine de Cannes y Berlin y multitud de otros premios. Lamentablemente, la mayoría de los adolescentes españoles han de conocer sólo a la primera, pero en este blog, podemos decir con orgullo: Te adoramos, Isabelle.

viernes, 1 de noviembre de 2013

La consecuencia insoportable de un gran amor


A medida que avanza "En busca del tiempo perdido", podemos llegar a una conclusión no del todo obvia: Proust carecía por completo de sentido del pudor. Faltaban segundos, y a mí la respiración, cual corredor de fondo, para que llegara el mes de octubre a su fin, cuando el protagonista de "La prisionera" decía ante mis ojos las últimas palabras del quinto o sexto tomo (depende de la edición que manejemos), esas en las que trata de mostrar que aún conserva algo de amor propio: "Déjeme un momento, luego la llamaré". Difícil tarea, pues durante toda la novela ha expuesto sus miserias sentimentales.
Pero hagamos un poco de balance de los hechos, antes de conocer la razón de esas palabras: Al final de "Sodoma y Gomorra", el narrador (su autor deja claro en este volumen que no se trata de él mismo) está decidido a casarse con Albertina, no porque la ame, sino movido por los celos, por una ansia de posesión (pues sólo cree amarla cuando parece que puede perderla). Así que vuelven juntos a París, a casa del protagonista. Su madre está de viaje en Combray, de visita a un familiar enfermo, por lo que quedan prácticamente solos para hacerse daño mutuo. Durante el tiempo que comparten, siguen las mentiras de ella y algo casi peor, el descubrimiento por parte de él, a través de terceros o de algunas frases sueltas e incoherentes con lo que ha dicho anteriormente por parte de ella. Digo que lo peor, porque ahí comienza una necesidad morbosa por reconstruir el pasado, por rehacer la memoria buscando la verdad. Surgen preguntas nuevas y respuestas que parecen sinceras o que quizás lo son en parte: medias verdades que tratan de cubrir otras mentiras. Es éste un auténtico ensayo sobre el engaño. El narrador rompe con su amada, vuelve, rompe nuevamente. La descripción es tan detallada que resulta imposible que Proust no esté narrando su propia vida sentimental. ¿Cómo conocer, si no, hasta el último resorte que mueve el comportamiento del celososo patológico? De ahí que considere que Proust carecía de pudor.
Nuestro protagonista llega a la misma conclusión a la que puede llegar el lector: Es tan prisionera Albertina, espiada constantemente en sus actos diarios, como él, cautivo de los celos. A veces, podemos tener la impresión de que ella va a cambiar, de que procurará hacerlo feliz siéndole fiel y sincera. Pero se trata de un espejismo. Lo cual no evita que él busque cualquier asidero para poder creer en ella tras cada mentira.
Al final, quizás por el cansancio provocado por la repetición de estas escenas incómodas; porque comprende que no va a cambiar nunca, pues conoce su propia naturaleza; porque siente el peso de esa vivienda-celda, a pesar de los caprichos que su "carcelero" le consiente, Albertina huye un día al amanecer (quedando sus razones envueltas en el mistero, como ocurre habitualmente en estos casos). Es al despertar el personaje principal, cuando su fiel criada, Francisca, le anuncia la partida de su huésped y él, para no dejar entrever su estado de ánimo derrotado, le responde con toda naturalidad para que ésta se retire sin sospechar lo que hay tras sus palabras.
Y es que, como ya nos avisaba al comienzo el narrador: "Al dejar Balbec, había creído dejar Gomorra, arrancar Gomorra a Albertina; pero, ¡ay de mí!, Gomorra estaba dispersa en los cuatro extremos del mundo".

P. S.: Como sé que hay quienes, a pesar de todo, siguen pensando que Marcel Proust no resulta moderno y no es divertido (por momentos), citaré parte de un diálogo de "La prisionera" con la esperanza de que cambie esa impresión que quizás aleja de él a muchos lectores:
"En mi tiempo, los homosexuales eran unos buenos padres de familia y no solían tener amante más que como tapadera. Si yo hubiera tenido una hija que casar, habría buscado un yerno entre ellos para estar seguro de que no sería desgraciada". 

domingo, 27 de octubre de 2013

¿En qué momento había progresado el Perú?

Hace tiempo que debería haber publicado esta reseña, pero no me decidía. Necesitaba que se fuera asentando la impresión que tengo sobre esta novela, "El héroe discreto" (magnífico título, que remite a la obra de Baltasar Gracián), de Mario Vargas Llosa, porque no quería ser injusto. Y es que me parece que se trata de una novela con muchos méritos, con muy buenas intenciones, quizás necesaria, pero fallida.
La historia, en realidad, son dos, dos historias paralelas, pero muy parecidas: Felícito Yanaqué, empresario transportista que vive en Piura (Perú, por supuesto), sufre un intento de extorsión: O paga 500 dólares al mes por la protección de un grupo de mafiosos o se arrepentirá, dice un anónimo de los muchos que le irán llegando (todos ellos con la arañita de cinco patas que vemos en la foto). Su educación recta, aunque humilde, no le permite someterse a dicho chantaje, a pesar de que le queman parte de las instalaciones de su negocio y secuestran a su querida. Por otro lado, en Lima, Ismael Carrera, dueño de una importante aseguradora, decide casarse con una de sus empleadas domésticas con la intención de que sea su heredera principal, con tal de que sus hijos se queden con dos palmos de narices cuando él fallezca. Y es que, mientras estaba supuestamente inconsciente y desahuciado, hace un tiempo, les oyó desearle la muerte para ellos quedarse con su fortuna. (Todo se lía bastante tras esa introducción, pero prefiero no desvelar detalles que os estropeen la lectura del libro).
Ambos relatos (el segundo con menor peso) son interrumpidos (felizmente) por la irrupción de personajes conocidos en la obra de Vargas Llosa (los muy queridos Lituma, Rigoberto, Lucrecia y Fonchito -tan cándido y puñetero como siempre-), hasta el punto de que parecen convertirse en protagonistas. No es que sus historias sean tampoco gran cosa (incluso una de ellas queda en el aire), pero resultan agradables. En realidad, toda la novela lo es (contribuye a ello el constante uso de peruanismos, el sentido del humor en algunos pasajes y la sutil construcción de los personajes, algo arquetípicos quizás), sólo que no está a la altura de un autor tan virtuoso. Se queda en poca cosa. Pero tengo la impresión de que más bien lo que mueve a don Mario es transmitir la importancia de determinados valores que parecen haber quedado atrás con el progreso en general, ejemplificado con el de su Perú natal en particular. Incluso cabría interpretar que trata de justificarse cuando dice que la vida se parece más a una telenovela que a Tolstoi o a Cervantes. O sea, que para acercarse a la realidad hay que alejarse de la gran literatura, podríamos entender. Vamos, que sólo me atrevo a recomendar "El héroe discreto" a lectores completistas, a aquellos que quieran conocer toda la obra de Vargas Llosa. Caso en el que me encuentro.

P. S.: Se me olvidaba: Su autor no sólo nos habla, en esta novela, de la importancia de determinados principios, de la lucha por su defensa y de que los buenos pueden vencer alguna vez, aunque sólo sea en la ficción; también nos trasmite su concepción de la religión. Y es que, aunque él siempre se ha declarado agnóstico, considera que es útil a la hora de distinguir entre el bien y el mal (no es algo que yo comparta -soy más bien sartriano a este respecto-, pues creo que basar tu sistema de valores en una mentira no es la mejor manera de aprender y que vicia el conocimiento desde la raíz, pero lo destaco porque es parte notable del contenido del libro y lo enriquece). Sin embargo, coincido con la visión de uno de sus personajes, la de Rigoberto: "Para ser creyente no conviene pensar mucho" o "Un ateo es también un creyente. Cree que Dios no existe" son frases que expresan pensamientos que no me son ajenos.
Ah, por si tengo algún lector poco dado a conocer frases famosas de grandes libros, el título de esta reseña es un guiño a "¿En qué momento se había jodido el Perú?" de "Conversación en la Catedral".

jueves, 17 de octubre de 2013

Bette Davis eyes







Ésta es una de esas entradas casi inexplicables mías que suelo justificar haciendo alusión a mi gusto por la fotografía, cierto. Pero también responde a mi intención de haceros una confidencia: Si queréis saber quién es la responsable de mi debilidad por las gatas, aquí la tenéis. Nadie puede resistirse a esa mirada tan penetrante y a esa cara tan tierna.

lunes, 14 de octubre de 2013

La sonrisa de Marg Sisson

El suyo, el de Alice Munro, parecía un Nobel cantado y justo me pilló leyendo su única novela, "La vida de las mujeres". Es cierto que conocer su biografía ayuda a comprender su obra, pero como no suelo escribir entradas muy largas y ya se han encargado los medios de comunicación de dárnosla a conocer, mejor entrar en materia directamente.
La primera impresión que vamos teniendo a medida que avanzamos en la lectura de este libro es la de que a su autora le costaba escribir una novela y decidió hacerlo a base de relatos que comparten personajes (qué tramposilla, la Munro). Cada capítulo tiene un título alusivo al tema del que habla y no es continuación del anterior, aunque haga referencia a alguna de sus tramas. Cada capítulo nos enseña algo sobre nosotros mismos.
La protagonista, Del Jordan, al principio vive en el pueblo de Flats Road con sus padres y su hermano Owen, hasta que se traslada a la ciudad de Jubilee, pero sólo con su madre. Ambas parecen incapaces de adaptarse a ninguno de esos dos ambientes. Son demasiado independientes y cultas para las gentes de campo y demasiado inocentes para las de ciudad.
La acción transcurre, aproximadamente, entre 1938 y 1950: Llegan los ecos de la Segunda Guerra Mundial y de sus consecuencias, probablemente como una forma de darnos a entender que ése, el bélico, es el mundo de los hombres, mientras las mujeres y los niños se quedan en casa. Aunque también se entiende que a los canadienses les quedara un poco lejos  el campo de batalla.
A lo largo de esos 12 años, Del va creciendo, descubriendo el mundo y conociéndose a sí misma. Nos describe a los pintorescos vecinos de Jubilee, que en realidad no son tan pintorescos, sólo que la mirada de la Munro los vuelve especiales. También nos describe su despertar sexual y su primer amor. Cómo el amor la apartó de su camino. La inutilidad, la irracionalidad y el fanatismo de la religión (la madre de la protagonista expresa con las siguientes palabras algo que siempre he mantenido: "¡Dios fue creado por el hombre! ¡No al revés! El hombre en una fase de su desarrollo más infame y sanguinaria que la actual, o eso esperamos. El hombre creó a Dios a su imagen y semejanza".) Su gusto por la literatura, pues ella misma es una escritora en ciernes, que busca la inspiración en las historias que escucha sobre sus vecinos. La rebeldía frente a su progenitora, a la que se parece más de lo que está dispuesta a admitir.
"La vida de las mujeres" es una novela de iniciación nada complaciente. Se describe el abuso a una menor como algo en lo que participa voluntariamente la propia menor; los disminuidos psíquicos son mostrados como seres crueles; la gente se suicida casi sin razón aparente y se vuelve loca sin que haya la más mínima explicación; los hombres son poseedores de multitud de defectos y sinónimo de peligro.
Creo que la filosofía vital de Del Jordan se resume en las siguientes palabras: "Se suponía que los hombres podían salir y vivir toda clase de experiencias, desechar lo que no querían y volver orgullosos. Sin pensarlo siquiera, yo había decidido hacer lo mismo".
Alice Munro escribe sobre mujeres, pero sobre mujeres reales, con aristas, buscando que éstas resulten, al menos por momentos, antipáticas, mezquinas, vanidosas, machistas, carentes de ambición, torpes, chismosas, contradictorias en sus actos. Y en otros momentos sus mujeres son independientes y a la vez pueden dejarse someter por el amor; son inteligentes y cometen errores que las marcan para siempre; son resueltas, sexuales, obsesivas, apasionadas,.. Así es la vida de las mujeres.

P. S.: Para entender el título de esta entrada es necesario leer otra reciente: "Vidas en tránsito I: Ontario-Canarias".

sábado, 12 de octubre de 2013

El mundo (literario) es un pañuelo

No me considero una persona supersticiosa, pero a veces me encuentro con alguna coincidencia curiosa. Como últimamente se ha sumado una buena cantidad de ellas y todas tienen los libros como punto en común, he pensado que éste es el mejor lugar para reunirlas:
- Comenté a un amigo que estaba leyendo "1913. Un año hace cien años". Él me lo había regalado y pensé que le agradaría saber que me estaba gustando. Me contestó que él estaba leyendo "14", por 1914, de Jean Echenoz.
- Poco tiempo después, informé a ese mismo amigo de que estaba leyendo las memorias del escritor Martin Amis. Él estaba leyendo la biografía del escritor David Foster Wallace, que puso fin a su vida ahorcándose. Las memorias de Amis están llenas de suicidios. Uno de ellos, el de la madre de su primera hija.
- El 31 de agosto fue el cumpleaños de una amiga. El amigo antedicho le regaló "Albert de Adelaida", una novela protagonizada por un ornitorrinco. Yo le regalé "Firmin", una novela sobre una rata que no sólo come libros, también los lee. Ambos, pues, regalamos obras protagonizadas por animales.
- Más tarde, leí "Sodoma y Gomorra", de Marcel Proust. Lectura a la que siguieron, de manera conjunta, las de "El héroe discreto" y "La vida de las mujeres". Pues bien, en el primero de los dos escribe Vargas Llosa: "¿Me podrías decir qué  es eso de Sodoma y Gomorra, papá?". Y en el segundo escribe Alice Munro, en boca de la madre de la protagonista, casi en respuesta de la pregunta anterior: "A lo que se dedicaban en Sodoma y Gomorra era a prácticas antinaturales" (otro personaje añade: "Lo de natural o no natural depende, ¿no?").
- Y por último, ¿casualidad o clarividencia que estuviera leyendo conjuntamente la última novela del Nobel Vargas Llosa y la única novela de Alice Munro y justo en medio de esas lecturas le concedan el Nobel de Literatura a ella? 

Probablemente debería construir un refugio, cual Michael Shannon en "Take shelter". Todo apunta a que se acerca el Apocalipsis.

P. S. : Información para lectores curiosos: Sí, la foto la hice yo. Sí, está manipulada. Como escribí en la primera entrada de este blog, las fotos en las que no salen personas suelen ser mías. El resultado, en mi opinión, es un blog más personal, que es lo que busco.